Gasolineras: nuevos colores, otro negocio

El negocio de los combustibles y las gasolineras marcha más lento por la resistencia de los concesionarios, la falta de infraestructura, los robos en los ductos y la carga fiscal.
Empresas como Grupo Hidrosina, Grupo Eco y Femsa a través de OXXO gas, operan desde los 90 cientos de estaciones de servicio. Ahora, estos negocios ya no están obligados a portar los colores y el logo de Pemex.
Empresas como Grupo Hidrosina, Grupo Eco y Femsa a través de OXXO gas, operan desde los 90 cientos de estaciones de servicio. Ahora ya no están obligadas a portar los colores y el logo de Pemex. (Archivo Milenio y Cortesía)

En Periférico Norte, junto al centro comercial Perinorte, la antigua gasolinera de Pemex ha cambiado de color y exhibe el logotipo Hidrosina (consorcio de la familia Karam que tiene otras 180 unidades en 25 estados de la república).

En la Calzada San Pedro, en Monterrey, hay una que lleva los colores de Petro 7, asociada a 7-Eleven, firma que podría abanderar 230 estaciones ubicadas junto a sus tiendas de conveniencia. La Gas es otra nueva marca de gasolineras en ciudades del sureste, sobre todo Yucatán y Campeche. Oxxo abrió pruebas piloto de Oxxo Gas, y podría extenderse a por lo menos 2,000 gasolineras que están junto a sus tiendas.

No son las únicas marcas que compiten con la franquicia de Pemex. En Tijuana, Grupo Eco inauguró su primera estación de servicio, azul y naranja, en el cruce del boulevard Federico Benítez y Manuel J. Clouthier; seguramente hará lo mismo con otras 30 gasolineras de su propiedad. Y todavía es temprano para saber qué actitud tomarán otros corporativos regionales como Grupo Mexicano (35 gasolineras), Energisur (15 en Chiapas), y Grupo Horizon (40 en estados del Noroeste), así como la estrategia de petroleras extranjeras como Shell, BP, Petrobras, Gulf y Chevron Texaco.

Son los primeros movimientos en una industria anquilosada desde hace décadas por el monopolio de una sola franquicia, la de Pemex, que decidía de manera más o menos arbitraria a quién le concedía el privilegio de participar del negocio y a quién no, pero con la obligación de utilizar sus colores, su modelo de negocio, sus sistemas de distribución y comercialización, y sobre todo su precio uniforme en todo el país (a excepción de la zona fronteriza, donde las autoridades federales podían determinar precios diferentes). Era un negocio mágico y garantizado, sin mucha competencia, porque la paraestatal cuidaba que las nuevas concesiones no interfirieran con sus vecinas.

Hace algunos años, en una entrevista para un medio de la industria, un empresario se quejaba de la competencia y sus riesgos porque, dijo, puede ocurrir que el inversionista calcule el retorno de su inversión a cinco años, construye la gasolinera y a los cinco meses le instalan otra estación unas cuadras antes.

“Toda la planeación financiera hay que tirarla a la basura porque a partir de ese momento va a vender la mitad. El riesgo se va a duplicar y la venta va a disminuir. ¿Dónde está la viabilidad para una inversión?” En esa ocasión, incluso, celebró que los estados de la república establecieran la prohibición de instalar nuevas gasolineras cerca de otras que se encuentran en servicio.

Recientemente, el Grupo de Gasolineros Unidos de Puebla y Tlaxcala propuso al gobierno de Puebla establecer una restricción de un kilómetro para la instalación de nuevas estaciones, aunque finalmente la autoridad estableció una distancia mínima de 100 metros. El Estado de México eliminó restricciones similares (un kilómetro en área urbana y 10 kilómetros en carretera), desde 2014.

Los franquiciatarios también disfrutaron de la laxitud de la paraestatal respecto de la calidad del servicio y el combustible que ofrecían, pudieron manejar personal que en muchos casos no recibe más salario que las propinas, y hasta la posibilidad de vender litros más pequeños sin mayores consecuencias. En mayo pasado, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), reveló que, entre varias decenas de gasolineras revisadas en Puebla, solo dos entregaban litros verdaderos.


Las cosas van a cambiar

Este modelo de negocio monopólico y garantizado, con un solo proveedor y un precio fijado por la autoridad, está en proceso de cambiar de manera drástica, aunque los resultados se verán al cabo de varios años. Para empezar, los primeros movimientos corresponden a empresas que ya tenían la masa crítica suficiente para independizarse y lanzar sus propias marcas. No afectan todavía al resto de las 11,000 gasolineras que existen en el país, la mayoría perteneciente a empresas familiares e inversionistas que tienen quizá tres o cuatro locales, incluso solo uno. Es un negocio pulverizado, y la tarea de convertirlos será lenta y laboriosa.

“En los próximos dos años deberíamos empezara ver con más frecuencia otras marcas diferentes a la de Pemex”, dice Ignacio García de Presno, líder del área de Infraestructura de la consultora KPMG en México, y añade que “para muchas personas será la forma más visible de confirmar los resultados de la reforma energética.

TE RECOMENDAMOS: Franquicias no están obligadas a usar transporte de Pemex: Corte

Al principio, las nuevas marcas podrán tener un precio ligeramente diferente que el de Pemex, porque seguirá siendo un producto muy gravado, y las gasolineras en lo individual podrán ajustarlo hasta donde lo permitan los márgenes”. En el mercado libre, además, es posible anticipar que las gasolineras más alejadas de los centros de distribución tendrán que cargar a su precio el flete adicional, y lo mismo aquellas que estén en lugares de poco flujo o que tengan poca competencia.

Acondicionar y pintar los edificios con nuevos colores; adquirir uniformes; incorporar la plataforma de cobro y facturación, y pagar los derechos para incorporarse a una nueva franquicia puede costar más de 1.5 millones de pesos, y esto no incluye sustituir bombas y sistemas de seguridad. Además, hay que saber que por ahora los precios de las gasolinas seguirán siendo fijados por la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la Secretaría de Hacienda, y que la apertura de los mercados se hará de manera gradual, cada seis meses, comenzando por los estados del norte del país.

Es un proceso que va para largo, y que dará tiempo para que los pequeños propietarios decidan si quieren seguir fieles a Pemex o son seducidos por alguna otra marca. Entonces será tiempo de ver qué tan leales resultan las organizaciones que durante todo el ciclo monopólico se mantuvieron junto a Pemex, como la Organización Nacional de Expendedores de Petróleo (ONEXPO), y la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (AMEGAS), a las que les tocó negociar con la empresa para mejorar sus márgenes y conseguir que las inversiones tuvieran el adecuado retorno.

[DA CLIC SOBRE LA IMAGEN PARA AMPLIAR]

Aunque es temprano para definirlo, es posible que algunas reglas cambien para asimilar un nuevo concepto de competencia, como la posibilidad de que una marca se instale frente a otra de Pemex, en el mismo crucero, como ocurre en ciudades de Estados Unidos y muchos países de libre mercado. Será materia para las autoridades estatales y municipales, sobre todo en materia de impacto ambiental y de uso de suelo, un asunto que seguramente dará muchos dolores de cabeza. No hay que olvidar que muchas concesiones de Pemex fueron otorgadas a políticos y líderes locales, que moverán sus influencias para impedir que otras gasolineras les arrebaten el negocio.


Inversiones: gasolineras con infraestructura

Los especialistas aseguran que muchas gasolineras Pemex cambiarán de banco para aprovechar las ventajas comerciales, la publicidad, las promociones y hasta la curiosidad de los automovilistas, pero no esperan que el número total aumente de manera exagerada porque el mercado está razonablemente cubierto.

García de Presno, de KPMG explica que el consumo de gasolina en México es bastante estable -algunas fuentes estiman un crecimiento anual de apenas 3%-, y que incluso con los años podría decrecer con el uso de vehículos híbridos y eléctricos, los sistemas de transporte masivo y la difusión de la bicicleta en áreas urbanas. “El mercado es el que manda y no va a crecer mucho, así que no hay que imaginar un aumento explosivo en el número de gasolineras porque el pastel es el mismo. Pero sí va a haber muchas que se conviertan a otras marcas, o que se consoliden en nuevos grupos empresariales.”

Consultores especializados estiman que en el curso de cinco años podrían instalarse unas 2,500 a 3,000 nuevas gasolineras, incluyendo las de carga para autos eléctricos, sobre todo en zonas metropolitanas y áreas de alto consumo. Una gasolinera estándar -como las de Pemex, que suelen ser grandes, con al menos cuatro bombas dobles-, requiere una inversión de entre 15 y 20 millones de pesos, y para ser rentable debe vender entre 350,000 y 500,000 litros mensuales.

Pero el cálculo podría cambiar si se introducen en el país otros modelos de despacho, como la sisletas con surtidores de autoservicio en el estacionamiento de centros comerciales y lugares públicos. En todos los casos, parte de la rentabilidad saldrá, no de los combustibles, sino de los negocios accesorios, como tiendas de conveniencia, servicios de mecánica ligera y lavado automotriz, o restaurantes. Casos emblemáticos son las gasolineras con paradores turísticos en las autopistas europeas, o las del Automóvil Club en Argentina, que incluyen restaurantes, salas de descanso, incluso alojamiento en carretera.

TE RECOMENDAMOS: Por gasolinazo, inflación de enero, la más alta desde 1999

También será parte de la oferta la calidad de las gasolinas, y probablemente llegarán otras de especificaciones diferentes a las actuales de 87 octanos (como la Magna), o de 92 octanos (como la Premium); ya en el pasado ocurrió cuando las actuales sustituyeron a la Nova, de 81 octanos, y la Extra sin plomo, de 92.


La industria detrás de las marcas

La discusión sobre el cambio en las marcas, la calidad de los combustibles, el servicio, incluso los precios al consumidor, oculta en realidad el cambio estructural de esta industria, como explica García de Presno. La parte menos visible es la que incluye otros negocios interrelacionados como la importación, almacenamiento y transporte mayorista de combustible, lo que en muchos casos se realiza a través de ductos. En la actualidad ya hay varios importadores privados de gasolina, junto con Pemex.

El proceso siguiente es el transporte y almacenamiento en las áreas de mayor consumo, desde donde el combustible -gasolinas y diésel- se carga en ferrocarril, camiones tanque y pipas para su entrega a las gasolineras y usuarios industriales. García de Presno apunta que a pesar que este subsector debería haberse abierto al sector privado de forma más temprana, diversos factores retrasaron las inversiones, sobre todo en infraestructura de transporte y almacenamiento, que Pemex deberá compartir, y cobrar por ello, con sus competidores.

Pero el plan general es que brockers y mayoristas, como las holandesas Trafigura Beheer y Gunvor o la suiza Glencore, que tienen operaciones en EU y México, se asocien con empresarios mexicanos e inviertan en la construcción de su propia infraestructura. Benjamín Torres Barrón, especialista del despacho Backer & McKenzie, dice que se requerirá una importante inversión privada para aumentar esta capacidad y que las empresas privadas puedan tener tanques de almacenamiento en otras regiones del país.

De paso se abrirían oportunidades para importar y mezclar otras calidades de gasolina, como la de invierno, la Top Tier Detergent para automóviles de alto desempeño y las reformuladas de la marca texana Valero.

[DA CLIC SOBRE LA IMAGEN PARA AMPLIAR]

Agrega que es un tema delicado para que los importadores y distribuidores decidan invertir, debido a los frecuentes casos de ordeña en los ductos y a la inseguridad. “Se requiere implementar sistemas con más seguridad y recursos como telemetría, lectura de flujos, medidores, y que se pueda manejar un combustible de calidad uniforme”, dice Torres, y añade que es buena señal que ya se publicó la norma oficial mexicana 016, que establece las especificaciones y la calidad de los combustibles a consumirse en México.

¿Y qué hay del almacenaje de combustible? En la actualidad, México sólo puede almacenar inventario de gasolinas para dos o tres días, simplemente porque carece de los espacios suficientes en sus Terminales de Almacenamiento y Reparto. Es un volumen raquítico, considerando que México importa más de la mitad de los combustibles.

EU y Japón, por ley, almacenan en grandes depósitos subterráneos entre 70 y 90 días de consumo. Siquiera duplicar la capacidad de almacenamiento significaría inversiones cuantiosas en todo el país, lo que muestra que, aparte de cambiar colores, uniformes y promociones en la venta de gasolina, este negocio tiene mucho camino por avanzar.