La pantalla cubana

Todos voltean hacia la isla que está cambiando. Desde México ya hay 15 proyectos de inversión en marcha.
Chanel hizo el primer desfile de moda en la isla desde la Revolución y escogió el Paseo del Prado para presentar su colección Crucero ante 700 invitados.
Chanel hizo el primer desfile de moda en la isla desde la Revolución y escogió el Paseo del Prado para presentar su colección Crucero ante 700 invitados. (Foto: Cortesía)

Cuba ofrece un mundo de oportunidades. Los ejemplos son claros: la presentación de la colección Crucero de Chanel con un desfile por el Paseo del Prado en la capital cubana, el lanzamiento del Audi Q2 por el malecón de la isla, y la publicidad del nuevo vuelo diario de Iberia, Madrid-La Habana.

Un poco antes, la imagen del presidente de los Estados Unidos (EU), Barack Obama, bajando de su avión en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, fue la escena clave que hace pensar que la Cuba socialista había quedado atrás. 

Es cierto que el restablecimiento de las relaciones con EU dará un giro a la economía de la isla, pero hay que tomar en cuenta que la apertura comercial es parcial.

Para hacer negocios con Cuba, se deben analizar las oportunidades desde dos vertientes. La primera, que en aquel país la industria es estatal. Las empresas de las grandes industrias, agrícola, metalúrgica, energética, química y textil, entre otros, pertenecen al estado u operan a través de firmas extranjeras con un esquema de participación mixta. La excepción es la zona Especial de Desarrollo Mariel, donde habrá proyectos con inversión extranjera directa.

En un segundo plano existe la actividad privada, o empresarial. “A nivel individual existen permisos llamados de gestión no estatal”, dice Caridad Limonta Ewen, fundadora y directora de Confecciones Procle, una empresa de confección de textiles como ropa, uniformes y diseños para la industria hotelera.

Esta resolución para crear pequeñas empresas permite realizar más de 200 actividades como profesionista independiente -artesano, ebanista, profesor, restaurantero o arrendador de casas y hoteles, entre otras- para abastecer de servicios al mercado cubano.

Limonta se graduó en Ucrania, en la ex Unión Soviética. A su regreso a Cuba tuvo una exitosa carrera en el sector textil. Una enfermedad la orilló a renunciar y la motivó a emprender. “En 2011 fue cuando se publicó el decreto para que los independientes formalizaran sus negocios, y así comencé a crecer”. Actualmente, más de 500,000 personas trabajan como particulares en el sector no estatal, según datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la isla.

Oportunidades a pequeña y gran escala

Limonta confecciona prendas de vestir bajo la categoría de trabajo de modista-sastre. Para expandir su negocio viajó a Italia, y a través de un intermediario y un fondo de recursos para bienes culturales, logró comprar tela en pequeñas cantidades.

La empresaria carece de materias primas, por lo que ha viajado a EU y México en busca de proveedores. “En México hay excelentes textiles, solo que EU está a la misma distancia, lo que abre la posibilidad de comerciar con ambos países”, advierte.

En este contexto de competencia, la oportunidad para los empresarios mexicanos es limitada porque no es posible importar ni exportar, como particular, al mayoreo. Es decir, para comerciar a gran escala la opción es acercarse a la industria estatal. “Si un mexicano quiere traer un contenedor con tela no se lo puedo comprar, solo el gobierno”.

De cualquier forma, Limonta ve una oportunidad. “Hay que comenzar a generar vínculos de persona a persona, hay que conocernos y acercarnos poco a poco para que cuando se abra todo, ya tengas un camino andado”.

La apertura comercial es el primer paso de una integración económica. “Primero se firman acuerdos y a partir de ahí comienzan los protocolos de complementación”, dice Cecilia Landeros, académica de la Universidad Anáhuac Sur, experta en derecho internacional privado.

México no tiene un tratado de libre comercio con Cuba, por lo que China, Holanda, Reino Unido, Canadá, Brasil y España están antes en la lista de países para hacer negocios. “Para los mexicanos no será tan atractivo invertir hasta que haya procesos estandarizados y que el poder adquisitivo de los cubanos suba”, dice Landeros.

“El tema de la apertura es más político que económico”, dice Manuel Valencia, director de negocios internacionales del TEC campus Santa Fe. Por ahora beneficia a empresas de consumo que ya tienen operaciones en El Caribe o alguna representación en la isla, como Unilever, afirma. Estas compañías, de medianas a grandes, son las que tienen capacidad para negociar el volumen con el gobierno y dirigirse al mercado de consumo.

Como mercado, Cuba es atractivo por los 11 millones de personas con necesidad de consumir todo tipo de bienes y servicios. Aunque hay gran especulación sobre la continuidad en el proceso de apertura económica.

“Hay temor de que no se respeten los acuerdos”, dice Valencia. Cuando ocurrió la revolución cubana se expropiaron empresas y patrimonio extranjeros, y hoy no hay certeza política de que esto no vuelva a ocurrir, comenta. 

Por ahora, la intermediación con el gobierno cubano y la triangulación de negocios con otros socios extranjeros será vital para aprovechar los indicios de la transformación económica del país.

Entre lo público y lo privado

En Cuba hay una alta expectativa por la construcción de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, un puerto y centro logístico que pretende atraer la inversión extranjera, propiciar el desarrollo industrial, el comercio internacional y la transferencia de tecnología.

En una extensión de más de 400 kilómetros se instalarán proyectos que activarán la economía cubana. El primer proyecto autorizado es de la empresa mexicana de alimentos Richmeat, seguida de Devox, que fabrica pinturas de uso doméstico e industrial. Ambas cuentan con el apoyo de ProMéxico y Bancomext.

El interés de México respecto de Cuba va en aumento desde que entró en vigor la reforma a la Ley de Inversión Extranjera en 2014. Para 2016 hay al menos 15 proyectos de inversión, cuando en 2010 la Secretaría de Economía no tenía registro de empresas mexicanas operando en la isla.

“El cambio será lento”, dice Landeros. Al igual que en México, donde hubo una apertura sectorial en energía y telecomunicaciones que atraerá inversión, pero no de inmediato. De aquí a 2020, afirma Valencia, el panorama en la isla será incierto de cara a las elecciones de EU.

Mientras tanto, los cubanos siguen en busca de socios y materias primas de todo tipo. Para hacer negocios, en los años por venir, tienen bajo la manga su mejor carta: la educación. La población Económicamente Activa de la isla asciende a 5 millones de trabajadores, todos con un nivel educativo promedio de preparatoria terminada.

“Cuba va a cambiar y todo el mundo debe estar listo”, dice Limonta. “El país va hacia una gestión no estatal y en algún momento se abrirá el suministro a mayoristas porque el Estado no se dará abasto”.