Las empresas grandes educan a las pequeñas

La cadena de valor es una iniciativa que, como efecto cascada, permite a la empresa bajar y exigir buenas prácticas a sus proveedores.
Walmart tiene 26,653 proveedores de productos e insumos para su operación, de los cuales 74% son pequeñas y medianas empresas en México.
Walmart tiene 26,653 proveedores de productos e insumos para su operación, de los cuales 74% son pequeñas y medianas empresas en México. (Foto: Cortesía)

Como si fuera una pirámide, construir un entorno corpora­tivo socialmente responsable requiere de la participación de todos. El trabajo aislado de una sola empresa, por más grande que sea, se diluye al traspasar la puerta de salida, a menos que su cadena de valor abrace las prácticas con el mismo entusiasmo.

Empresas grandes, pequeñas, medianas o microempresas forman parte de cadenas de valor cada vez más amplias, donde los proveedores, fabricantes y distribuidores comparten la res­ponsabilidad de hacer lo correcto en materia ambiental, social, económica y ética en busca de lograr impactos positivos en su entorno.

“Una cadena de valor sostenible es un sistema de actividades de negocio, alineadas a lo largo de todo el ciclo de vida del producto, que crean valor para todos los interesados, que aseguran un éxito constante y que mejoran el bienestar de las personas y del medio ambiente”, define Lena Strandberg en un cuadernillo de la cátedra “La Caixa”, editado por la escuela de negocios de la Universidad de Navarra.

Y como en todo, “la fortaleza de una cadena depende de la de su eslabón más débil”, agrega el texto. Esa parte son “las microempresas, que a diferencia de las grandes no tienen presu­puesto ni tiempo para implementar un programa de responsabilidad social empresarial (RSE), o al menos eso creen”, señala Óscar Braun, presidente del Consejo Mexicano para el De­sarrollo Económico y Social (COMDES).

“No es realmente caro implementar un pro­grama de RSE, se puede hacer con un presu­puesto mínimo si te basas en la norma ISO 26000, que no es una certificación, es gratuita y te aseguras de que cumplirás los estándares. El reto es hacerles ver que son muchos los be­neficios de ser responsable”, explica Braun.

Es aquí en donde los esfuerzos de grandes empresas como Bimbo, Sigma Alimentos, Walmart y Cemex, entre muchas, cobran vital importancia, pues permean sus programas de Responsabilidad Corporativa a toda su cadena de valor desde el mismo contrato de arranque de sus sociedades comerciales.

Forzados a hacerlo bien

A simple vista, los estándares de entrada que las grandes empresas exigen a sus proveedores son complejos y significan “un esfuerzo terrible para muchas”, admite Gisela Noble, coordinadora de responsabilidad Corporativa y directora de Fundación Walmart de México A.C.

“Lo que hacemos tiene que ver en todos los ámbitos de nuestro negocio y en la propia ope­ración y nuestros contratos manifiestan lo que la empresa busca, es una señal de lo que nos importa”, en materia ambiental, social, laboral y ética. “Tenemos la responsabilidad de hacer lo correcto”, dice Noble.

Otras, como Bimbo, Cemex y Sportsworld, tienen códigos de conducta para sus proveedores, quienes al firmar garantizan que sus prácticas son legales, éticas y socialmente responsables; estas exigencias se integran en sus políticas y prácticas de compra, distribución y contratación.

Esto, agrega Gisela Noble, vale la pena para todos en aras de formar sociedades comerciales de largo aliento, por un lado, y también porque “una vez que lo estás haciendo, no solo impactas positivamente al ambiente, a la sociedad, a tus trabajadores, sino que resulta en reducción de costos. El ejemplo más claro es la optimización del uso de energía y el uso de fuentes no fósiles: contaminas menos y es más barato”.

Además de extender sus principios de RS, estas medidas son parte importante de la gestión de riesgos, señala Elian Salazar, de la agencia ReSponsable, “el caso más conocido es el de Nike, que en los 90 perdió millones de dólares y su reputación con el escándalo de que utilizaba mano de obra infantil para fabricar balones… En realidad era uno de sus proveedores”.

La firma del contrato es solo el inicio. Las grandes empresas socialmente responsables au­ditan a sus socios comerciales para asegurarse de que cumplen con las responsabilidades adquiri­das, pero también los acompañan en sus procesos de mejora, los capacitan y los desarrollan.

Cemex, por ejemplo, tiene como meta crear empresas más productivas, competitivas y humanas, y fomenta la RS como un modelo de gestión a través del portal www.empresarse.com, desa­rrollado en conjunto con el TEC de Monterrey y el apoyo de IBM y el Banco de Desarrollo Interamericano, donde brinda herramientas innovadoras, información, asesoría y capacitación en el tema a MiPyMes.

Hechos son amores…

Además de los contratos y códigos de ética, las empresas más grandes implementan también programas diversos y actividades enfocadas a solucionar problemas específicos, ambientales o sociales, en los que involucran a su cadena de valor, ya sea como agentes de cambio o so­cios responsables.

Como cuando Bimbo, pionera en el tema, desarrolló su programa de compra de insumos certificados –aceite de palma y madera-; o cuando Walmart, que impulsa la RS entre sus 22,000 proveedores, lanzó su iniciativa de empaques, donde puso a competir a sus pro­veedores para producir el más amigable con el medio ambiente y el más competitivo en costos, transporte y almacenamiento.

Otra parte importante de la promoción de la RS que hacen las grandes empresas es la que se refiere al fomento del desarrollo de sus proveedo­res locales, indica Elian Salazar, de ReSponsable, como lo hizo Pirelli, que premia a sus mejores proveedores –y a los proveedores de sus pro­veedores; o Sigma Alimentos, que compra mi­les de litros de leche a pequeños productores con su programa Fomento Lechero.

Con estas acciones y programas, las empresas involucran a su cadena de valor y al mismo tiempo evalúan la calidad de los servicios e insumos que les proveen, establecen indicadores de cumplimiento y elaboran planes de mejora. Al final aseguran la calidad de sus propios pro­ductos y la optimización de sus procesos.

Cómo empezar

Las empresas no están solas a la hora de arrancar sus programas de RS. Existen muchos están­dares relacionados con la responsabilidad social que sirven como referencia para que las em­presas empiecen a impactar en su cadena de valor, como el Pacto Mundial, las Directrices de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la GRI (Global Reporting Initiative) y la ISO 26000 (Norma Internacional de Responsabilidad Social).

De reciente creación, pues es de 2012, la ISO 26000 reúne los lineamientos internacio­nales para diagnosticar el grado de compromiso de una organización, sea pública o privada, con la responsabilidad social y hoy todavía es un área de oportunidad para muchas empresas. “No importa el tamaño de una empresa, esta norma es fácil de adoptar, es voluntaria y sin costo”, señala Óscar Braun, del COMDES.

“Es un manual muy simple que cubre temas como la gobernanza, los derechos humanos, las prácticas laborales, el medio ambiente, los consumidores… Es un buen primer paso para entrar al tema sin exponerse a consultores que muchas veces no son especialistas”, añade.