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Jueves , 24.05.2018 / 01:06 Hoy

EU y sus temores de un aislamiento espléndido

Se rompió la regla de no intervenir y los estadounidenses dejaron en claro que les importa lo que pasa en Gran Bretaña con el Brexit.

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Edward Luce

¿Por qué a Estados Unidos (EU) le alarma tanto el Brexit? Nunca antes un presidente de EU en funciones visitó una nación aliada democrática con el intento de influir en una elección. Tampoco, hasta ahora, 13 exsecretarios de Estado y defensa corrieron el riesgo de enviar una carta dirigida a un electorado extranjero con el mismo motivo. Esto también ocurre con ocho exsecretarios del Tesoro y cinco excomandantes supremos de la OTAN. No solamente la clase dirigente de EU rompió su regla de no interferencia sobre el Brexit, la hizo pedazos. Podría parecer que el Reino Unido es singularmente importante para el futuro del mundo.

Aunque ese pensamiento puede ser seductor -en especial para un británico que vive en Washington- hay un subtexto interno: Donald Trump. Si los británicos son lo suficientemente tontos como para abandonar Europa, tal vez los estadounidenses están lo suficientemente locos para elegir a Trump.

Por supuesto, nadie puede afirmar una relación causal entre lo que suceda en Gran Bretaña el 23 de junio y las elecciones presidenciales de EU en noviembre. La mayoría de los electores estadounidenses jamás han escuchado hablar del Brexit.

De la misma manera en que las compañías de música de EU prueban productos en el mercado británico, o las productoras de televisión toman prestados los programas que funcionan, el referendo del Brexit se convirtió en una prueba de la salud de la democracia occidental. Durante décadas, las tendencias políticas de EU y Gran Bretaña han seguido los pasos pasos uno del otro. La llegada al poder de Margaret Thatcher en 1979 ocurrió un año antes que se eligiera a Ronald Reagan como presidente. Los nuevos demócratas de Bill Clinton allanaron el camino en 1992 para los nuevos laboristas de Tony Blair cinco años después.

El paralelismo demográfico de los que apoyan el Brexit y los partidarios de Trump son muy cercanos como para ignorarlos, casi igual de inquietantes. Sus motivos son igualmente simplistas. Salir de Europa es para los Brexiters (partidarios del Brexit) lo mismo que construir un muro en la frontera con México para los partidarios de Trump: una guillotina sobre el multiculturalismo cacofónico de la vida del siglo XXI.

Desde un punto de vista empírico, el hermoso muro de Trump no es diferente del aislamiento espléndido de Boris Johnson, el principal partidario del Brexit: las dos son ilusiones imprudentes. Sin embargo, si se ve desde un punto poético, ofrecen una solución limpia al aislamiento de la sociedad posmoderna. Winston Churchill dijo en broma que Gran Bretaña y EU se dividían por un idioma común. En la actualidad los blancos de clase trabajadora en ambos lados del Atlántico hablan el mismo idioma.

Ambos dependen de la engañosa jerga legal de sus campeones plutocráticos. Johnson quiere liberar al Reino Unido de la red habitualmente ficticia de regulaciones europeas. Trump insiste que solo se opone a los hispanos indocumentados. Aparentemente, los que tienen documentos son bienvenidos. Pero, su verdadero atractivo se basa en el populismo nacionalista. Los dos pueden señalar legítimamente la hipocresía de las élites contra las que hacen campaña.

Cameron se comprometió a limitar la inmigración al Reino Unido a 100,000 personas al año, una promesa que no pudo mantener. Sucesivos gobiernos estadounidenses prometieron hacer cumplir las fronteras de EU antes de ofrecer amnistía. Como una prueba de las condiciones de mercado, el concurso de Gran Bretaña entre la hipocresía de la élite y la sinceridad populista no podría ser mejor.

Después, está el futuro de occidente. En su visita al Reino Unido en abril, Barack Obama hizo un elocuente argumento de ventas sobre el papel de Gran Bretaña en Europa. Le recordó a los británicos que la visión de una Europa unida la concibió Churchill como un medio para evitar que se repitieran las dos guerras más sangrientas de la humanidad. Hay un contexto más grande, incluso romántico, para las palabras del presidente que Cameron nunca podría emular.

El primer ministro de Gran Bretaña pasó demasiado tiempo denigrando a Europa -y validando las preocupaciones de los que se oponen a la inmigración- para poder tener argumentos positivos, y esa es la razón por la que le pidió a Obama que lo hiciera en su lugar. Vale la pena señalar que Cameron contrató a Jim Messina, el director de la campaña de reelección de Obama en 2012, para ayudarlo a hacer su argumento económico basado en el temor contra el Brexit; incluso los gerentes de producto son intercambiables.

Más allá de hacer un favor a un amigo, Obama tenía motivos más grandes. Las élites de Washington temen con toda razón que el Brexit pueda desatar una reacción en cadena que lleve a la desintegración de la Unión Europea. Eso a su vez, puede desencadenar la caída de la alianza transatlántica. El poder global de EU siempre se magnificó con la fortaleza de sus alianzas. El aislamiento autoimpuesto del aliado europeo más cercano de EU puede ser el inicio de una gran alteración.

Aquí también, Trump desempeña el papel del aguafiestas. Por primera vez desde que se formó la OTAN, EU presenta un candidato presidencial que puede ser indiferente a la desaparición de la alianza militar. Es más, Trump es la única figura pública de EU que apoya la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. “Oh sí, creo que deben salir”, dijo recientemente. La indiferencia de Trump cristalizó lo que le preocupa a Washington. Hay puntos en la historia en donde todo lo que es sólido se derrite. ¿Será 2016 uno de esos momentos?


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