Lo extraño, lo llamativo y lo elegante deslumbran otra vez

Desde lo sobrepublicitado hasta lo deliciosamente peculiar, llaman la atención en la competencia de diseños del año del Museo del Diseño.
La sede de la muestra.
La sede de la muestra. (Especial)

Londres

Un coche de Google, una campaña de publicidad que promueve verduras feas, un microchip cibernético que imita órganos humanos y un intento por limpiar el plástico de los océanos del mundo se encuentran entre los ganadores que más llaman la atención en la competencia de diseños del año del Museo del Diseño.

Desde lo sobrepublicitado hasta lo deliciosamente peculiar, la competencia siempre mezcla un excelente coctel de lo extraño, lo llamativo y lo elegante, y este año demostró no ser la excepción.

El coche de Google que se conduce solo (diseño de Yoo Jung Ahn, Jared Gross y Philipp Haban) se encuentra aquí, aunque parece un poco pronto, ya que las pruebas demostraron que aún faltan muchos años antes de poder conducir en una carretera real con humanos impredecibles y bolsas de plástico en la calle y basura que vuela en el viento (que no puede identificar). Desde el punto de vista técnico merece su lugar, aunque el rostro antropomórfico del coche puede causar pena ajena a algunos diseñadores.

Y todavía hay más ciencia ficción con organs-on-a-chip (órganos en un chip) que emerge del Instituto Wyss de Harvard, en un intento por crear un híbrido digital/orgánico que se mezcle con verdaderos tejidos humanos que hará que las pruebas de medicamentos y tratamientos (hasta el momento de pulmones y médula ósea) sean más efectivos.

Tal vez el participante que más llama la atención es la maravillosa campaña que realizó la agencia de diseño Marcel para Intermache, donde promueven frutas feas (que se venden en la cadena de tiendas con un 30 por ciento de descuento) en un esfuerzo por reducir el desperdicio en los supermercados. Las imágenes de manzanas, berenjenas y zanahorias deformes son divertidas y extrañamente inquietantes, ya que nos confronta con la estupidez de nuestros prejuicios.

Ocean Cleanup barre en la categoría digital, algo que suena extraño hasta que te das cuenta que es una iniciativa de sensibilización y financiamiento colectivo. Boyan Slat, el doctor Jan de Sonneville y Erwin Zwart la pusieron en marcha en los Países Bajos; la idea es limpiar la masa de plástico en los océanos que daña los ecosistemas marinos. La propuesta es para que poner barreras que atrapen por medio de “remolinos” los desechos en los océanos y para evitar que se filtre en los mares al capturarlos antes de que salgan de los ríos y zonas costeras.

Quien también se preocupa por el medio ambiente es el Centro de Innovación UC-Anacleto Angelini de la Universidad Católica de Santiago. Con un diseño de los arquitectos chilenos Elemental, presenta un edificio que permite la entrada del aire libre, con la ayuda de aire fresco que crea un diferente tipo de interior y reduce dramáticamente los costos y las emisiones de carbono. También es una elegante y llamativa pieza de escultura de concreto arquitectónica, sus enormes aberturas juegan con la escala y la sorpresa.

Finalmente está Thomas Tait, el canadiense graduado de Central St Martins, con su colección otoño/invierno 2013/2014 que encabeza la categoría de moda.

Sin duda es una lista con un buen conjunto de historias, aunque de nuevo puede plantear la pregunta “¿qué es el diseño?” ¿Puede ser casi cualquier cosa?

Desde iniciativas de financiamiento colectivo hasta centros de biotecnología que una vez se consideraron pura ciencia, la idea de lo que constituye el diseño y la diferencia de, digamos, la invención, cambia. También señala cómo Reino Unido se aleja, ya que además de la educación de Thomas Tait no se encuentra entre los ganadores, sin duda una nota de preocupación para un país tan orgulloso de sus credenciales de diseño.

En junio se anunciará al ganador general de esas categorías. Todos los diseños se encuentran en exhibición en el Museo de Diseño de Londres.