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Sábado , 22.09.2018 / 14:56 Hoy

Hillary y la lucha de su vida

Obama tiene razón: Hillary Clinton es la más calificada para competir por la Casa Blanca, pero muchos descalifican la palabra “calificado”.

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Primero lo primero. Donald Trump puede derrotar a Hillary Clinton. Para demasiados estadounidenses, siquiera hablar de esto es absurdo. Pero deben acostumbrarse a eso. En algún momento, es probable que Trump tome ventaja en las encuestas. Puede durar dos días o semanas. Los estadounidenses liberales deben prepararse para que esto ocurra.

Por otra parte, Hillary Clinton es capaz de dilapidar su ventaja incorporada. Independientemente de la convención demócrata en Filadelfia, los siguientes tres meses van a ser la batalla de su vida.

¿Cuál debe de ser la mayor preocupación para las fuerzas anti-Trump? El mayor obstáculo de Clinton es el grado de odio que sienten por ella en muchos lugares de Estados Unidos (EU). Personalmente, siempre he tenido dificultades para comprender la Hillaryfobia. Como primera dama en la década de 1990, la odiaban por ser de izquierda, su supuesto feminismo radical y su empuje para aprobar una reforma de salud de izquierda. En la actualidad se le odia por las razones opuestas.

Hillary Clinton en 2016 personifica los valores de Wall Street y de la élite mundial. El hilo común entre estas dos fases, que se suspendió brevemente cuando fue secretaria de Estado en la administración de Barack Obama, es la opinión de que cada movimiento que hace es para su beneficio político. Nada es auténtico. Incluso hasta el género de Clinton parece una especie de truco calculado.

La mayoría de los extranjeros -y muchos estadounidenses- pueden encogerse de hombros. Las elecciones son sobre las opciones. Si esta es una competencia entre un político de carrera y un demagogo, no debería ser una competencia en lo absoluto. El problema radica en que grandes franjas del electorado de EU, posiblemente una mayoría, consideran a Clinton y a Trump como igualmente viciados.

Si Clinton pierde en noviembre, será porque no logró superar esta equivalencia letal. Solo ha llegado tan lejos como para señalar -como Obama lo hizo y sin duda reiteró en Filadelfia- que Clinton es la persona más calificada en años para competir por la Casa Blanca. Obama tiene la razón. Pero muchos electores descalifican la mera palabra “calificado”.

No basta con asustar a la gente con los riesgos de una administración Trump. Para asegurar, será negligente no explicar lo que puede ocurrir. Aún es difícil de digerir que el Grand Old Party (GOP, el partido republicano) de EU ovacionó con todas sus fuerzas la semana pasada a un desarrollador de propiedades de 70 años que cree que es el único capaz de solucionar los problemas del país. Pero más de un año de duro escarnio no le hizo daño a Trump. Simplemente lo hizo más fuerte.

Trump traiciona las características de un megalómano político. No tolera el disenso, trata los hechos como algo no digno de él, y presenta la voluntad de poder como su caso para llegar a la Casa Blanca.

Su líder extranjero favorito es el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Como observó Clinton, Trump es el hombre sobre el caballo blanco. Sin embargo, muchos estadounidenses dicen que lo que quieren es un hombre fuerte. Se debe de temer a un príncipe, dice Maquiavelo. Intentar asustar a los electores puede ayudar a los propósitos de Trump.

Entonces, ¿cómo debe responder Clinton? La primera regla es no hacer daño. La elección que hizo de Tim Kaine como compañero de fórmula provocó bostezos en muchos sectores. Pero Kaine fue una elección segura. Tiene raíces de clase trabajadora, sabe cómo ganar en un estado republicano -como lo era Virginia cuando compitió por primera vez- y tiene la experiencia de asumir el cargo si a Clinton le pasa algo.

También es una de solo 20 personas en la historia de EU que ha sido alcalde, gobernador y senador. Algunas veces lo aburrido es bueno. Agradable también. “Trato de contar las maneras en que odio a Tim Kaine”, tuiteó Jeff Flake, senador republicano de Arizona. “Dibujo un espacio en blanco. Felicidades a un buen hombre y un buen amigo”. En el clima polarizado de la actualidad eso tiene un peso. Además, el anuncio de Kaine con un discurso bilingüe fue cualquier cosa menos aburrido.

La segunda regla es hacer un caso enérgico para gobernar. La mayor ovación de Trump en Cleveland fue cuando dijo: “No soy políticamente correcto”. Es difícil escapar a las sospechas de que Clinton cuenta con la población que no es blanca para ganar en noviembre. Basarse en las coaliciones étnicas también se conoce como el modelo Chicago. Es una forma apacible de política que siempre es vulnerable a los distractores.

Lo que está claramente ausente en su campaña es un mensaje económico que la gente pueda recordar. Es un misterio que Clinton no monte una sesión de fotografías cada semana frente a una infraestructura deteriorada para comprometerse a arreglarla cuando la elijan. La gente recordaría eso.

Podemos apostar a que Trump va a tuitear lo que necesite para quitarle publicidad a Clinton. Lograr tener los titulares es su principal habilidad. ¿Cuál es la de Clinton? Si son las políticas tradicionales, debemos prepararnos para una elección muy tensa.

Jugar a lo seguro será su instinto natural. Pero en esta época, esa es la apuesta de mayor riesgo. Si hay alguna cosa que une a la mayoría de los estadounidenses es su desprecio visceral por el status quo.



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