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Las piedras en los zapatos del nuevo TLCAN

Del lado de Trump resalta el pago del muro fronterizo y la balanza comercial negativa; en México están las exigencias por mejorar los salarios sin perder inversiones extranjeras.

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Donald Trump se mantiene en su compromiso de campaña para construir un muro fronterizo y evitar que entren más inmigrantes, drogas y el crimen, e insiste en que hará que México pague el costo del muro. Pero se encuentra “ligeramente en un aprieto político”, por su incapacidad para hacer que México pague, de acuerdo con los detalles que hace poco se filtraron de una llamada telefónica que tuvo lugar en enero, con el presidente mexicano Enrique Peña Nieto.

La transcripción de la conversación que publicó el Washington Post ofrece un vistazo fascinante de la maliciosa mezcla de dogma y pragmatismo del autodenominado negociador mientras busca presionar a Peña Nieto para que no diga de manera pública que México no va a pagar. Si bien, el impopular líder mexicano, se mantiene cortésmente en su postura, recibió críticas en su país por parecer más un perrito que un rottweiler.

México trazó claramente los límites: una actualización del pacto de 1994 con Estados Unidos (EU) y Canadá debe mantener el acceso libre de aranceles e impulsar, no restringir, el comercio.

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El TLCAN forjó vínculos estrechos entre los dos vecinos que construyen y compran los bienes de cada uno; comen los alimentos de cada uno, y dependen de las habilidades del otro. Pero no solo serán los coches, las cadenas de suministro de manufactura y las exportaciones de maíz las que estarán en la línea, cuando los negociadores estén frente a frente el próximo 16 de agosto en Washington. A México le preocupa la “extrema fijación de Trump con los déficits comerciales”, como dijo Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, a los senadores la semana antepasada.

Cada vez más, la diferencia entre los salarios estadounidenses y mexicanos deja una importante marca. Los dos están relacionados: Trump está en contra del déficit comercial de EU por 64,000 millones de dólares.

No considera que los bajos salarios en México sean una ventaja para los fabricantes estadounidenses, quienes se mantienen competitivos al subcontratar los procesos de producción que requieren mucha mano de obra, solamente los ve como una amenaza para los empleos estadounidenses sin tomar en cuenta todo el panorama.

Cuando se firmó el TLCAN, México era el pariente pobre. Se esperaba que el pacto ayudara a cerrar la diferencia salarial, pero fracasó. México tiene los salarios más bajos entre los países miembros de la OCDE, con sueldos que equivalen casi a un tercio del salario promedio en Canadá, y casi un cuarto de los salarios en EU. Asegurar una mejora les vendría muy bien a muchos mexicanos que están hartos de Peña Nieto y de su gobierno plagado de corrupción, y que ahora sienten una mayor presión por el aumento de la inflación.

[OBJECT]A Alfonso Navarrete, secretario del Trabajo, se le podía ver un gesto de frustración en un evento de la semana antepasada donde cuestionó que si los socios comerciales de México podrían explicar la manera para lograr que los salarios en pesos tuvieran el mismo poder de compra de los dólares estadounidenses; en caso de una respuesta afirmativa dijo, “lo haremos”.

Las discusiones sobre el salario, en el marco de las renegociaciones del TLCAN, llegan cuando en México se produce un debate sobre cómo atraer inversionistas y al mismo tiempo aumentar los salarios.

La Coparmex, un organismo mexicano de cabildeo cuyos 36,000 miembros representan casi un tercio del Producto Interno Bruto del país, quiere que el gobierno reduzca los impuestos corporativos y aumente gradualmente el salario mínimo a 4.5 dólares por día; es el peor en América Latina, con excepción del país socialista de Venezuela, ahora en crisis, y de Cuba, con un régimen comunista. Estas discusiones nacionales podrían durar, incluso, más que las propias negociaciones del TLCAN. México tiene la intención de concluir las pláticas a principios del próximo año.

Como dato curioso, cabe decir que los tres socios del TLCAN quieren organizar, en conjunto, la Copa Mundial de Futbol 2026. Sin embargo, encontrar una situación de ganar-ganar para reducir las diferencias en el TLCAN sobre los muros, los salarios, el comercio y los aranceles será un poco más difícil de negociar para los tres países.


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