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Viernes , 19.10.2018 / 09:38 Hoy

La gente del agua de Bolivia sufre de sequía

Los Uru-Murato, una de las culturas más antiguas de los Andes, dependían del lago Poopó, hoy seco, en parte, por los procesos de extracción de materias primas que mueven la economía. 

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Vicente Valero utiliza un jorongo que cuenta la historia de su grupo étnico, los UruMurato, en rayas multicolores. Se piensa que es una de las culturas más antiguas de los Andes, sobrevivieron como pescadores en las orillas del lago Poopó, uno de los cuerpos de agua más grandes de Bolivia.

Pero el lago se secó, lo que amenaza el sustento para la comunidad y trae la destrucción ambiental para varias especies, incluyendo los flamencos rosados. “La raya azul significa el agua con la que sobrevivimos. El agua ahora se fue”, dice el jefe de la tribu. Señala la raya negra de su jorongo: “Esa era la oscuridad que cubría todo antes de la luz y el agua. Ahora me temo que regresamos a ella”.

Hace una década, la ONU advirtió que “los pueblos indígenas serán quienes primero enfrenten las consecuencias directas del cambio climático, ya que dependen del medio ambiente y sus recursos”. En Bolivia está sucediendo.

En 1986, el lago Poopó, que se ubica en una depresión en el altiplano a 3,700 metros por encima del nivel del mar, se extendía 3,600 kilómetros cuadrados. Se redujo a 5 kilómetros cuadrados, lo que dejó unos cuantos charcos en un lecho de lago cacarizo y con grietas.

“El lago es víctima de una tormenta perfecta del cambio climático, el fenómeno de El Niño y las prácticas de desarrollo de Bolivia, en especial de la minería, que causa estragos en el agua de muchas maneras”, explica Jim Shultz, activista ambiental y director ejecutivo de Centro de Democracia, con sede en Cochabamba.

El nivel del lago fluctuaba desde hace tiempo, y se llegó a secar en el pasado. Pero a muchos les preocupa que esta vez el agua se fue para siempre. Los activistas señalan a la enorme mina de estaño, Huanuni, de propiedad estatal, así como a la operación cercana de Glencore, que flanquea el lago. Glencore niega tener la culpa.

Al enfrentar el descenso de los ingresos, pues los precios de las materias primas caen, el presidente Evo Morales, quien nació y creció en el lago Poopó y se comprometió a proteger el Pachamama o Madre Tierra, continúa perforando el país para reducir los índices de pobreza extrema a cero en la siguiente década. Sin embargo, esto daña a los grupos indígenas pobres que prometió defender.

“Digan lo que digan, el gobierno basó su política económica en las actividades extractivas”, dice Limbert Sánchez, coordinador del Centro para la Ecología y los Pueblos Andinos, con sede en Oruro. “Esto tenía que pasar, y ahora afecta a las comunidades”.

Bolivia todavía depende de las industrias extractivas, como el gas natural y los minerales, para mantener la economía. Las exportaciones de la industria subieron de 1,000 millones de dólares (mdd) al año en 2006, a casi 4,000 mdd en 2014, mientras que las inversiones en el sector crecieron casi cuatro veces en el mismo periodo.

Más de 2.6 millones de personas se sumaron a las filas de la clase media bajo el gobierno de Morales, y los índices de crecimiento todavía se encuentran entre las más rápidos en la región.

Pero el choque entre el modelo de desarrollo del gobierno, que se alimenta con la minería, con el de los habitantes originales del país, es el punto de conflicto. El año pasado causó indignación el anuncio del gobierno de que abriría siete de las 22 áreas protegidas de Bolivia para la exploración de hidrocarburos.

El plan del gobierno para reactivar el lago es víctima de la recesión en la economía de Bolivia, los organizadores de un plan de 20 años para el cuerpo de agua luchan por reunir los 100 mdd que necesitan para la primera fase de cinco años.

Mientras tanto, se desarraigan las comunidades. Félix Condori, otra autoridad de Uru, dice que cerca de la mitad de las 750 familias Uru-Murato -que de acuerdo con la mitología son “seres de agua”, no humanos- tuvieron que abandonar sus asentamientos y mudarse a las ciudades en busca de trabajo. “Ahora no hay alimento para comer, el agua se fue y también los peces y las aves. Por eso nuestra gente se va, y enfrentamos la extinción”.

Un día en noviembre de 2014 las aldeas Uru-Murato del lago despertaron con millones de peces muertos. Tan solo una año más tarde, el lago desapareció.

El mes pasado hubo lluvias escasas en lo que quedó del lago Poopó. Valero, quien dejó de pescar hace ocho meses, dio las gracias a la Madre Tierra por el agua. “Esto se va a perder entre las grietas del lecho del lago”, dijo. “No va a ayudar. Pero es agradable ver que Pachamama todavía piensa en nosotros”.


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