La libra esterlina todavía no toca fondo

El resultado será menos dramático que durante la devaluación del siglo pasado.
Según economistas, la libra esterlina se seguirá depreciando tras el Brexit.
(Archivo) (Reuters)

Cuando Gran Bretaña abandonó el patrón de oro en septiembre de 1931, la libra esterlina cayó 30 por ciento antes de tocar el piso en diciembre del mismo año. Ese fue el momento en que los inversores extranjeros concluyeron que la libra era barata. A tal grado que su apuesta se cumplió porque la entrada de capital resultante contribuyó a una rápida expansión en la masa monetaria ampliada. Y de 1932 a 1938, Gran Bretaña tuvo uno de sus periodos de mayor crecimiento en el siglo 20. ¿qué tan relevante puede ser esto en relación con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea?

A principios de esta semana, la depreciación de la libra frente al dólar en comparación con su nivel antes del referendo fue de 13.5 por ciento. Así que si el paralelismo fuera exacto, la libra todavía tiene una enorme distancia por caer. Sin embargo, las diferencias entre los dos episodios sugieren un resultado mucho menos dramático.

Para empezar, el entorno externo es mucho menos sombrío que en la caída de 1930, EU todavía lidera la recuperación mundial a raíz de la crisis financiera. Después de las impresionantemente robustas cifras de empleo no agrícola de la semana pasada, la preocupación generalizada sobre una desaceleración en EU al parecer fue un poco prematura. El crecimiento en la zona euro también es menos débil de lo que esperaban muchos analistas al empezar el año, mientras que China mantiene su crecimiento a un nivel relativamente rápido, aunque no a la misma velocidad que en el pasado.

Mientras tanto, la devaluación de Gran Bretaña ofrece, de manera fortuita, una oportunidad para aumentar la participación en la demanda mundial sin incurrir en el oprobio internacional. Dada la sobrevaloración de la libra, con un déficit de cuenta corriente de más de 5 por ciento del producto interno bruto, esto es una ayuda y hace que la tarea de volver a equilibrar la economía para cambiar del consumo a la fabricación sea un reto menos fuerte que hasta ahora.

El grado de la caída de la libra a la fecha compensa de más la carga de los aranceles que la mayoría de los exportadores británicos enfrentarían en la Unión Europea si se forja un acuerdo comercial con Bruselas sobre una base de menor importancia de la Organización Mundial de Comercio. También hay que tomar en cuenta que un sistema bancario más pequeño plantearía una amenaza menos tóxica para la economía y para los contribuyentes.