La gran venta del petróleo mexicano

Algunas compañías participan en la Ronda Uno por presión del gobierno, asegura un ejecutivo internacional.
Pemex tenía un multimillonario plan para dinamizar la industria de la refinación; la planta de Salamanca contaría con 4 mil 500 millones de dólares.
(Javier Ríos)

Hay una palabra que es crucial en los términos de la histórica licitación que México ofrecerá el miércoles, pero no aparece en ninguno de los documentos de las concesiones: Ixtoc. Por 30 años, hasta el desastre de Macondo de BP en 2010, este pozo mexicano tenía el dudoso honor de ser fuente del mayor derrame accidental de petróleo.

Como los 14 bloques de exploración que se subastarán esta semana, Ixtoc-1 se perforaba en las aguas someras del Golfo de México cuando sufrió una explosión en 1979. Una consecuencia de ello es que los contratos que se entreguen el miércoles vendrán con garantías severas en caso de que se dé otra catástrofe.

A pesar de la excitación por la apertura de la industria petrolera de México, tras casi 80 años bajo control estatal, esos requisitos han impedido que varios jugadores entren al concurso. Cuatro firmas precalificadas salieron la semana pasada y al menos una de ella fue debido a las garantías.

“Es como esos restaurantes donde el sushi se sirve en bandas que dan la vuelta”, dice el gerente general para México de una de esas empresas para la que las garantías eran muy onerosas. “La primera vez que miras, quizá no estás listo. Pero seguirá dando vueltas”.

Y todo apunta a que se está cocinando un gran festín. México se prepara para ofrecer a inversionistas nacionales y extranjeros la oportunidad de pujar por bloques con un contenido potencial de 107 mil 500 millones de barriles de petróleo, tanto como las reservas probadas de Kuwait. El país se ve como fuente de una de las poquísimas oportunidades para añadir reservas abundantes, luego de varios años en que a las mayores petroleras se les han dificultado los grandes descubrimientos.

El presidente Enrique Peña Nieto ha dedicado sus dos y medio años en el poder para empujar sus reformas estructurales, diseñadas para sacar a México de tres décadas de crecimiento tibio. A pesar de registrar un récord en baja inflación y una alta creación de empleos, el producto interno bruto no ha explotado: el gobierno ha prometido que las reformas empujarán el crecimiento a 5 por ciento para el fin de su sexenio, en 2018, pero solo ha sido a la mitad de eso al primer trimestre de 2015.

El año pasado, él ganó el apoyo del Congreso para las rezagadas reformas energéticas que el gobierno espera traigan unos 50 mil millones de dólares en inversiones para 2018. En total, 34 empresas precalificaron para pujar por la llamada Ronda Uno, 18 a título individual y las restantes en siete consorcios. Entre las empresas figuran ExxonMobil, Chevron, Total, Statoil y BG, así como Petronas (Malasia), Lukoil (Rusia), la angloaustraliana BHP Billiton y ONGC Videsh, de India. Pemex, a la que se forzó a entregar parte de sus campos por la reforma energética, sorprendentemente anunció su salida, debido a dificultades financieras y otros compromisos. Lukoil también tiene planeado salir de la puja, dijeron fuentes cercanas a la empresa.

Quedar al margen de la primera fase de la Ronda Uno puede ser una acción inteligente, con lo cual las empresas se enfocarían en los bloques de aguas profundas, a ser licitados a principios del próximo año. Son considerados el premio mayor, dado el potencial de descubrimientos y oportunidades de cooperación en el lado estadunidense del Golfo de México.

Tras la Ronda Uno, el gobierno espera por lo menos una década con subastas anuales. Para el fin de la Ronda Cinco en 2019, México espera haber licitado un poco más de un tercio de sus recursos prospectivos. Confiando en que ayudará la planeación de las empresas que enfrentan apretados presupuestos tras la caída de casi 50 por ciento en los precios del crudo desde el verano pasado, México ha trazado una ruta para las próximas cuatro rondas que se realizarán una por año hasta 2019.

México posee sistemas petrolíferos probados, así como algunos activos altamente atractivos. El gobierno calcula que casi la mitad de sus recursos no probados yacen en las aguas profundas del Golfo de México. Además, tiene las sextas reservas más grandes del mundo técnicamente recuperables de gas shale (lutitas), y es octavo lugar en prospectos de petróleo shale, de acuerdo con la Administración de Información Energética (AIE, por su sigla en inglés). Gran parte del shale y las áreas de aguas profundas no se han explorado, como sí se ha hecho en el lado estadunidense del Golfo de México, donde más de mil pozos de exploración y evaluación se han perforado. México solo tiene 26 de ellos.

Un ejecutivo describe las reformas como una “oferta única en la vida” para la industria. Para muchas empresas, especialmente las grandes, la meta final está en los bloques de aguas profundas, cuyos términos de licitación se anunciarán las próximas semanas.

Presión implícita

El gobierno ha recibido elogios por parte de ejecutivos de la industria por la primera licitación. Los términos se han mejorado dos veces desde que se publicaron en diciembre, aunque el gobierno enfatiza que la prioridad es maximizar la ganancia para el Estado mexicano, que es el dueño de los hidrocarburos del subsuelo.

Cifras de la industria y expertos concuerdan en que los primeros 14 bloques de exploración no son los activos más atractivos, pero un ejecutivo de una firma petrolera internacional en México dice que hay una presión “implícita y muy clara” para que participen. “El principal catalizador de esto es político”, dijo el ejecutivo. “Las percepciones son la clave”.

El gobierno necesita con desesperación que lleguen los inversionistas. Pero como la mayoría de los mexicanos vivos a la fecha no han conocido nada más que Pemex, y con una muestra de fuerza en las pasadas elecciones de los partidos de izquierda que se oponen a la venta, la administración de Peña Nieto encara una situación delicada. No puede darse el lujo de verse vender barato las joyas de la corona nacional a compañías trasnacionales, como las que México expulsó del negocio hace tres cuartos de siglo.

México, que suministró una cuarta parte del petróleo en 1921, nacionalizó firmas británicas y estadunidenses en 1938, para crear Petróleos Mexicanos. Por décadas, el petróleo fue el oro negro de México y Pemex la gloria y alegría de la nación, así como el pilar financiero de la segunda economía de América Latina.

Pero una década de producción decadente ha provocado que la reforma sea inevitable en la única petrolera del país. El colapso de 2014 en los precios del crudo solo ha aumentado la presión. Una producción más baja y los precios también han colapsado el monto con que el petróleo contribuye a la hacienda nacional: 15 por ciento, 174 mil millones de pesos en el primer trimestre, contra un pico de 44.3 por ciento en 2008. Pemex no solamente saca menos petróleo, sino que sus ganancias, que son tragadas como impuestos, van a la baja. Pemex va en camino de reportar su undécima pérdida trimestral este mes.

Antes de la expropiación, un manojo de petroleras contribuía a casi 80 por ciento de la producción nacional, entre ellas Mexican Eagle Company, de Royal Dutch Shell y Mexican Petroleum, parte de Standard Oil, que luego se convirtió en Amoco.

La licitación de esta semana es la primera prueba seria de las reformas. Hay optimismo entre los funcionarios de que recibirán posturas por entre 30 y 50 de los campos en oferta, y cualquiera que no haya sido asignado se podrá subastar de nuevo. El gobierno proyecta un promedio de mil millones de dólares por bloque, pero eso se calculó cuando el petróleo se vendía en más de 100 dólares por barril.

“El 15 de julio, a pesar del número de contratos que se entreguen, el éxito llegará si convencemos a la sociedad mexicana de que la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) ha llevado a cabo un proceso licitatorios con total transparencia”, dice Juan Carlos Zepeda, director de la CNH, que es la que opera las licitaciones.

Tal pragmatismo podría ser necesario. Pemex y otras cuatro empresas (Noble Energy; de EU, Glencore, de Suiza; Ecopetrol, de Colombia, y PTT, de Tailandia) se han bajado de la licitación.

Cuando le preguntaron cuántas ofertas cree que se entreguen, el gerente de la empresa que se retiró dijo: “Se va a licitar un bloque. Y me sorprendería que fueran más de tres”.

¿La casa siempre gana?

Además de cumplir con requisitos financieros para precalificar, así como dejar seguridades bancarias que respalden sus programas de trabajo, las empresas en puja deben proveer una garantía de sus matrices (esencialmente un cheque en blanco en caso de que haya otro Macondo o Ixtoc). Si no están dispuestas a ello (y las grandes petroleras no van a apostar toda su riqueza en un simple bloque mexicano), entonces las empresas deben ofrecer una garantía de 6 mil millones de dólares de una afiliada. Aunque las garantías son usuales en la industria, 6 mil mdd es demasiado para algunos.

“Yo creo que eso desincentivará las pujas”, dice Steve Ovillar, socio del despacho legal Akin Gump y asesor jurídico de la CNH.

Al preguntársele sobre las garantías, el jefe para México de una empresa basada en Houston (que se espera participe en la subasta) hizo una mueca de dolor. “Es un gran problema para muchas compañías”, dijo.

Pero de acuerdo con Zepeda (jefe de la CNH), las que se puedan descartar por las garantías son una minoría, y agrega que se trata de un filtro para asegurar que las empresas que entran a México tengan experiencia y sean solventes. “80 por ciento de los jugadores en el lado estadunidense del golfo podrán cumplir con nuestros requisitos financieros”, afirma.

La gran pregunta para este miércoles es cuánto ganarán las empresas. El número mágico de la Secretaría de Hacienda, la inversión mínima requerida se guarda en un sobre sellado que se abrirá el día de la subasta y los funcionarios no han aceptado revelar qué tan alta es la parte del gobierno.

“Una de las preocupaciones sobre esta ronda de concesiones es que los ganadores podrían canalizar toda la ganancias de las rentas al gobierno”, asegura un ejecutivo de la industria”.

Esos dolores de crecimiento son inevitables. “Las rondas de licitaciones nunca son perfectas, esto es un proceso iterativo”, dice la fuente de la firma internacional en México. “Esto es un maratón”.

Los campos de aguas profundas en el Cinturón de Perdido, a ambas orillas de la frontera del golfo, son considerados de enorme atractivo: son parte de un sistema activo de hidrocarburos, el campo Great White, que en lado de EU desarrollan Shell, Chevron y BP. Solo un campo, de seis perforados en el lado mexicano desde 2012, se ha agotado. La pregunta que queda es qué tanto estarán dispuestas a invertir las empresas.

“Por ahora, nadie quiere riesgos”, dice un ex ejecutivo mexicano. “Inclusive en el sector de aguas ultraprofundas de EU no hay nuevas inversiones”. Sin embargo, Otillar dice que el ambiente de precios bajos va a beneficiar a México. “Con un barril a 110 dólares se taparían muchos defectos. México necesita términos competitivos. A la larga, el ambiente actual de precios traerá mejores condiciones fiscales y legales”.

La liberalización del petróleo, promete el gobierno, traerá una mayor prosperidad, así que las apuestas van por lo alto. “Harán que esto funcione”, dice Otillar. “Esto es demasiado grande para que fracase para México”.

6,000 mdd

Fianza de una filial que pide México si las empresas no dan una garantía de sus matrices

107 mil

Millones de barriles que prevén en paquetes que ofrece México, más que las reservas de Kuwait

50,000 mdd

Inversión que, se prevé, entrará a México en 2018 en el sector




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