Lo que Obama debe aprender de las empresas verdes mexicanas

Estados Unidos dio un primer paso contra el cambio climático. En México, Cemex, Bimbo, Femsa y otras llevan hasta 20 años “verdes”. Los estados estadounidenses pueden encontrar ejemplos

Con 20 años de retraso, Estados Unidos dio su primer paso contra el cambio climático. Una zancada contundente con la que planea revertir en 15 años su estatus como el segundo país que más CO2 emite. ¿La meta? 32% menos emisiones de sus centrales termoeléctricas en 2030, respecto a sus niveles de 2005.

Dos décadas pasaron desde la firma del Protocolo de Kioto y una desde la entrada en vigor de sus iniciativas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo. Estados Unidos tiene un amplio catálogo de iniciativas probadas y descartadas desde donde arrancar.

Adherido al protocolo desde el minuto uno, México ha trabajado en diversos flancos para cumplir sus metas. Este año se convirtió en el primer país emergente en anunciar su objetivo climático post 2020 –menos 22% de emisiones para 2030-, de camino a la conferencia sobre el clima de París, a realizarse en diciembre, y cuyos acuerdos sustituirán a los de Kioto.

México ha implementado acciones gubernamentales, legislativas, operativas y de regulación, pero también ha aportado en el escenario de las buenas prácticas corporativas en materia ambiental desde los departamentos de Responsabilidad Social y Sustentabilidad de sus empresas.

Cemex, Bimbo, Femsa y Walmart de México son solo algunas de las que han puesto en marcha estrategias “verdes”, independientes unas de otras, para el aprovechamiento cabal de recursos, la reducción de desperdicios y la innovación tecnológica, con resultados tangibles y replicables.

Todas públicas, forman parte del Índice de Sustentabilidad de la Bolsa Mexicana de Valores, que las alinea con tendencias internacionales. Esto las hace atractivas para la inversión socialmente responsable de inversionistas con conciencia ambiental y social, que es la que más ha crecido en los últimos años.

Hacia un mundo “verde”

Cada una desde su particular estructura y necesidades, porque “no hay recetas estándar”, según la consultora Deloitte, estas empresas mexicanas tienen programas, proyectos y campañas para cimentar los tres planos de su sustentabilidad: gobierno corporativo, responsabilidad social y compromiso con el medio ambiente.

En todos, pero especialmente en el área “verde”, es necesario invertir para ganar: ser sustentable requiere inyecciones constantes de capital en innovación y desarrollo tecnológico, “que puedan ser buenas tanto para el medio ambiente como en materia de rentabilidad”, ha dicho en varias ocasiones Daniel Servitje, director general de Bimbo.

Bimbo destaca por el largo camino que ha recorrido, pues formalizó su política en materia de energía y uso racional  de recursos desde 1991 y no ha parado.

Hoy su estrategia va desde uso de empaques renovables o reciclados y de fácil biodegradación hasta la inversión en parques eólicos como el de Piedra Larga en Oaxaca, que abastece cerca de 90% de la electricidad de sus plantas, los centros de distribución en Guadalajara y Monterrey y las oficinas corporativas del DF.

Las buenas prácticas “verdes” no solo cubren obligaciones morales con la sociedad y el medio ambiente, también ayudan en el mediano y largo plazos a reducir gastos y a hacer más eficientes los procesos, señala Juan Andrés Ruiz,  subdirector de administración de energía en Walmart de México y Centroamérica.

Si bien la estrategia de esta cadena minorista es global, la filial de México y Centroamérica aporta 42% a la meta de uso de energías renovables del corporativo para 2020, fincada en 7 mil Gw/hr. Al cierre del primer cuarto de 2015, 51% de la energía que Walmart consume en México proviene de fuentes renovables, especialmente eólicas.

Otro punto importante en la construcción de una política ambiental sana es que las acciones “verdes” formen una cadena que involucre a todos los actores. De poco serviría que Bimbo, Cemex y Femsa disminuyan su consumo de agua y energía fósil si sus proveedores o clientes contaminan y desperdician por tres. Como de nada serviría el plan en Washington D.C. si no se adhieren a él los 50 estados de esa nación.

Ser “verde” requiere reducir, reciclar y reutilizar en su sentido más amplio: ahorro y tratamiento de aguas, generación y uso de energía limpia, cero emisión de gases efecto invernadero, manejo de los desechos sólidos e hídricos, y reforestación.

El carrito de 2020

El Plan de Energía Limpia (Clean Power Plan) presentado por Barak Obama llega justo a tiempo para dar un impulso a los acuerdos contra el cambio climático, con el fortalecimiento en materia de investigación y desarrollo tecnológico en el ámbito de las energías renovables, un avance que deberán contribuir a la democratización de estas fuentes de energía y a la reducción de sus costos de producción y distribución.

Para llegar a su meta puede voltear a ver la experiencia de los más de 180 países adheridos al Protocolo de Kioto.


El plan de Obama

Con su Plan de Energía Limpia (Clean Power Plan), Barak Obama centra sus esfuerzos en en ámbito energético. Impone límites drásticos a las emisiones de las plantas y se compromete a aumentar hasta 28% la dependencia de Estados Unidos de las energías renovables en 15 años; para lograrlo echará mano de las mejores prácticas globales en ese sentido.

Igual que Bimbo, Lala y Cemex suben al tren a sus proveedores, Obama comprometió a toda la cadena de mando en la federación: cada estado debe presentar en 2016 la versión inicial de su plan ambiental y tendrán dos años para la versión final. Si algún estado se niega a participar, el gobierno impondrá lo que debe hacer y sus metas.

Se creará un mercado -similar a global de Bonos de Carbono- que prevé el intercambio de recortes energéticos por beneficios fiscales, y la necesidad de “comprar” licencias para contaminar por encima de los límites impuestos.