La paradoja energética de México

Según Energy XXI, Pemex arriesga la seguridad en temas de energía en su proceso de desmonopolización.
México es el segundo país con mayor seguridad energética, puesto que podría perder cuando Pemex deje de ser la empresa que controla y concentra todas las actividades petroleras.
México es el segundo país con mayor seguridad energética, puesto que podría perder cuando Pemex deje de ser la empresa que controla y concentra todas las actividades petroleras. (Foto: Cortesía PEMEX)

Una paradoja de la nueva realidad energética de México es que si bien casi todos en la industria, desde autoridades y empresarios hasta analistas, está de acuerdo con que la transición de Petróleos Mexicanos de monopolio a una empresa productiva del Estado traerá más beneficios que desvelos a los consumidores, el mayor riesgo para el país es que podría perder su estatus como una de las naciones con el mejor nivel de seguridad energética.

Y es que los últimos años, México se ha ubicado entre el primer y segundo lugar del Índice Internacional de Riesgos para la Seguridad Energética, un análisis que elabora el Instituto para la Energía del Siglo XXI (Energy XXI) para la Cámara de Comercio de Estados Unidos (EU).

De hecho, en la última edición de dicho ranking, México ocupa el segundo en seguridad energética, solamente detrás de Noruega. Ambos países, como se sabe, tienen una política energética basada en empresas estatales. En el caso del petróleo, Noruega tiene a Statoil y México a Pemex.

Previo a la reforma energética que emprendió la administración del presidente Enrique Peña Nieto, México tenía en Pemex una empresa que concentraba todas las actividades petroleras, tanto de exploración y producción, como de refinación, transporte y distribución de energéticos.

Por esa condición de ejercer un poder monopólico sobre los hidrocarburos, dijo Energy XXI, México tiene un alto nivel de seguridad energética. Esto porque a pesar del declive en la producción, Pemex sigue figurando como una de las empresas con mayor nivel de explotación.

Sin embargo, expertos coinciden en que una vez que México empiece a “desmonopolizarse” el Estado podría perder control sobre su soberanía energética, abriendo el mercado pero aumentando su riesgo en el concierto de las naciones productoras y consumidoras.

Por ello, los expertos llaman a cuidar la transición del monopolio a una verdadera empresa del Estado que compita en el mercado en condiciones más reales y no a erosionar la riqueza petrolera del país.

“Esa destrucción del monopolio debería dar más bienestar a los consumidores”, dijo Hugo Javier Fuentes, profesor de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey, campus Santa Fe. “Pero hay que cuidar que este proceso de despetrolización no nos lleve a una desnacionalización de la industria”.

Para elaborar su índice y determinar el riesgo energético, la consultora cruza los niveles de producción y control de la agenda petrolífera de cada país con el gasto per cápita en energía, así como en las emisiones per cápita de dióxido de carbono. El estudio destaca que estos factores para México son bajos; es decir, el gasto en energía a nivel nacional así como las emisiones de CO2 por cada habitante.

Energy XXI revisa datos de las 25 economías más ricas del mundo, agrupándolas en dos secto­res: altos consumidores y consumidores medios de energía. Los datos que evalúa incluyen re­sultados a partir de 1980.

Para 2015, con base en datos de 2013, Energy XXI refiere que Noruega es el país con la mayor seguridad energética, con 774 puntos de riesgo, 15% menos que el promedio de 912 puntos de las naciones que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

México marcha en segundo, con 802 puntos riesgo. Según Energy XXI, México había sido el país con el mejor índice de seguridad ener­gética entre 1980 y 1995 y luego ha fluctuado entre el primero y segundo. Casi siempre, asegura la consultora, este bajo riesgo se debe al control sobre los energéticos y el acceso, en caso de emergencia, a reservas de EU en cuanto a ga­solina y gas natural.

Sin embargo, Energy XXI advierte que las calificaciones del riesgo energético de México han ido al alza en relación al promedio base de la OCDE, el principal indicador de seguridad energética para el país.

“Si esta tendencia de mayor riesgo persiste, se podría reflejar en calificaciones más bajas en los años siguientes”, afirma Energy XXI. Agrega que entre 1980 y 2013 solamente tres naciones ocuparon el principal lugar en el ran­king: México, Noruega y el Reino Unido.

A pesar de que en los últimos 18 meses los precios internacionales del crudo han bajado, dejando a México como uno de los más dam­nificados por su dependencia económica de la venta del petróleo al extranjero, así como de una producción decreciente, México sigue manteniendo una robusta seguridad energética.

Los autores del reporte refieren que una base de recursos abundantes no garantiza una buena posición en el índice. Asimismo, una base peque­ña tampoco significa que la nación en cuestión tendrá una mala calificación.

Por ello, aunque la producción de hidrocarbu­ros pasó de 3.9 millones de barriles por día en 2004, a 2.9 millones en 2014, y 2.1 millones desde hace unos meses, México no ha perdido su estatus de ser una nación segura energéticamente.

Para su evaluación, Energy XXI toma en cuenta factores como desarrollos tecnológicos, crisis políticas, desastres naturales, cambios en políticas públicas o combinaciones de todo esto.

En el caso de México, dice la consultora, no ha habido variaciones significativas en estos elementos, por lo cual no ha cambiado mucho la ubicación en el índice de seguridad energética.

En sí, las ventajas que se ven en el panorama energético de México son: un bajo gasto en importaciones de combustibles por cada dólar generado de Producto Interno Bruto (PIB). En 2015 México importó gasolinas y diesel por 16,000 millones de dólares, con un PIB de más de 1.5 millones de millones de dólares.

Asimismo, hay un bajo nivel de uso energético per cápita, tanto en la economía en general como en el transporte.

De hecho, de acuerdo con expertos del mercado, el que la demanda de petróleo en el país no se haya incrementado es una de las razones por las que la situación económica no se ha deteriorado más.

Desde 2000, la demanda total de petróleo per cápita ha caído 18%, de más de 3 litros diarios a 2.80 litros aproximadamente. Esto cuando entre 2000 y 2014 la población creció en 21 millones y la flota vehicular se duplicó.

Más que los cambios en el ranking, Energy XXI asegura que a México le debe preocupar que sus puntos de ventaja sobre el promedio de los demás países de la OCDE se están adelgazando.

En 1980, refiere el estudio, la calificación de riesgo de México era 29% mejor que el de la OCDE, mientras que en 2013 era de apenas 12%, lo suficiente como para ubicarse en segundo lugar global pero ya con cierta luz de alerta.

La buena noticia, afirma, es que México em­prendió reformas constitucionales que permiti­rán, por primera vez en décadas, la inversión extranjera directa en el sector energético.