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Martes , 19.06.2018 / 21:58 Hoy

James Comey: El abogado que lucha contra Apple

El jefe del FBI es un enemigo formidable para las compañías de tecnología que discuten sobre la privacidad.

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Geoff Dyer

De todas las habilidades que necesita un abogado famoso, James Comey goza de la más escurridiza: una asombrosa capacidad para estar en el centro de las grandes controversias legales de la actualidad.

Comey estuvo en medio de las batallas judiciales que siguieron al estallido de la burbuja tecnológica y, como fiscal general suplente de Estados Unidos (EU), participó en una furiosa disputa en 2004 durante el gobierno de George W. Bush sobre la vigilancia electrónica que presagió las revelaciones que hizo Edward Snowden, el contratista de la Agencia de Seguridad Nacional que se convirtió en informante exiliado.

Director de la Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) desde 2013, Comey es hoy el protagonista en otra batalla legal decisiva sobre las tecnologías de seguridad que se usan en los smartphones y que Snowden describió como “el caso de tecnología más importante de la década”. Comey emprendió acciones legales contra Apple para lograr que la empresa ayude al FBI a romper el código de acceso del iPhone de uno de los asesinos de San Bernardino. Sin embargo, Apple grita que la solución técnica que sugirió el FBI es una situación resbaladiza que va a debilitar la seguridad de todos los smartphones.

Comey, un hombre de 2.7 metros, exuda una sorpresiva y modesta elocuencia que lo hace popular entre los miembros del Congreso, quienes podrían tener que solucionar la cuestión con una nueva legislación (el Senado lo confirmó 93-1).

A medida que su batalla con la máquina de mercadotecnia más poderosa del mundo se movió a Capitol Hill, Comey advirtió al comité judicial de la Cámara que las nuevas tecnologías de encriptación en los smartphones dejan fuera del alcance del FBI a legítimas investigaciones criminales y de terrorismo.

“Durante los últimos dos siglos, la seguridad pública en este país depende de la capacidad de los agentes de la ley de tener que ir al tribunal y obtener órdenes judiciales para buscar en zonas de almacenamiento o apartamentos”, dijo en una audiencia sobre el caso Apple. “La lógica del cifrado nos llevará a un lugar donde todas nuestras conversaciones y nuestros documentos van a ser totalmente privados”.

Nacido en Yonkers, cerca de Nueva York, en 1960, Comey creció escuchando historias de delitos que le contaba su abuelo, un oficial de policía. Como estudiante en el College of William and Mary en Virginia, estudió química, pero después cambió a religión y escribió una tesis sobre Reinhold Niebuhr, el teólogo favorito del presidente Barack Obama.

Sus amigos dicen que en su carrera demostró una feroz independencia del pensamiento en combinación con una vena moralista. En uno de los primeros casos de alto perfil procesó al mafioso John Gambino. Como fiscal federal asistente en Virginia estuvo a cargo de la investigación del ataque con bomba de las Torres Khobar de 1996 en Arabia Saudita.

Comey, casado con cinco hijos, ganó un puesto de fiscal en el distrito del sur de Nueva York en 2002, justo cuando la burbuja tecnológica se desinflaba. Dirigió casos contra el banquero de tecnología Frank Quattrone y ejecutivos de WorldCom, la compañía de telecomunicaciones.

También procesó al gurú de estilo de vida Martha Stewart por mentir al FBI.

Su momento más famoso llegó la noche del 10 de marzo de 2004. Él y su jefe, el fiscal general, John Ashcroft, tomaron la decisión de que el programa del gobierno de Bush sobre vigilancia electrónica sin órdenes judiciales era ilegal cuando Ashcroft cayó gravemente enfermo. Comey conducía a casa cuando le dijeron que dos altos funcionarios de la Casa Blanca estaban en camino al hospital para tratar de convencer a Ashcroft de cambiar de opinión.

Al recordar el episodio años después, Comey describió cómo llegó a la cama de hospital pocos minutos antes de que lo hicieran los funcionarios de la Casa Blanca. Ashcroft se despertó y dijo “No soy el fiscal general, hay un fiscal general y me señaló”. Los dos rápidamente abandonaron la habitación.

Esto convirtió a Comey en un héroe para algunas personas de izquierda por desafiar a la Casa Blanca de Bush y consolidó su reputación de integridad. “A menudo, cuando la gente llega a ese nivel, se encuentran con que tienen que hacer concesiones”, dice Richard Hertling, amigo de la Universidad de Chicago. “Es valioso tener a alguien con tal rectitud moral participando en casos como el de Apple”.

Solo por un momento no estuvieron contentos los funcionarios de Bush quienes se quejaron de su inclinación por la grandilocuencia. Pero parte de ese sentimiento empezó a escucharse de los defensores de la privacidad, pues Comey hizo públicas sus críticas a las nuevas tecnologías de codificación.

Apple sostiene que, si lo obligan a escribir un software para ayudar al FBI a entrar al iPhone de San Bernardino, creará de forma efectiva una “puerta trasera” que se puede utilizar en otros dispositivos. “El caso del FBI se basa en un argumento unilateral que a veces no es exacto”, dice Arnie Stepanovich de Access Now, un grupo de defensa de la privacidad. “Comey es muy articulado, sabe cuándo decir que no conoce algo, y eso suele ser bastante seguido”.

Incluso si el caso de Apple se resuelve rápidamente, Comey no escapará de los titulares. Con el despegue de las campañas electorales, reveló que supervisa “personalmente” la investigación sobre el uso que hizo Hillary Clinton del servidor de correo electrónico privado mientras era la secretaria de Estado. Si el FBI decide que debe haber acusaciones en este caso, esta vez van a ser los republicanos los que celebren la independencia de Comey.


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