¿Qué hicieron para que sus productos valgan 468% más?

Indígenas de la montaña de Guerrero obtuvieron la certificación que les permite vender  productos orgánicos en tiendas de autoservicio.
Cultivo de Jamaica en la montaña de Guerrero
Cultivo de Jamaica en la montaña de Guerrero (ARchivo)

Ciudad de México

Detrás de productos orgánicos como miel de abeja, jamaica, frijol, piña y hortalizas que se comercializan en tiendas de autoservicio de la República Mexicana, hay un ritual de agradecimiento.

Comunidades indígenas de la montaña de Guerrero integran la cooperativa agrícola Numa Gama Ski Yu; viven del cultivo y comercialización de estos productos. Ellos tienen la convicción de que antes de sembrar sus semillas deben agradecer a “la madre tierra” el permitirles llevar a cabo su trabajo. 

“Toda la producción es manual, no hacen uso ni de químicos ni de tecnología”, relata Margarita Muciño, la socióloga que impulsó este proyecto.    

Antes de 2004, año en que inició el desarrollo de esta cooperativa; a los indígenas de la región les pagaban por cada kilo de jamaica 32 pesos; actualmente lo venden en 150 pesos. Esto es, en nueve años el precio aumentó 468 por ciento, prácticamente se quintuplicó.  

El quintal (100 kilos) de frijol lo vendían en 15 pesos, hoy por la misma cantidad les dan entre 70 y 80 pesos. En este caso, el precio que les pagan por el insumo es 533 por ciento mayor. 

La razón detrás de esta mejora es la certificación que obtuvieron los indígenas para introducir sus productos en las tiendas de autoservicio usando la marca 100% natural.

Para mantener esta certificación, la cooperativa tiene que realizar procesos que demandan una inversión de 42 mil pesos anuales.  

Esta es la inversión más costosa de este negocio, platica Margarita ya que ellos son poseedores de la tierra, como comunidad comparte sus hectáreas, “la producción de orgánicos es un trabajo comunitario, de integración”, explica.  

Raymundo, forma parte de la cooperativa, al año cultiva 200 piñas. Este trabajo lo realizan entre ocho personas. Antes por cada pieza le pagaban cinco pesos, hoy se da el lujo de venderla en mínimo 10, máximo 15 pesos. “Hoy nos alcanza para vivir”, dice.

El siguiente reto para la comunidad es crear parcelas orgánicas. Esta cooperativa la constituyeron en 2004, está formada por 480 socios, cuenta con un centro de trasformación y 12 bodegas de acopio en la región.