La fusión Holcim-Lafarge también oculta enormes retos

La diferencia del precio de las acciones desde que se anunció el acuerdo en abril pasado solo significó que la disparidad aumentó.
Planta de la firma francesa.
Planta de la firma francesa. (Christian Hartmann/Reuters)

Las empresas cementeras Holcim y Lafarge prometieron a sus inversionistas que su acuerdo no era igual a otras megafusiones. Ellos, a diferencia de Omnicom y Publicis o Glencore y Xstrata, resolvieron con anticipación todos los problemas posibles. El precio parecía justo, dijeron, para una fusión entre iguales.

Los puestos de alta dirección se repartieron de forma equitativa y el CEO de Lafarge se preparaba para manejar el grupo combinado, mientras que el presidente de Holcim mantenía su posición. El intenso trabajo de preparación para tranquilizar a los reguladores iba a permitir que lo que parecían enormes obstáculos de competencia en Europa se iban a aprobar con facilidad. Pero como se vio, el acuerdo fue igual que los demás.

En teoría, la parte central del desacuerdo entre los dos fue sobre el precio. Esto siempre se vio mejor para los accionistas de Lafarge que para los de Holcim. La diferencia del precio de las acciones desde que se anunció el acuerdo en abril pasado solo significó que la disparidad aumentó. Mientras Lafarge parece estar listo para ajustar un poco la relación acción por acción, su junta de consejo no consentirá un precio que hizo clara la realidad de la situación, que la empresa suiza tomaba el control.

Una vez que los dos grupos no se pusieron de acuerdo en el precio salieron los guantes. Ahora parece que sí hay problemas “culturales” entre las dos compañías. Holcim ya no está contento con la idea de que Lafont esté al mando. Y aunque Lafarge se queja de que los “conservadores” inversionistas suizos que no logran centrarse en los beneficios de largo plazo del acuerdo, Holcim lamenta la incapacidad de su rival para ser realista en los términos financieros.

También, tras bambalinas siempre hubo dos grandes obstáculos para que el acuerdo de los que el público no se enteró. Los dos consejos anunciaron con bombo y platillo el acuerdo de 41 mil mde como un camino para crear un gigante cementero mundial. En la práctica le ofrece a las dos compañías una útil capa bajo la cual pueden librarse de los activos europeos no rentables, lo que le permite a Lafarge mejorar su calificación crediticia y a Holcim tratar con un accionista no deseado en la forma de Eurocement, que dirige el ruso Filart Galchev. El ex presidente de Holcim Thomas Schmidheiny, cuya familia fundó la compañía, alguna vez creyó que el acuerdo iba a cimentar su legado, pero parece que ahora cambió de opinión.