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Martes , 23.10.2018 / 15:41 Hoy

No practiques "manswer"

¿Quieres tener buenos jefes? Entonces pon más énfasis al contratar y promover a hombres y mujeres con un alto nivel de inteligencia emocional para ocupar puestos gerenciales.
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El otro día me puse al corriente con una amiga que estaba bastante triste. Acababa de convencer a una compañía para que contratara a su empresa para un trabajo importante, y un ejecutivo de la empresa fue a su oficina para conocer al resto de su equipo y a su director ejecutivo. 

Cuando inició la junta, notó que surgía un patrón. Cada vez que hablaba con el nuevo cliente, él le respondía a su jefe, a otro hombre. Incluso cuando ella le hacía una pregunta directa, él le respondía a su jefe en lugar de a ella. 

“Fue como si hubiera desaparecido”, dice, “a pesar de que yo era la única razón por la que estaban allí”. He visto tantas veces este tipo de cosas que solía tener un nombre para eso: “manswer” (respuestas entre hombres), porque siempre parecía que un hombre le respondía a otro hombre cuando una mujer había hecho la pregunta. Luego comencé a trabajar con una mujer que hizo exactamente lo mismo. 

Una vez, cometí el error de sentarme entre ella y un hombre relativamente importante en un almuerzo. Después de preguntarle cómo le iba con un proyecto en el que estaba trabajando, inició una elaborada respuesta al perplejo —y totalmente mudo— hombre. Siguió durante tanto tiempo y con tanto entusiasmo que comencé a recargarme con tal fuerza contra el respaldo de mi asiento, que comencé a pensar que podría caerme al suelo, una acción que estoy casi segura que ella la hubiera recibido con mucha satisfacción. 

Todavía escucho muchas más historias de hombres que de mujeres que hacen manswer, pero un mejor nombre para este tipo de práctica simplemente son malos modales. Un niño de 10 años sabe que si alguien le hace una pregunta, es cortés mirarlo a los ojos y responder, no hablar con alguien más importante a su lado. 


Una cosa es que esto ocurra con amigos en una fiesta o en una salida nocturna, pero es algo muy diferente si ocurre en la oficina, sobre todo, si el infractor es un gerente. Y sin embargo, sucede. 

De hecho, en mi experiencia, es fácil para las personas groseras, poco atentas y con un bajo nivel de inteligencia emocional caer de golpe en puestos de alta dirección, ya sea porque se consideró que merecían un ascenso o se pensaba que eran mejores para lograr el desempeño de sus subordinados. Sin embargo, estos son precisamente los tipos de gerentes para los que nunca quiero trabajar y estoy segura de que no soy la única. 

Se convirtió en un lugar común decir que la gente deja a los gerentes más que a las empresas, pero hay algo en ello. Uno de cada dos empleados en Estados Unidos renuncia a su trabajo para alejarse de sus gerentes en algún momento de sus carreras, según un informe del equipo de investigación de Gallup

En el mismo estudio también se encontró algo familiar, aunque ligeramente inquietante; las mujeres gerentes son mejores que los hombres en muchas tareas importantes. Aparentemente, ellas son más propensas a elogiar y fomentar el desarrollo profesional. También suelen estar más comprometidas con sus trabajos. 

“La implicación de la gerencia es bastante clara: las organizaciones estadounidenses deberían poner más énfasis en contratar y promover a más mujeres gerentes”, se dice en el informe. 

La idea de que las mujeres nutren el desarrollo profesional por naturaleza es tan molesta como cualquier otro estereotipo. Prefiero pensar, como sugiere el estudio de Gallup, que las mujeres gerentes simplemente se esfuerzan más porque los hombres las superan en número y sienten la necesidad de superar las expectativas. 

De cualquier manera, parece obvio que los gerentes educados, atentos y receptivos son un plus, independientemente de si usan falda o corbata. 

El dato.
Uno de cada dos empleados
en Estados Unidos renuncia a su trabajo para alejarse de sus gerentes en algún momento de sus carreras.

El otro día pensé acerca de esto cuando fui a una reunión con el presidente de una conocida compañía británica y un grupo de periodistas, de los cuales eran más hombres. El presidente era increíblemente amable. Estrechó la mano de todos al llegar, contestó todas las preguntas (sin practicar manswer) y se despidió de cada persona cuando terminó la reunión. Nunca lo había visto antes y estaba impresionada. 

“¿Cuándo lo conociste?”, le pregunté a otra mujer que estuvo allí, y que parecía conocerlo muy bien. “Nunca antes me había reunido con él en mi vida”, dice, admitiendo que quedó igual de impactada. 

No tengo idea de cómo es en realidad trabajar para él, pero sí sé una cosa, cualquier jefe que genuinamente sepa cómo operar así siempre será preferible de quien no.

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