Hamburgo da clases de basura a México

Los desperdicios urbanos son reflejo de la sociedad, y en México seguimos tirando algo en cada paso que damos
Aunque no lo parezca, esta basura fue previamente seleccionada en Hamburgo y está destinada para pasar un proceso de incineración y producir energía eléctrica.
Aunque no lo parezca, esta basura fue previamente seleccionada en Hamburgo y está destinada para pasar un proceso de incineración y producir energía eléctrica. (Foto: Shutterstock)

En París, desde octubre, se aplicará una multa de 68 euros a quien sea sorprendido tirando en la calle la colilla del cigarrillo. Y aunque es poco probable que los policías se dediquen a perseguir a los fumadores para que usen los ceniceros instalados en las zonas céntricas, el asunto muestra lo delicadas que se han vuelto las autoridades para mantener la limpieza. Por eso hay quienes juran que en algunas ciudades europeas, incluso en Tokio y otras de Asia, no hay ni un papel tirado en las calles.

Entre la basura y los residuos sólidos

En la Ciudad de México ni siquiera se sabe con certeza de qué tamaño es el problema. Las autoridades del Gobierno del Distrito Federal estiman que cada día se generan en la Zona Metropolitana entre 14 mil y 19 mil toneladas de residuos sólidos, de los cuales casi la mitad son generados por los hogares, 23% por comercios y pequeñas industrias, mercados y otras actividades. Solo se recolecta 70%, y el resto acaba en la vía pública, barrancas y terrenos baldíos. Según la Secretaría de Medio Ambiente del GDF (SEDEMA), casi 20% del volumen se puede reusar o reciclar, y más de 12 mil toneladas diarias, se envía sin mayores procesos a los tiraderos y rellenos sanitarios que no están en la ciudad sino en los estados de México y Morelos.

En el Foro Internacional “Valorización energética de los residuos urbanos”, organizado por la embajada de Alemania en México y la Agencia Alemana para el Desarrollo (GIZ por sus siglas en alemán) estuvieron Tanya Müller, titular de la SEDEMA, Efraín Villanueva, director general de Energías Limpias de la SENER, y Carlos Sánchez Gasca, director de Fomento Ambiental, Urbano y Turístico de la SEMARNAT, así como funcionarios del gobierno alemán, académicos y promotores ambientales.

Llamó la atención la conferencia de Michel Pollman, un biólogo que hasta principios de este año vivía en México como director del Programa de Gestión Ambiental, Urbana e Industrial de la GIZ; recientemente fue nombrado subsecretario de Medio Ambiente de la ciudad autónoma de Hamburgo, la segunda ciudad en importancia económica del país, y una metrópolis con más de cinco millones de habitantes. Para poner los datos duros por delante, hay que decir que desde 2005, la ciudad prohibió la operación de rellenos sanitarios y tiraderos.

Entonces, ¿qué hacen en Hamburgo con la basura? La separan desde la fuente utilizando cuatro contenedores de diferentes colores, con lo cual no hay basura sino residuos urbanos. Así se puede compactar, reciclar y reusar papel y cartón, envases de aluminio, vidrio, plástico, equipos electrónicos, con lo que el volumen se reduce a menos de la mitad. La ropa y los muebles usados son recolectados, procesados y vendidos en un mercado de segunda mano.

Lo que puede reciclarse se comercializa y convierte en dinero para financiar la operación municipal. Los residuos húmedos, como frutas, verduras y otros desperdicios son procesados en plantas de fermentación con capacidad de hasta 70 mil toneladas, donde se convierten en composta y biogás (que se vende como combustible para la red pública). La composta es muy demandada, y tiene un precio de entre 30 y 40 euros por tonelada.

Aun después de estos procesos quedan residuos y materiales que no pueden valorizarse, así que se queman en la atmósfera controlada de las plantas incineradoras, donde el calor generado por la combustión se utiliza para producir electricidad y agua caliente para calefacción (esto también es una fuente de ingresos para el sistema).

Pollman explicó que de cada tonelada quemada quedan unos pocos kilogramos de metal y subproductos, que se pueden comercializar. Ese remanente, completamente inocuo y que representa una porción mínima de volumen recolectado, es enviado a un depósito para su disposición final.

Los primeros pasos de México

Las cosas están mucho más atrasadas en México, donde la descripción de estos procedimientos despierta asombro e incredulidad. Tanya Müller, titular de la Secretaría del Medio Ambiente del GDF, recalcó la importancia de impulsar las normas ambientales, que permitirán agilizar la separación de materias orgánicas, inorgánicas y valorizables. Pero lo cierto es que en el pasado se hicieron esfuerzos parecidos, que quedaron en el papel porque se impuso la realidad de los intereses creados y los conflictos políticos.

Es muy simplista decir que los ciudadanos de Hamburgo tienen la conciencia, la disciplina y los incentivos para resolver el fenómeno de los residuos, y asumir que una práctica similar sería imposible en países emergentes o con una menor cultura cívica y participativa. Sin embargo, Pollman y otros panelistas del Foro coincidieron en que esas experiencias sirven como guía, y que pueden lograrse avances sustentables cuando los gobiernos, la iniciativa privada y los particulares coinciden en alguna parte de la problemática.

En el caso de Hamburgo, toda la infraestructura está en manos de una agencia estatal, pero que opera con los estándares de eficiencia y transparencia de una empresa privada, con un directorio técnico y un consejo de administración no politizado. Un dato importante es que si bien existen algunos subsidios, los ciudadanos pagan por este servicio -25 euros mensuales-, con la misma puntualidad que lo harían con la luz, el gas y el teléfono. Y quienes más desperdicios generan, más pagan.

Esta compañía es la que proporciona los contenedores de cuatro colores a las casas y negocios: azul (papel), verde (alimentos), amarillo (envases) y gris (electrónica y todo lo demás), hace la recolección, procesa y comercializa lo que se puede reciclar, y aprovecha la energía contenida en la materia orgánica y en la incineración. “Responde a políticas públicas muy serias y que se cumplen con bastante formalidad, explica el especialista. Todos acaban por comprender que es en beneficio colectivo, y que detrás de los residuos separados hay un contenido económico y energético que se puede aprovechar”.

En varias ciudades de Europa ya se habla de “minería urbana”, y en Alemania, más de 5% de toda la energía que se consume proviene de la descomposición de productos orgánicos (biogás), así como de las plantas de incineración. En otras ciudades germanas la operación corre por cuenta de empresas privadas, de las cuales el grupo Alba (www.alba.info) es la mayor, con más de 2 mil 600 camiones recolectores automatizados y un modelo de negocio en el que se aprovecha todo el valor de los residuos.

Las opciones para México

En entrevista, el biólogo Pollman reconoció que México ha asumido compromisos muy importantes en materia ambiental y frente al cambio climático, pero que todavía debe aterrizar esa visión para poder manejar el reto desde el punto de vista normativo, tecnológico y financiero. Dijo que es imposible predecir el tiempo que le tomará a la ciudadanía incorporar las propuestas para una ciudad más limpia, aunque insistió en que es evidente que sólo se puede avanzar cuando hay disposición para contribuir de manera comprometida. “Si hay una mala relación de comunicación y de desconfianza con la autoridad, la ciudadanía siempre va a preguntar por qué se le pide un pago si no está claro qué se hace con ese dinero. A nadie le gusta pagar, y si en la opacidad encuentra una buena excusa para no hacerlo, se cierra el círculo vicioso.”

Superar ese desafío requiere mecanismos que están más allá del tema de los residuos y el medio ambiente, comenta, y que tienen que ver con la construcción de una ciudadanía participativa y que tenga una buena relación con la autoridad. “Me parece sumamente importante que los municipios se fortalezcan en el ejercicio de su autoridad y tengan legitimación democrática. Esto es más importante que el debate técnico sobre qué hacer con los residuos urbanos, y la muestra es que en los últimos veinte años se han intentado muchos esquemas y todavía existen sectores informales muy importantes que le dan precariedad a los sistemas municipales.”

“Hay que desideologizar el debate sobre la privatización o concesión de los servicios” –explica Pollman-, “porque sean empresas privadas o públicas, en ambos casos se requiere una autoridad fuerte, comprometida y transparente. Si esto ocurre, sus decisiones se legitiman y puede ser útil facilitar los procesos a través de licitaciones y concursos en los que participe el sector privado. Pero es una ilusión asumir que a largo plazo será más barato, porque el sector privado tiene una expectativa de rentabilidad sobre el capital”.

Sin embargo, opina que la inversión privada puede ser la solución cuando la administración pública no dispone de los fondos o la infraestructura para enfrentar el servicio, pero siempre y cuando lo haga de una manera formal y apartada de los conflictos de interés o la corrupción.

Los ricos de la basura

Entre los principales jugadores del negocio de residuos en México se encuentra BioPappel, de la familia Rincón Arredondo que acaba de adquirir la marca de cuadernos Scribe.

Cuando los residuos se separan en la fuente –papel, cartón, plásticos, vidrio, metales, etc.--, la posibilidad de reciclar y reusar cobra sentido y se convierte en un negocio. En México, una buena parte de este trabajo lo realizan empresas pequeñas y medianas que recogen desperdicios de empresas, industrias, centros comerciales, hoteles, hospitales y edificios corporativos; otra parte la procesan los recolectores municipales y los pepenadores voluntarios e informales, que también son proveedores para una amplia aunque poco estructurada red de centros de acopio de papel, plástico, metales y vidrio.

El papel es un componente muy importante de los residuos urbanos y de las empresas, y según el Centro de Información y Comunicación Ambiental de Norte América (CICEANA), casi 80% del volumen de papel y cartón fabricado en México tiene una proporción de celulosa o fibra reciclada. Según el Plan de Manejo de Residuos de Cartón y Papel de la Cámara del Papel, México ocupa el quinto lugar mundial en reciclaje de papel y cartón, pues se recuperan hasta 3.2 millones de toneladas por año.

Una parte de este volumen es utilizado como materia prima por BioPappel, de la familia Rincón Arredondo, la empresa papelera más importante de México y América Latina; presume que desde hace una década no ha cortado un árbol y que sólo utiliza papel reciclado, que obtiene mediante una red de pequeños empresarios y acopiadores (el modelo de “bosque urbano”). En 2014 recicló 1.5 millones de toneladas de papel y tuvo ventas totales por 12 mil 200 millones de pesos, lo que habla de su potencial económico (acaba de adquirir la marca de cuadernos Scribe). Con más de 11 mil trabajadores en México y Estados Unidos, anunció la inversión de mil millones de dólares para la construcción de una red de 10 plantas para fabricar empaques, utilizando material reciclado.

Otro componente de los residuos en el que México hace buenos negocios son los plásticos, ya que si bien es el tercer mayor consumidor de envases a nivel mundial, es el número uno en reciclaje. En 2014 se recuperaron 405 mil toneladas de PET, de las cuales 46% se utiliza para producir fibras, juguetes y productos de plástico, mientras el restante 54% se exporta en forma de escamas, principalmente a China. La operación de acopio y molienda la realizan varias empresas privadas, aunque la sobresaliente es Ecoce, una organización no lucrativa patrocinada por los fabricantes de bebidas, refrescos y alimentos; administra 12 plantas de reciclado de PET (envases grado alimenticio y no alimenticio, fibra textil, poliéster, láminas de termoformado, flejes y filamentos).