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Domingo , 21.10.2018 / 07:58 Hoy

Franceses en el patio alemán

Ahora Emmanuel Macron podría dirigir la orquesta en Europa.

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Al llegar a Bruselas este año como el nuevo corresponsal del Financial Times en la Unión Europea (UE), varias veces recibí un consejo: los alemanes son la clave de todo en esta ciudad. Eso fue a principios de septiembre, poco antes de las elecciones generales en Alemania. Bruselas despertaba del letargo veraniego. El consejo tenía sentido. Como un observador externo de los asuntos de la UE, parecía como que nada se podía hacer en esa región, o en la unión bancaria, el Brexit o cualquier otra cosa, sin el consentimiento de Alemania.

En la actualidad, Alemania está en medio de largas negociaciones de coalición. Angela Merkel, su canciller, tiene otro periodo en su bolsillo, pero la composición de su nuevo gobierno —que probablemente incluya a los Verdes, a favor de la UE, y al Partido Democrático Libre, más escéptico sobre la zona euro— todavía no finaliza.

En Bruselas, la frase de “después de las elecciones de Alemania” se sustituyó por “después de las negociaciones de la coalición alemana”. Pero la ciudad difícilmente está en pausa. El mayor cambio político en Europa, este año, ocurrió en París, no en Berlín.

Emmanuel Macron, el presidente centrista francés proeuropeo, le dio nueva vida a la capital de la UE, donde posiblemente es más popular que en cualquier otro lugar del mundo (incluso en su propia tierra).

La determinación de Macron de crear una Unión Europea que “proteja” a sus ciudadanos mientras avanza en áreas como la política fiscal, defensa y la unión monetaria, recibió una cálida bienvenida en la Comisión Europea, el órgano ejecutivo del bloque. Su presidencia probablemente anuncie una nueva era en el complicado papel del tradicional liderazgo de Alemania en Europa.

En los primeros años después de la reunificación, el enfoque alemán hacia Europa se resumió por el término “benevolencia”. La integración en el mercado único, la defensa y la ampliación formaban parte del propio interés del país recién unificado, mientras que el apoyo de Alemania a los esfuerzos europeos conjuntos fue vital para asegurar que la UE siguiera adelante.

Como la académica Beverly Crawford escribió en 2007, Alemania “ha sido el ‘patrón’ de Europa, en la medida en que tomó una parte desproporcionada de la carga regional de la cooperación institucionalizada”. Todo eso cambió drásticamente con la crisis de la zona euro. La mayor economía de Europa, y, por lo tanto, el mayor país acreedor, se vio en una posición donde tuvo que tomar decisiones respecto de los contribuyentes alemanes, así como la responsabilidad de los rescates financieros de Irlanda y Grecia. Berlín ya no pudo “dirigir desde la parte de atrás”. La crisis hizo estallar la idea de que Alemania podría continuar siendo un gigante económico, pero un enano político.

Sin embargo, la crisis de deuda soberana creó su propia dinámica, sobre todo entre Merkel y su homólogo francés en ese tiempo, Nicolas Sarkozy. Con el grandilocuente Sarkozy a su lado, la canciller al menos pudo complacer la pretensión de que Francia dirigía la orquesta, segura de saber que su cancillería era la que manejaba los hilos.

Ahora Francia en realidad podría dirigir la orquesta. Se insta a Alemania a seguir el ejemplo de Macron. Joschka Fischer es un exministro de Relaciones Exteriores a favor del federalismo que instó a Berlín a dejar de lado su anterior cautela y abrazar al presidente francés. Y Jürgen Habermas, su intelectual más destacado, advirtió sobre el peligro de “dejar escapar una oportunidad histórica inigualable”.

¿Alemania puede manejar este cambio de un líder hegemónico renuente a un subordinado? Hay señales de que la clase dirigente alemana ya empieza a luchar. Se habla de Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, como posible contendiente a convertirse en el próximo jefe del Banco Central Europeo. Si obtiene el respaldo de Merkel, marcará un importante cambio para un país que tradicionalmente no se siente cómodo ocupando los puestos más importantes de Europa.

Otros no están seguros de que Merkel sea la mujer que lleve al país de nuevo a la era de la benevolencia. “No debemos engañarnos”, dice un exbanquero central de la zona euro. “La canciller explotó la crisis de forma magistral para su propio beneficio y el de su partido, y siempre y mientras ella esté allí, ¿como puedes cambiar eso?

Para Bruselas, el problema no es el flujo político interno de Alemania, sino el hecho de que Merkel está en riesgo de verse terriblemente anticuada en la era de Marcron.


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