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Viernes , 14.12.2018 / 02:39 Hoy

Guerra comercial de Trump afectaría importaciones de EU

FT Mercados

Donald Trump cree que los conflictos comerciales son buenos y fáciles de ganar. Lo que no ha medido es que el proteccionismo afectaría 800,000 mdd de las importaciones de EU.
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Donald Trump es un palmerstoniano, tal y como me lo dijo un antiguo funcionario de alto nivel del Departamento de Estado de Estados Unidos (EU) hace dos semanas. Si existe alguna doctrina coherente en la que se base el presidente para atacar el orden mundial que creó su propio país, es esa. Pero Trump no es Lord Palmerston (primer ministro británico de 1855 a 1865). Su estrategia se centra en las transacciones de la ignorancia y el resentimiento, y se corre el riesgo de que pueda provocar un desastre.

EU adoptó una actitud muy diferente después de la Segunda Guerra Mundial. El mundo necesitaba una visión mucho más ilustrada de las relaciones internacionales, con tres elementos esenciales. El primero era que EU se convertiría en el poder estabilizador.

El segundo era que el país formaría alianzas eternas basadas en valores compartidos. Y, por último, un conjunto de acuerdos internacionales, que al inicio tenían fundamentos económicos y que luego se extendieron a otras áreas como el clima, y que proporcionaron una economía global predecible y liberal con capacidad de hacer frente a los retos globales.




Los errores de EU 

El resurgimiento del comercio mundial trajo una era de prosperidad sin precedentes. Los éxitos políticos y económicos de Occidente dieron la victoria sobre el comunismo soviético. A pesar del ascenso de China, EU y sus aliados aún disfrutan de un preponderante poder económico y militar.

En las palabras de la Biblia del rey Jacobo, “se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José”. Ese rey ignorante es Trump, quien no conoce a los estadounidenses que crearon el orden en la posguerra.

Él cree en las transacciones más que en las alianzas; en el bilateralismo más que en el multilateralismo, y en los intereses más que en los ideales. Él prefiere a los líderes autoritarios como el chino Xi Jinping, el ruso Vladimir Putin e incluso el norcoreano Kim Jong Un, en vez de los líderes de sus aliados democráticos. En su opinión, “el poder hace el derecho”.

Las características notables del comportamiento de Trump son sus invenciones, su autocompasión y su intimidación a los demás. Armado con ignorancia y ese tipo de actitudes, el presidente estadounidense podría hacer casi cualquier cosa, sobre todo ahora que parece sentirse cada vez más seguro de sí mismo.

Las guerras comerciales que está desencadenando, bajo justificaciones dudosas y con fines inciertos, carecen de resultados claros. Como señala Gavyn Davies, cofundador de Prisma Capital Partners, es probable que los costos de la desglobalización sean extremadamente elevados, particularmente si se incluye la incertidumbre que creará.


A menos que haga explotar la economía mundial, Trump tiene bastantes posibilidades de ser reelegido y, por tanto, podría permanecer en el poder seis años y medio más. Pero mientras tiene el poder, está creando un caos. Es muy difícil negociar con el magnate, porque nadie sabe lo que él y su equipo quieren. Esto no es normal.

¿Cómo afectarían los aranceles? 

Las acciones en materia de comercio y las intenciones que anunció la administración son importantes en sí mismas. El gobierno de EU impuso aranceles sobre las importaciones de paneles solares, lavadoras, acero y aluminio. Si uno agrega las dos rondas de aranceles sobre China en virtud de la Sección 301 de la Ley de Comercio de EU de 1974, esto afectaría alrededor de 7% de las importaciones de ese país.

El dato
7%
se reducirían las importaciones de EU por los impuestos a paneles solares, lavadoras, acero y aluminio

Si se incorpora la amenaza de represalias, el costo podría ser de 400,000 millones de dólares (mdd) adicionales a las importaciones de China, al igual que los posibles aranceles sobre 275,000 mdd de importaciones de automóviles y autopartes. Las importaciones totales afectadas podrían alcanzar los 800,000 mdd, lo que representa un tercio de las transacciones de bienes de EU.


La administración justificó su política sobre el acero y el aluminio haciendo referencia a la seguridad nacional. El mismo razonamiento se utilizó en una investigación de EU sobre las importaciones de automóviles, que comenzó en mayo de este año.

 Los temores a ese tipo de abuso de las excepciones de seguridad son la razón por la cual las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) son restrictivas. Ese tipo de excepciones se enumeran en relación con “material fisionable” o con el “tráfico de armas, municiones y material de guerra, así como el tráfico de otros bienes y materiales que se destinan directa o indirectamente para asegurar el abastecimiento de las fuerzas armadas”.

Las acciones de EU sobre el acero, el aluminio e, incluso más absurdo, los automóviles, claramente violan las reglas de la OMC. Pero si Canadá es una amenaza, ¿qué país no lo es? Si los automóviles representan una preocupación de seguridad, ¿qué no lo es? “La protección conducirá a una gran prosperidad y fortaleza”, dijo Trump en su discurso de toma de posesión. Desafortunadamente, hablaba en serio.

La lógica es más oscura al basarse en la Sección 301 para actuar contra China. Algunas veces, la acción parece tener el propósito de obligar a China a eliminar sus superávits bilaterales con EU. Otras veces, parece que busca poner un alto al programa “Hecho en China 2025”. Y en otros casos, la intención parece ser solucionar una transferencia forzada de tecnología. El primer objetivo es ridículo; el segundo no es negociable; el tercero es razonable, pero difícil de lograr.


Como si esto no fuera suficientemente confuso, Larry Kudlow, el principal asesor económico de Trump, sugirió que el presidente está a favor del libre mercado y que el objetivo es eliminar los aranceles.

De hecho, como un niño de dos años, Trump es un “disruptor” sin objetivos claros. Si hubiera querido reequilibrar la relación con China, no se habría retirado del Acuerdo de la Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) y no habría agredido a sus propios aliados. Por el contrario, comenzó peleas con todo el mundo.

“Armado con ignorancia, Trump podría hacer cualquier cosa, sobre todo ahora que parece estar más seguro de sí mismo”.
Martin Wolf, editor económico de FT.

Las consecuencias 

Paul Krugman, uno de los principales economistas del mundo, argumenta que si esto se convierte en una guerra comercial generalizada de todos contra todos, el comercio mundial podría tener una reducción de 70%.

Sin embargo, es sorprendente que la producción mundial tal vez no caería más de 3%. Dichos números se basan en los modelos de “equilibrio general computable”, que ignoran la disrupción y la incertidumbre a medida que se reconfigura la estructura de la economía mundial. Tampoco toman en cuenta el dinamismo perdido, ya que la competencia global se reduce. 

Por último, pero no menos importante, pasan por alto el aumento de la mala voluntad que provocaría una guerra proteccionista. La cooperación mundial sin duda quedaría hecha polvo.

Trump insiste en que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”. El argumento de que un país con déficit “va a ganar” en una guerra comercial no es absurdo. Al final, en cualquier conflicto de represalias, la otra parte se quedará sin armamento comercial, simplemente porque sus importaciones son más pequeñas.

Pero las represalias podrían ir más allá del comercio, a la inversión, por ejemplo. Una vez que se toman en cuenta los castigos y el impacto que tienen los aranceles más altos sobre los tipos de cambio, es probable que el beneficio para la producción interna sea muy pequeño, incluso para un país con enormes déficits. 

Todo economista sabe que la forma efectiva de reducir un déficit comercial, en un país que está cerca del empleo pleno, es una recesión. Ese probablemente no sea el objetivo de EU, pero podría ser el resultado de la incertidumbre que generan sus políticas.



La pregunta más importante es cómo otros jugadores deberían responder a la agresión de la Casa Blanca. A Trump le gusta el conflicto. Tal vez no responda a las represalias como lo haría una persona normal, incluso podría darle la bienvenida al aumento de la protección, que ofrecería una espiral de represalias.

Al mismo tiempo, solo las represalias podrían persuadirlo de cambiar de rumbo. Además, las nubes que se acumulan en una guerra comercial podrían simplemente impactar a las empresas estadounidenses, como para que lleven a cabo una acción efectiva.

Otra cosa que el resto del mundo debería hacer es fortalecer su cooperación. Pero lo más interesante —y arriesgado— que pueden hacer otros países de altos ingresos es aceptar la oferta de Donald Trump de un comercio libre de aranceles. ¿Quién sabe? Incluso podría funcionar.








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