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Miércoles , 12.12.2018 / 14:08 Hoy

La buena y la mala Argentina

El nuevo contexto económico del gobierno de Mauricio Macri ofrece oportunidades para las empresas mexicanas, pero los riesgos son altos.
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Las cíclicas expectativas sobre la economía argentina volvieron a renovarse hace dos años. Por enton­ces, como tantas veces a lo largo de su historia, el país con el tercer mayor Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina emprendió un giro abrupto.

Tras doce años donde los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner privilegiaron una economía cerrada, con estímulos al consumo para dinami­zar el mercado interno, aún a costa de una ele­vada inflación y un creciente déficit de las cuentas públicas, la administración del presi­dente Mauricio Macri cambió el rumbo desde diciembre de 2015.

Luego de acordar con los fon­dos buitre que aún litigaban contra Argentina por las reestructuraciones de deuda que siguie­ron al default de 2001, abrió la economía, eliminó prohibiciones como la que impedían a las empre­sas extranjeras remitir utilidades a sus casas matrices, y puso en marcha un plan gradual de reducción del déficit fiscal y la inflación.

Esos cambios muestran hacia dónde puso la proa Argentina. Con una prima de riesgo de unos 350 puntos base —la mitad que a comienzos de 2015—, la apuesta es que la inversión se convier­ta en el principal estímulo de la econo­mía. Sin embargo, al menos hasta ahora, los elo­gios de los empresarios locales e internacionales al nuevo rumbo de Argentina marchan por un carril y las inversiones concretas por el otro.

Según la estatal Agencia Argentina de Inver­siones y Comercio Internacional, desde la asunción de Macri (10 de diciembre de 2015) hasta el 31 de diciembre pasado, se registraron anuncios de inversión por 103,856 millones de dólares (mdd), repartidos en 823 proyectos de 645 empresas. No obstante, hasta ahora solo se ejecutó menos de 5% de esos anuncios. De hecho, la Inversión Extranjera Directa (IED) representa en Argentina apenas 1.5% del PIB, muy por debajo del promedio latinoamericano de 3.5%.

En ese contexto, de bajo nivel de inversiones internacionales, las compañías mexicanas ocupan un rol relevante. Según cifras oficiales, los desem­bolsos de compañías de capitales mexicanos en Argentina ascendieron a 3,600 mdd entre 2005 y 2016. En tanto, de acuerdo al informe de la Agencia de Inversiones y Comercio Interna­cional, desde fines de 2015 empresas mexica­nas anunciaron 12 proyectos de inversión en Argentina por unos 885 mdd.


Mexicanas en el sube y baja

América Móvil, Bimbo, Alsea, Femsa, Cemex, Genomma Lab y Mabe son algunas de las cerca de 80 compañías que, según estima la Cámara de Comercio Argentino – Mexicana, operan en el país sudamericano. Todas ellas vienen adap­tándose al cambio de ciclo en Argentina.

Aunque nada es definitivo en la ciclotímica Argentina, la foto actual parece marcar que lo peor del ajuste económico habría quedado atrás. Tras una caída de 2.2% en 2016, el PIB registró el año pasado un alza cercana a 3%. El promedio de las proyecciones de analistas reco­piladas por el Banco Central estima una expansión de 3% para este año, y de 3.1% para 2019.

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“El 2016 fue un año de reacomodos en Argentina, pero, a pesar de todas las dificultades, el gobier­no del presidente Macri ha tenido bastante éxito en encaminar la economía en 2017 y se es­pera un crecimiento mayor este año”, dice Luis Diez, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Argentino – Mexicana, en Buenos Aires. “No ocurría desde el bienio 2010-2011 que la Argentina creciera dos años seguidos”.

En ese marco, las oportunidades para las compañías mexicanas prometen crecer. “El número de proyectos de internacionalización en Argentina viene aumentando y esa tenden­cia seguirá”, dice Olivia Vadillo Serra Rojas, directora de ProMéxico en ese país.

[OBJECT]“Tenemos cinco proyectos activos de internacionaliza­ción repartidos en los sectores de la industria energética, química para el sector automotriz, eléctrico-electrónico, de la salud, además del reciente desembarco de la cadena Cinépolis”.

El ingreso de Cinépolis se concretó en agosto del año pasado a través de un joint-venture con con la cadena local Village Cinemas S.A., que tiene nueve complejos de multisalas en Argentina y alrededor de 11% del mercado. El potencial es alto. En 2017, en el país sudamericano se vendie­ron 1.1 ticket por habitante, lejos del promedio de 2.7 registrado en México.

Además de la llegada de más empresas mexi­canas, las que ya tienen recorrido en Argentina adelantaron sus planes de expansión. Uno de esos casos es Alsea, que cuenta con 106 locales de Burger King, 124 de Starbucks y uno de P.F. Chang´s China Bistró en Argentina. El objetivo de la compañía es superar las 300 unidades en operación al cierre de 2020.

También son promisorias las expectativas para Cemex, dado que Argentina está embar­cada en un ambicioso plan de infraestructura. Solo en 2017, las inversiones estatales en obras públicas crecieron 32.1% con respecto al año anterior. Todo indica que ese ritmo se acele­rará a partir de este año con el agregado de las inversiones privadas.


La ley detonante

Tras la aprobación de una ley que abre las puer­tas a la Participación Público Privada (PPP), Argentina espera inversiones en infraestructura por unos 26,500 mdd hasta 2022 bajo esa moda­lidad. Es un contexto promisorio para Cemex, que ya participó en los últimos años de la construcción de la Línea H del metro de Buenos Aires y la extensión del Aeropuerto Internacional en las afueras de la capital argentina.


¿Más comercio?

En 2017, el intercambio comercial entre dos de las tres economías más grandes de la re­gión fue inferior a los 2,500 mdd. De hecho, México es para Argentina el 22 destino de sus exportaciones, y para México, la nación sudamericana, es su 18 mercado.

Ese escenario de bajo intercambio comercial podría comenzar a cambiar. “Argentina ha deci­dido integrarse al mundo y el gobierno ha tomado varias medidas encaminadas en ese sentido: está promoviendo con fuerza el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea; se ha acercado a los países del Pacífico; ha empezado el camino para integrarse a la OCDE; ha recibido la Ministerial de la OMC y se le ha otorgado al país la presidencia del G20”, dice Diez. “En ese marco, la relación con México es fundamental”.


A corto plazo, todo indica que el intercambio crecerá apuntalado por las necesidades cruzadas en el sector agrícola. Mientras México está en la búsqueda de nuevos mercados de importación ante la incertidumbre que provoca la nego-ciación del TLCAN, Argentina está intentan-do diversificar sus crecientes exportaciones de granos.

Una muestra de esa tendencia, por ahora, incipiente, ocurrió en diciembre pasado, cuando ocho grupos molineros —Grupo Trimex, Molinos Bunge, Grupo La Italiana, Grupo La Moderna, Harinera Anáhuac, Harinas Elizon­do, Harinera El Paraíso y Harinera Tlalnepantla— importaron de Arge tina 30,000 toneladas de trigo. La compra refleja un cambio de época. Se trata del primer intercambio comercial de trigo entre los dos países desde la entrada en vigencia del TLCAN.

A eso podría sumarse un mayor dinamismo de otros sectores una vez concretado el cierre de las rondas de negociaciones para la ampliación y pro­fundización del Acuerdo de Complementación Económica número 6 (ACE 6). Por ahora, ese do­cumento, que regula el comercio entre los dos paí­ses, establece reducciones arancelarias de hasta 100% en menos de 40% del universo arancelario.

[OBJECT]Tras la cuarta ronda de negociación que se llevó a cabo en febrero pasado, habrá nuevos encuentros este año con el objetivo de cerrar un nuevo acuerdo que incluya más posiciones arancelarias. Por fuera de ese pacto circula el comercio automotriz. Ese sector ya tiene un acuerdo (ACE55) con régimen de cupos hasta 2019, año en que entrará en vigen­cia el libre comercio entre los dos países.

No obstante, hay riesgos en el gobierno de Macri. Sin margen social ni político para recortar el presupuesto social, el gobierno argentino apues­ta a reducir en forma gradual el déficit de las cuentas públicas.

El objetivo es alcanzar el equili­brio en 2021. La estrategia, además de encarecer los costos de producción por la apreciación del peso, vuelve al país muy dependiente de que se mantengan en los próximos tres años favorables condiciones de liquidez mundial.

Al menos du­rante ese período, las compañías mexicanas que operan y comercian con el país sudamericano de­berán convivir con las oportunidades que presenta el nuevo escenario, pero también con la adrena-lina que genera la siempre inestable Argentina.

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