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Lunes , 23.07.2018 / 03:20 Hoy

Litio: el tesoro enterrado de Chile

Las vastas salinas del desierto de Atacama son uno de los mejores sitios en el mundo para extraer el metal. Entonces, ¿por qué Chile no ha sido el ganador del boom de este mercado?

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Henry Sanderson

Una franja de 960 kilómetros entre el Océano Pacífico y los Andes, el Atacama, al norte de Chile, es el desierto no polar más seco del mundo y uno de los mejores lugares para extraer litio, un metal suave y volátil.

La solución salada rica en litio se bombea de las profundidades del desierto hacia los estanques de evaporación. Ya concentrada se lleva a las plantas procesadoras donde se refina en un polvo y se envía al mundo, sobre todo a China, donde se utiliza para crear baterías recargables que alimentan smartphones, cámaras digitales y laptops. Y también se utiliza cada vez más para vehículos eléctricos.

Algunos analistas describen al litio como el “petróleo blanco”, un recurso que puede ayudar al mundo a alejarse de su dependencia de los combustibles fósiles y entrar a una nueva era de energía alimentada por baterías.

Las baterías basadas en litio son más ligeras, se cargan más rápido y pueden almacenar más energía que las tradicionales, lo que las convierte en un fuente contendiente para “sustituir a la gasolina como la primera fuente de combustible para el transporte”, de acuerdo con un informe de Goldman Sachs en el que predicen que el tamaño del mercado mundial de litio se puede triplicar para 2025.

El mercado aún es pequeño, con un valor de unos 1,000 millones de dólares (mdd) al año. Esto, en parte, porque se gasta mucho tiempo en la extracción y refinación de la materia prima.

Otro reto podría ser que otras tecnologías de batería, que pueden desplazar al litio en una década o dos, están en desarrollo. Pero incluso los escépticos admiten que el material será cada vez más importante, pues los vehículos eléctricos se mueven hacia el mercado masivo.

En China el gobierno fijó tener cinco millones de vehículos de batería eléctrica e híbrida en las carreteras para 2020, esto puede transformar la curva de demanda.

Bajo el salar, Chile tiene suficiente litio para abastecer al mundo durante décadas, pero la extracción está fijada en cuotas por el gobierno y la producción apenas aumenta aunque la demanda crece. La lentitud del país para explotar su tesoro natural es el resultado de la corrupción, la rivalidad y un debate pendiente en torno a los recursos naturales que se remonta al mandato del dictador Augusto Pinochet.

La batería de litio

Si bien la historia del litio comienza en 1817, no es hasta 1991 que Sony introduce la primera batería recargable de iones de litio. Más pequeña que una batería convencional y con una mayor capacidad, la batería de iones de litio revolucionó el mercado de electrónicos de consumo.

En 2007, la propiedad a nivel mundial de teléfonos móviles superó la marca de 1,000 millones; las baterías de litio cimentaron su posición como el centro de nuestras vidas digitales.

Un informe del US Geological Survey señaló a principios de este año: “la seguridad del suministro de litio se convirtió en una prioridad para las empresas de tecnología en EU y Asia”.

Pero la cantidad que se necesita para alimentar una cámara portátil o un teléfono aún es pequeña: alrededor de cinco a siete gramos de equivalente de carbonato de litio (LCE, por sus siglas en inglés) por teléfono.

Un mercado masivo en vehículos eléctricos podría elevar la demanda en todo el mundo: Goldman Sachs estima que el sedán Model S, que produce el fabricante de automóviles eléctricos de EU, Tesla, utiliza 63 kilogramos de LCE en su batería, el contenido equivalente a cerca de 10,000 teléfonos móviles.

Aunque no existe un precio estandarizado para el litio, el grupo de investigación con sede en Londres, Benchmark Mineral Intelligence, estima que los precios para la variedad de litio más utilizada, el carbonato de litio, aumentaron más de 100% desde 2005, y seguirán aumentando hasta 2018, cuando se espera que un nuevo suministro estabilice el mercado.

De hecho, cuando Elon Musk, de Tesla, dio a conocer el Model 3, dijo que para cumplir con su objetivo de producir 500,000 coches eléctricos al año para 2018, “básicamente tenemos que absorber toda la producción de iones de litio del mundo”.

Para Chile, esto es una buena noticia: tiene la mitad de las reservas y es el productor de menor costo del mundo. Sin embargo, pierde terreno.

Chile casi lo tiene todo

La mayoría del litio del mundo viene de cuatro países: Chile, Australia, Argentina y China, y cuatro empresas: Sociedad Química y Minera de Chile (SQM); dos productores de EU, Albemarle y FMC Lithium, y el productor chino Tianqi Lithium Industries.

SQM, o Soquimich, como se conoce en Chile, se fundó en 1968 a partir de una empresa conjunta entre un grupo minero de nitrato y la agencia del gobierno chileno, Corfo. Con Pinochet una gran cantidad de empresas estatales se privatizaron y su entonces yerno, Julio Ponce Lerou, era presidente de la agencia de supervisión de privatizaciones. Ponce lideró un grupo de inversores para comprar las recién emitidas acciones en la compañía.

En la actualidad, a pesar de una serie de controversias, Ponce es dueño de gran parte del negocio y se encuentra en la lista de Forbes de los más ricos con una fortuna de 1,400 mdd. A finales de 2014, el regulador de valores de Chile lo multó con 70 mdd por operaciones ilegales de acciones. Apeló los cargos, pero renunció a la presidencia de la compañía en abril de 2015.

Esto tensó más la relación entre SQM y el gobierno. SMQ argumenta que se le frena para producir más litio por la anticuada regulación del gobierno de 1979 en la que el litio se clasificó como “mineral estratégico” en China, por haberse utilizado en la fusión nuclear. Además, el gobierno mantiene los derechos del litio en el salar, que arrienda, al contrario del cobre, donde las empresas logran concesiones que dan derechos sobre los minerales.

Patricio de Solminihac, el nuevo director ejecutivo de SQM, dice que sin los límites del gobierno, la compañía podría duplicar su producción de litio. “Chile tiene que decidir qué es mejor. No hay motivo para que se defina al litio como un material estratégico”.

En 2014, la presidenta Michelle Bachelet firmó un decreto para crear una Comisión Nacional del Litio, lo que aumentó las esperanzas de que el país abriera su negocio. Pero la comisión mantuvo la condición del litio como mineral estratégico.

Eduardo Bitran, jefe de la agencia de desarrollo económico del gobierno, Corfo, está a cargo de los acuerdos de arrendamiento del salar. Lamenta la pérdida de participación de mercado del país que, dice, cayó más de la mitad a 33% y probablemente caiga a 24% en 2020. “El liderazgo que solíamos tener, lo perdimos muy rápido”, dice.

Pero no ve cómo llegar a un acuerdo si Ponce no deja de ser propietario de la compañía. “Nosotros, como propietarios del salar, queremos hacer una alianza para la explotación (del Atacama) con empresas que se comporten de acuerdo con las reglas”.

Cofro firmó un memorando de entendimiento con el productor estadounidense Albemarle, el mayor en el mundo, para aumentar sus derechos de extracción de litio en un área vecina, más pequeña del salar. El memorando también propone la opción de una cuota separada para producir la forma de litio que utiliza Tesla, el hidróxido de litio, directamente desde la salmuera del desierto.

SQM respondió al golpe y pagó 25 mdd por una participación en un proyecto de litio en Argentina. El país surge como un extraordinario competidor para Chile desde que Mauricio Macri es presidente. El mensaje es claro: si el gobierno no aumenta su cuota, SQM producirá más litio con el rival de Chile.

El tesoro sensible

El Atacama y los valiosos recursos debajo de él son políticamente sensibles. El papel histórico de Ponce y los escándalos recientes en torno a SQM ensombrecieron las negociaciones sobre el salar, incluso cuando el mercado de productos de litio está en auge, ya que el productor de menor costo de carbonato de litio, Chile, puede desempeñar un papel similar al de Arabia Saudita en el mercado de petróleo, una comparación con la que está de acuerdo Bitran de Corfo.

A medida que el mundo se mueve hacia un futuro eléctrico, las materias primas probablemente desempeñen un papel tan importante como el que tuvo el petróleo en el siglo XX.

El tesoro enterrado del Atacama destaca algunas de las impredecibles políticas que siguen dando forma al mercado general del litio, así como la posibilidad de un nuevo orden emergente cuando se acelera la carrera para sustituir al petróleo. Si Chile no puede encontrar la forma de sacar provecho del cambio hacia una nueva serie de recursos, otros lo harán.



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