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Lunes , 25.06.2018 / 08:03 Hoy

En tiempos inusuales, medidas inusuales

Las estrategias de los bancos centrales para estimular la economía pueden ser impopulares, pero también harán la diferencia en la próxima posible gran recesión.

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Martin Wolf

Existe una guerra en contra de los bancos centrales que se enfoca en las políticas que adoptaron en el periodo posterior a la crisis financiera de 2007-09 y la crisis de la zona euro que le siguió, sobre todo la expansión cuantitativa o “las compras de activos a gran escala”.

Pero también hubo quejas contra las tasas de interés negativas e incluso contra las tasas bajas. Estas protestas podrían paralizar la capaci­dad de los bancos centrales para responder de manera efectiva a la siguiente recesión, y mucho más ante otra crisis.

Esto es una preocupación porque las tasas de interés a corto plazo pueden permanecer bajas de acuerdo con los estándares históricos, incluso si se “norma­lizan” en los próximos años.

La inflación es baja y al parecer las tasas de interés reales a largo plazo también se reducen estructuralmente. Las tasas a corto plazo tal vez no lleguen a estar a su nivel de 3% antes de la siguiente recesión. Esto les da a los bancos centrales poco espacio para recortar, según los estándares históricos, antes de encontrarse de nuevo en cero.

En Estados Unidos (EU), la Reserva Federal redujo cuatro puntos porcentuales, o más, entre los altibajos cíclicos.

El reto en ese tipo de situaciones es hacer creíble el logro del objetivo de infla­ción, al indicar tanto la determinación del banco central como la efectividad de los medios a su disposición. De hecho, al tratar de estimular la economía, el banco central tiene un armamento infinito. Si su compro­miso fuera creíble, la inflación seguiría.

Más bien, la dificultad técnica es calibrar las políticas con éxito. Las objeciones son solo técnicas. Algunas son perfectamente razonables: el uso de los amplios poderes de los bancos centrales para fijar precios y crear dinero debe estar limitado. Pero otras están equivocadas.

Una es que estas políticas son “inusuales” o “no convencionales”. ¿Qué importa? La economía mundial evidentemente se encuentra en un estado inusual, en el que la demanda iguala la oferta potencial solo a tasas de interés reales y nominales muy bajas. La larga batalla para elevar la inflación al objetivo en EU, y aún más, en la zona euro y Japón, lo demuestra. De la misma manera, la relación entre el desempleo y la inflación cambió. Las condiciones inusuales exigen políticas inusuales.

También se dice que es injusto para los ahorradores que los rendi-mientos sean tan bajos. Pero la opinión de que se debe ayudar a los acreedores, a expensas de los deudores y la actividad en la economía, es solo la perspectiva de un interés seccional frente a uno mucho más general.

Una crítica relacionada es que las políticas monetarias de flexibilización empeo-raron la desigualdad, especialmente de la riqueza. Pero mantener la economía posterior a la crisis en recesión, con el fin de reducir la desigualdad de la riqueza, hubiera sido una locura.

En cualquier caso, la desigualdad de la riqueza importa menos que la desigual­dad de los ingresos, donde el efecto de elevar los precios de los activos es reducir la rentabilidad para los posibles propieta­rios, lo que aumentaría la brecha social en el largo plazo. Sobre todo, la peor for­ma de desigualdad es dejar a millones de personas atrapadas innecesariamente en un periodo prolongado de desempleo.

Otra objeción es que estas políticas van a desestabilizar las finanzas. La respuesta es adoptar políticas dirigidas contra la inestabilidad financiera, como una mayor capitalización de los bancos o un menor apalancamiento en la economía.

Las objeciones más enardecidas son sobre la expansión cuantitativa. Al principio, los críticos se quejaron de que llevaría a una hiperinflación. Cuando esto no sucedió, la criticaron como algo antinatural.

Pero el uso del balance de los bancos centrales es una extensión natural de la política mo­netaria, en circunstancias excepcionales. Indica la intención de aplicar una política monetaria expansiva durante mucho tiempo y reducir las tasas de interés más allá de la curva de rendimiento. Esto puede ser inusual, porque las circunstancias son inu-suales, pero no antinatural.

Las quejas en contra de las acciones exitosas de los bancos centrales no son inofensivas. Buscan obligar a un endurecimiento prematuro ahora y, lo que es más importan-te, a cortar las alas de los bancos centrales en el futuro.

Pero, al tener en cuenta la inestabilidad de las finanzas, las bajas tasas de interés en la actualidad y la falta de voluntad de los gobiernos para usar la política fiscal, la voluntad de los bancos centrales de adoptar políticas no convencionales puede ser todo lo que tenemos para manejar la próxima gran recesión.

Evitar que actúen al limitar su independencia sería un grave error, posiblemente desastroso.


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