EU, con un mercado de salud disfuncional

Estadísticas de la OCDE muestran que es la más costosa del mundo, con alrededor de 5% del PIB.
El presidente estadunidense ha echado para atrás el "Obamacare".
El presidente estadunidense ha echado para atrás el "Obamacare". (Mike Blake/Reuters)

La atención de salud financiada por el empleador en Estados Unidos es un sistema accidental. Se formó en la Segunda Guerra Mundial, cuando el congelamiento de los salarios y el desempleo de 1.9 por ciento obligó al gobierno a permitir a las empresas ofrecer beneficios complementarios, como la atención de salud, en un intento de atraer trabajadores.

En 1943, el Servicio de Impuestos Internos (IRS, por su sigla en inglés), dictó que la atención de salud basada en los empleadores sería libre de impuestos y quedó fuera de control. El porcentaje de la población en EU con cobertura de planes dirigidos por el empleador subieron de 9 por ciento en la década de los años 40 a 70 por ciento en los 60, de acuerdo con la historiadora económica Melissa Thomasson. Ahora se encuentra en alrededor de dos tercios.

Sin embargo, las ventajas fiscales no compensan el hecho de que los beneficios de atención de salud ahora son el segundo o tercer costo de compensación más alto para los empleadores estadunidenses, después de los salarios, de acuerdo con la consultora Mercer.

Estadísticas de la OCDE muestran que la atención de salud en EU es la más costosa del mundo, con cerca de 5 por ciento del producto interno bruto (Francia es el segundo, con mucho mejores resultados). Lo que me deja con la duda de ¿por qué las multinacionales estadunidenses no agitan por una atención de salud nacionalizada? Es una pregunta que vale la pena comprender, tanto por motivos económicos como políticos, las disputas bipartidistas sobre los esfuerzos de los republicanos para revertir la Ley de Atención de Salud Asequible (ACA, por su sigla en inglés) de Obama amenazan con descarrilar la agenda más amplia del presidente Donald Trump (guste o no), justo como le ocurrió a su predecesor.

Ni el Obamacare ni el plan republicano realmente abordan el problema fundamental, que Estados Unidos tiene un mercado de salud que no está ni cerca de lo que Adam Smith consideraría funcional. Casi no tiene transparencia de precios (no recibes una factura hasta semanas o meses después de la elección del tratamiento), está controlada por intereses creados (médicos, farmacéuticas, compañías de seguros), quienes ejercen un monopolio de poder contra las empresas y clientes a los que se supone debe atender, y es altamente fragmentado e ineficiente. Todo eso contribuye al hecho de que las implicaciones económicas de elevar los costos de salud, no solo para personas, sino para las mismas empresas estadunidenses, no se han entendido.

En 1950 la atención de salud representaba solo 7 por ciento de la remuneración total del trabajador, ahora es 20 por ciento. Teniendo eso en cuenta, no sorprende que a medida de que subieron los costos de atención de salud en EU, los salarios se estancaron.

De acuerdo con Kaiser Family Foundation, los costos para el empleador de una cobertura familiar de salud pasó de 4 mil 200 dólares en 1999 a 12 mil 600 en 2015. Los salarios, por supuesto, se mantuvieron relativamente sin cambios durante este periodo y la desigualdad aumentó rápidamente.

Esto ocurrió por muchas razones, pero la atención de salud es la que no recibe la suficiente atención. Ya que forma parte de la compensación general, la economía básica nos dice que los precios de atención de salud aumentan, los costos son un porcentaje mucho menor del salario de las personas que ganan más que los trabajadores de bajos ingresos.

rana.foroohar@ft.com