• Regístrate
Estás leyendo: Henry Kissinger, el veterano que lo ha visto todo
Comparte esta noticia
Sábado , 22.09.2018 / 12:41 Hoy

Henry Kissinger, el veterano que lo ha visto todo

FT Mercados

El ex funcionario de 95 años se ha sentado con presidentes desde Ford y Nixon hasta Putin y Trump, y hoy cree que vivimos un periodo “muy peligroso”.
Publicidad
Publicidad

No fue muy difícil convencer a Henry Kissinger para reunirnos a almorzar. A pesar de que tiene 95 años, y se mueve lentamente, al gran consigliere de la diplomacia estadounidense le gusta hablar. Sube y baja de aviones para ver a presidentes como Vladimir Putin de Rusia y Xi Jinping de China, con el mismo celo que cuando jugaba ajedrez siendo maestro diplomático de Richard Nixon.

Le encanta estar en el centro de los acontecimientos. Kissinger es, para la claridad geopolítica, un oráculo cuya información solo se ve igualada por su forma indescifrable.

Mi misión es saber lo que realmente piensa de Donald Trump. El momento es perfecto. Almorzamos un día después de la reunión de Trump con Vladimir Putin en Helsinki, una cumbre que la clase dirigente de la política exterior de Estados Unidos (EU) considera como un punto bajo de la diplomacia de ese país. 

El presidente estadounidense hizo lo impensable al respaldar las declaraciones de Putin del inocente sabotaje electoral sobre la palabra de la agencia de inteligencia de EU.



Más tarde, Trump trató de deshacer de forma poco convincente lo que dijo en Helsinki al insistir que quería decir “por qué no sería” en lugar de “por qué sería”. Pero era demasiado tarde. El New York Daily News presentó el titular: “Traición Abierta” junto a una caricatura de Trump disparando a la cabeza del Tío Sam mientras sostiene la mano de Putin. No hay mejor momento para sacar a Kissinger de su pedestal místico.

Henry Kissinger se ve como una figura pequeña en la mesa del rincón. Un gran bastón se recarga contra la pared. “Disculpe si no me levanto”, dice en su acento alemán muy marcado. Estamos en el Jubilee, un agradable restaurante francés a unas cuadras de Kissinger Associates, una consultora geopolítica que cobra grandes sumas a sus clientes para escuchar lo que, supongo, son sus pensamientos sin adornos. Mi único incentivo es un agradable almuerzo.

El Dato
17
Veces se ha reunido Kissinger con Vladimir Putin

Entre el pasado y el futuro

La geopolítica tiene un gran peso en Kissinger. Como el coarquitecto del acercamiento con China y la distensión con la Unión Soviética, durante la Guerra Fría, Kissinger ahora estudia un mundo en el que China y Rusia desafían el orden mundial de EU, a menudo de acuerdo uno con el otro. Pero el decano de la diplomacia de la Guerra Fría está tan interesado en el futuro como en el pasado.

Este año, escribió un aterrador artículo sobre la inteligencia artificial (IA) para el Atlantic Monthly, donde instó a la creación de una comisión presidencial. “Si no comenzamos este esfuerzo pronto, descubriremos que comenzamos muy tarde” concluyó. Kissinger trabaja en un libro sobre grandes hombres y mujeres de Estado. Acaba de terminar el capítulo de Nixon, el presidente con quien trabajó, de forma única, como secretario de Estado y asesor de seguridad nacional. Es de 25,000 palabras. Le preocupa que sea contraproducente.

“Podría sacar a todos los participantes de sus cuevas una vez más”, dice. ¿Eso significa que podría provocar comparaciones entre el Watergate y la investigación rusa de Trump?, pregunto. “Ese es mi temor”, responde. Antes de tener la oportunidad de seguir con el tema, Kissinger cambia a Thatcher. “Ella fue una socia magnífica”, dice. “Creo en la relación especial porque EU necesita un equilibrio psicológico y este es uno natural basado en la historia, no solamente en las contribuciones”.

Una reunión desperdiciada

¿Qué opina Kissinger de la cumbre de Helsinki? Su respuesta es vacilante: “Fue una reunión que tenía que suceder. Algo que defendí varios años. Estuvo inmersa de problemas estadounidenses internos, sin duda, una oportunidad desperdiciada. Pero me parece que uno debe poder volver a algo. Observa a Siria y Ucrania. Es una característica única de Rusia, la agitación en cualquier parte del mundo la afecta; si le das una oportunidad, se considera una amenaza. Esas agitaciones van a continuar, temo que se van a acelerar”.

Henry Kissinger inicia una reflexión sobre la tolerancia “casi mística” de Rusia con el sufrimiento. Su punto clave es que Occidente supuso erróneamente antes de que Putin anexara a Crimea, que Rusia adoptaría el orden basado en reglas de Occidente. La OTAN malinterpretó el profundo anhelo de respeto de Rusia.

“El error de la OTAN es pensar que hay una especie de evolución histórica que marchará por todo Eurasia y no entender que, en algún momento de esa marcha, se va a encontrar con algo muy diferente a una entidad westfaliana (la idea occidental de un Estado). Y para Rusia este es un desafío a su identidad”. 

¿Quiere decir que provocamos a Putin?. “No creo que Putin sea un personaje como Hitler”, dice Kissinger. “Mas bien solo de Dostoievsky”. ¿Subestimamos a Trump? Hay una pausa antes de su respuesta “Creo que Trump puede ser una de esas figuras en la historia que aparece de vez en cuando, para marcar el final de una era y obligar a olvidar sus antiguas pretensiones.

 No necesariamente significa que él lo sabe, o que está considerando una alternativa. Podría ser simplemente un accidente”. Sé que ha hablado con Trump. También se reunió con Putin en 17 ocasiones. Informa de esas reuniones a Washington, me dice.




Un mundo sin EU 


Como un jugador de dardos con los ojos vendados, pruebo una cantidad de tiros. ¿En qué se convertiría Alemania si Trump retirara a EU de la OTAN? Kissinger no quiere apostar a esa posibilidad. “En la década de 1940, los líderes europeos tenían un claro sentido de dirección”, dice. “En este momento, en su mayoría, solo quieren evitar problemas”. No están haciendo un muy buen trabajo, lo interrumpo. “Es cierto”, dice Kissinger con una sonrisa críptica.

“Un eminente alemán me dijo que la tensión con EU solía traducirla como una forma de alejarse de EU, pero ahora siente más temor de un mundo sin EU”. Entonces, ¿Trump podría sorprender al resto de Occidente para valerse por sí mismo?, pregunto.

“Sería irónico si eso surgiera de la era de Trump”, responde. “Pero no es imposible”. La alternativa, agrega Kissinger, no es atractiva. Un Atlántico dividido convertiría a Europa en “un apéndice de Eurasia”, que estaría a merced de China, que a su vez, quiere restaurar su papel histórico como el Reino Medio y ser “el principal asesor de toda la humanidad”. Parece que Kissinger cree que China está en camino de lograr su objetivo.

EU, mientras tanto, se convertiría en una isla geopolítica, rodeada por dos enormes océanos y sin un orden basado en reglas que defender. Así EU, tendría que imitar a Gran Bretaña de la era victoriana, pero sin la costumbre de ocuparse de mantener dividido al resto del mundo, como hizo Gran Bretaña con el continente europeo. Kissinger es más prudente con el tema de la IA, con el que todavía batalla.

 Pero le preocupan las consecuencias desconocidas de la guerra autónoma, un mundo en el que las máquinas deben tomar decisiones éticas. 

“Todo lo que puedo hacer en los pocos años que me quedan es plantear estos problemas”, dice. “No pretendo tener las respuestas”. No tengo idea de cómo tomará Kissinger mi siguiente pregunta: ¿El poder es un afrodisíaco? Cito una famosa frase que pronunció en el apogeo de su carrera cuando todavía era un hombre soltero; a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, cuando era tan conocido por su picante calendario de citas como por los asuntos de Estado.

 “Sin duda diría que ser capaz de tomar decisiones tiene una dimensión que no tienes en la vida común”, responde con una sonrisa. “Pero cuando digo estas cosas, la intención es más establecer tu inteligencia que el propósito de tu vida. Y es verdad hasta cierto punto. Se basa en la observación”.

Si hay una crítica recurrente sobre Kissinger, le digo, es que hace lo posible por mantener el acceso a las personas en el poder a expensas de no hablar claramente en público. “Eso lo tomo en serio y mucha gente, buenos amigos insisten que deje de hacerlo”, dice.

 “Podría ocurrir en algún momento”. “Está clara la dirección que tomo”, me dice Kissinger. “¿Está clara para ti?” Más o menos, respondo. Le preocupa el futuro. Sin embargo, cree que hay una posibilidad no trivial de que Trump podría asustarnos por accidente para reinventar el orden basado en reglas que solíamos dar por sentado.

 ¿Es ese un resumen adecuado? “Creo que estamos en un periodo muy, muy peligroso para el mundo”, responde Kissinger. “He participado en innumerables cumbres, así que esta (Helsinki) no la aprendieron de mí”. Queda claro que no dirá nada. Le pregunto a qué periodo compararía la actualidad. Kissinger habla sobre su experiencia como un ciudadano nuevo usando un uniforme estadounidense para servir en la Segunda Guerra Mundial. También recuerda sobre qué trajo al joven refugiado alemán a estas costas.

 Después de que Alemania marchara dentro de Austria en 1938, a los judíos en la ciudad natal de Kissinger se les dijo que permanecieran en el interior. Sus padres abandonaron su país para ir a EU cuando pudieron. “Había toque de queda y soldados alemanes en todas partes”, dice. “Fue una experiencia traumática que nunca me abandonó”. Ese recuerdo lo elige cuidadosamente.













Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.