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Lunes , 22.10.2018 / 04:12 Hoy

Lo único inamovible en la ‘City’ es la reina

Desde la coronación de Isabel II, en 1953, se han digitalizado las operaciones, entró el capital extranjero y perdió respetabilidad el modelo de los caballeros del distrito financiero.

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La continuidad que tenemos por el reinado récord de Isabel II está en un marcado contraste con la reinvención de la City de Londres desde su coronación en 1953. En ese tiempo se digitalizaron las operaciones, entró el capital extranjero y el estereotipo de los caballeros de la City perdió su respetabilidad, incluso cuando sus ganancias aumentaron.

Cuando el comediante Michael Palin representó La aburrida vida de un corredor de bolsa de la City (The Dull Life of a City Stockbroker) en un sketch para televisión en 1972, su caricatura de un hombre nervioso con bombín la habrían reconocido los británicos en los años de la entreguerra, sin mencionar a los de la década de los 50.

“Era un lugar autoritario”, dice el historiador David Kynaston sobre la Square Mile. “El gobernador del Banco de Inglaterra lo manejaba como si fuera el director de una escuela pública”.

El presidente de Lloyds señala que dirigir un banco de compensación era como conducir un coche capaz de llegar a 80 millas por hora (128 kilómetros por hora) bajo control con un límite de velocidad de 20 millas por hora (32 kph).

Sir Geoffrey Owen, un miembro de la London School of Economics, inició su carrera en 1958 en el departamento de artículos del Financial Times, del que después fue el editor. En ese entonces, la City era “un lugar caballeroso”, recuerda, dominado por “bancos mercantiles bien establecidos, como Rothschild, Barings y Kleinwort Benson”, cuyas relaciones con las grandes empresas británicas eran inquebrantables.

Pero para la década de los 60, las fisuras comenzaron a aparecer (incluso si el programa de comedia para la televisión de Monty Python todavía podía arrancar una carcajada una década después de la idea de un corredor de bolsa terriblemente aburrido bajo el ataque de un miembro de una tribu que le arroja lanzas, un Frankenstein desenfrenado y el fuego de artillería, en lugar del mando de un regulador con su libro de la actualidad).

La introducción en Estados Unidos de un impuesto de retención sobre las compras de valores extranjeros en 1963 engendró los “Euromercados” de bonos y préstamos en Londres. Los banqueros de inversión en el centro de esta revolución eran una nueva raza diversa, incluidos manipuladores suizos, operadores cockney y duros ex operadores de Wall Street.

Al mismo tiempo, la relación entre la antigua City y la industria británica estaba bajo presión en una era dominada por los gobiernos laboristas, recuerda Sir Geoffrey. En 1973 la “crisis del petróleo” —un embargo a Occidente por parte de los productores del golfo— provocó un desplome del mercado. Una crisis bancaria sacudió la fe pública todavía más. Para 1975, la reina madre oraba en Sandringham por la estabilidad, una de las pocas ocasiones en que la familia real tenía un mayor interés en el mercado de valores que en las carreras de caballos.

Desde 1953 hubo aproximadamente cinco ciclos de mercados de capitales y cuatro crisis bancarias. Los expertos pueden objetar los números exactos. Sin embargo, pueden estar de acuerdo sobre un cambio estructural desproporcionadamente importante: la liberalización del mercado de valores de Margaret Thatcher, que culminó en el Big Bang en 1986.

Se abolió la separación del corretaje y del jobbing (agiotaje), una forma de crear mercado. Las comisiones fijas se enviaron al basurero. Las operaciones de acciones se trasladaron del piso físico de operaciones al parpadeo de las pantallas de las computadoras. Las asociaciones de los corretajes estirados y los bancos mercantiles, donde las promociones dependían del ADN de un candidato en lugar de sus pérdidas y ganancias, las compraron los bancos extranjeros, la mayoría de ellos de Estados Unidos.

Las reformas reflejaron el entusiasmo del primer ministro conservador por el “capitalismo al estilo estadunidense”, de acuerdo con Sir Geoffrey, quien dice: “A partir de finales de los 80 el concepto de maximizar el valor del accionista... significó que las motivaciones de la gente cambiaron”.

Los calcetines blancos, las hombreras y los almuerzos de dos botellas cayeron de gracia. Pero el capitalismo laissez faire (sin intervención), con el impulso de la globalización, se mantuvo en racha en la City hasta que lo frenó de golpe la crisis bancaria de 2008.

Una regulación ligera (para extender la metáfora del automovilismo) hizo posible que los jefes de los bancos pudieran acelerar a 120 millas por hora (192 kph) al mando de instituciones peligrosas a cualquier velocidad superior a 60 millas por hora (96 kph). Los rescates posteriores, de Lloyds y Royal Bank of Scotland, llevaron a una ofensiva regulatoria que apenas se empieza a relajar en la actualidad. La acusación de que la City no apoya a la industria tiene una nueva aceptación, de acuerdo con Sir Geoffrey, y se personifica en las políticas del candidato del liderazgo de la izquierda de los laboristas, Jeremy Corbyn. A cierto nivel, mientras más cambian las cosas, más se quedan igual. Los embaucadores de la City se reducen a impresionar con su despreocupada apariencia desde el siglo 17. Los ciclos del mercado siempre están con nosotros. Pero hay tres cambios seculares de los que no se puede escapar durante el reinado de una monarca que restringió su participación en el distrito financiero de Londres a la apertura de uno o dos edificios de oficinas y se pregunta, con una vergonzosa simplicidad, por qué los economistas no lograron prever la crisis crediticia. La mayor parte del capital que se maneja en la Square Mile en la actualidad es extranjero. El mercado de valores, la bolsa de valores insignia de antaño, se reduce en términos relativos mientras las acciones se reemplazan con deuda. Y las decisiones de las operaciones, así como las mismas operaciones, cada vez más las realizan máquinas.

Si la vida del corredor de bolsa de la City ya no es aburrida, tal vez se debe un poco a que se enfrenta a la extinción.

EL DATO

63 años, siete meses y tres días que ha mantenido el trono Isabel II; récord de mayor tiempo con la corona.
5 miembros de la casa Windsor que han reinado en Gran Bretaña; el primero fue Eduardo VII.


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