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Guarda tu tarjeta y que pague tu reloj

Firmas como Visa y MasterCard impulsan gadgets para realizar compras, pero la adopción por los usuarios todavía es limitada.

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Garry Lyons lleva su cartera en el dedo. Mientras da una presentación en su oficina en las afueras de Dublín, el director de innovación de MasterCard presume un anillo grande y negro al que llaman smart ring (anillo inteligente). Parece algo que Q le entregaría a James Bond antes de una misión, pero de hecho es un dispositivo wearable que se puede conectar al smartphone, almacenar los datos de tu cuenta bancaria y usarse para hacer compras mucho más rápidas en las tiendas.

“Solo le doy un toque”, dice Lyons con una sonrisa, “y lo carga a mi cuenta”, lo que significa que no necesita dinero en efectivo, hacer filas o incluso pagar en la caja.

Este pedazo de joyería tecnológica no es el único gadget de pagos que se muestra en esta lluviosa mañana en Leopardstown, un barrio de oficinas muy popular entre las multinacionales que se sienten atraídas a Irlanda por las bajas tasas de impuestos a las empresas.

MasterCard y sus rivales despliegan todo tipo de gama de accesorios de tecnología, desde pulseras hasta aplicaciones que aprovechan la capacidad de los smartphones, lo que hace que sea casi demasiado para que los consumidores las usen para gastar su dinero.

Visa ofrece una pulsera que se parece a los monitores de condición física, pero se usa para hacer pagos, mientras que los futurólogos sueñan con aplicaciones que logren que tu smartphone te diga en qué puedes gastar.

“El lado de la oferta presiona para que esto sea muy fuerte”, dice Eden Zoller, quien investiga las actitudes públicas hacia las tecnologías digitales en la consultora Ovum.

Sin embargo, la idea de que tu smartphone recorra el supermercado Tesco para preguntarte si esta semana quieres comprar de nuevo bollos calientes es un concepto en el que los consumidores todavía deben involucrarse más.

Sin embargo, en la base de Dublín de MasterCard, su equipo de tecnología observa más hacia el futuro y desarrolla un “asistente de compras virtual”. Lyons muestra un video de una mujer atractiva y rica en una cocina elegantemente decorada, en donde habla casualmente sobre su hombro con una pequeña caja negra para “pedir pañales” y “reservar un fin de semana con las chicas en Nueva York”. La caja de compras, con una voz alegre y sin cuerpo, se ordena a sí misma comprar boletos de un concierto para su dueña, con la promesa de garantizar los mejores lugares.

En ningún momento se muestra el costo de los productos y de las experiencias que se mencionan, o si la caja garantiza un buen acuerdo. El producto es simplemente un pedazo “visión del futuro”, dice MasterCard, y por eso no incorpora todavía elementos como la ayuda al presupuesto de sus usuarios o el control de sus gastos.

Steve Davies, quien asesora empresas en tecnología financiera con la firma PwC, también advierte que gran parte de lo que las grandes empresas hacen en el ámbito de los pagos tal vez nunca despegue.

Riesgo para los intermediarios

Las empresas multinacionales y los bancos piensan en la tecnología financiera como una forma de intentar cosas nuevas. Sin embargo, otras mantienen ideas excéntricas para las formas de hacer pagos por bienes, ya que temen que las nuevas tecnologías los desplacen, y quieren que nosotros gastemos más.

Básicamente, MasterCard y Visa le dicen a los bancos que hay transacciones entre los clientes y los bancos, pero las cosas tal vez no funcionen de esta manera. Por ejemplo, Blockchain, es una tecnología emergente que permite que la información de pagos se realice en un punto central, sin ninguna necesidad de un intermediario. Esa semana, Google anunció que pronto va a lanzar Android Pay en Reino Unido, para competir con Apple Pay, que le permite a los compradores pagar con sus teléfonos.

Las empresas de pago son los “rieles” donde se ejecutan esas transacciones, explica Zoller, y se quedan con una parte muy pequeña del dinero que se gasta cada vez que cambia de manos.

Cuando Lyons de MasterCard vaya de compras en el futuro, se imagina que tendrá un dispositivo conectado que le diga: “Bienvenido de nuevo Garry, la última vez que estuviste aquí compraste esto…¿lo quieres de nuevo?”.

Si esas tecnologías alguna vez llegan al mercado masivo, naturalmente se generarán preguntas sobre la responsabilidad social de las empresas que permiten que los robots llenen las canastas de compras en línea o te lleven a los centros comerciales.

Medidos sobre una base mensual, los préstamos personales en Reino Unido se manejan a que no se veían desde 2007. Y existe evidencia de que facilitar las compras con un “toque” contribuye a que se gaste más dinero.

Los británicos gastaron un récord de mil millones de libras en tarjetas sin contacto en noviembre pasado. Al Servicio de Asesoría sobre el Dinero del Reino Unido le preocupa la “distancia” que el pago con dispositivos sin contacto ponen entre el dinero y el acto de gastarlo.

Los ejecutivos de MasterCard dicen que desarrollan su nuevas soluciones de pagos de manera responsable, aunque al parecer su enfoque principal es evitar el robo de identidad y los fraudes de pagos.

MasterCard desarrolla una nueva tecnología que se llama selfie pay (pago con selfie), que verifica al titular de una cuenta al almacenar los detalles de su cara, a través de la cámara de los smartphones. Esto es mucho más rápido que ingresar la contraseña antes de que se apruebe una transacción en línea. También es más fácil a que los consumidores recuerden la contraseña, y por lo tanto se elimina otra barrera.

Sin embargo, por ahora la mayor preocupación de la industria de servicios financieros probablemente es que los extravagantes servicios de pagos que se desarrollan pasarán desapercibidos entre los consumidores y los detallistas.

Para algunas personas es demasiado pronto para hacer pagos a través de un key ring o una pieza de joyería, dice Zoller. “No creo que el final del dinero en efectivo esté precisamente a la vuelta de la esquina”.


Anillo

MasterCard desarrolló un smart ring con el que se pueden hacer compras sin siquiera pasar por la caja del comercio.

Rivalidad

Los sistemas de pago temen verse sustituidos por intermediarios que reduzcan los costos de operación.

Oferta

El investigador Eden Zoller considera que falta un mayor involucramiento de los usuarios para que despeguen estos sistemas.



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