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Empresas mexicanas bailan al ritmo de samba

Hay 105 compañías que operan en la mayor economía de Latinoamérica y que resienten la inestabilidad política y económica.


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A simple vista, la larga crisis política en Brasil parece haber encontrado una salida. Tras la decisión del Congreso de abrir un juicio político a la presidenta Dilma Rousseff por la supuesta manipulación de las cuentas públicas, el vicepresidente Michel Temer tomó su lugar en forma interina por 180 días. Si dos tercios de los senadores confirman la destitución de Rousseff, Temer deberá completar el mandato presidencial hasta enero de 2019.

No obstante, la incertidumbre política y la volatilidad económica están lejos de ceder en Brasil. “Concluirá un largo proceso en el que el país estuvo frenado por la incertidumbre y habrá una renovación de las expectativas con un gobierno más pro business, pero las causas profundas de los problemas que tiene el país continuarán aún con un nuevo gobierno”, dice el brasileño Luiz Felipe Monteiro, profesor de Estrategia de la escuela de Negocios INSEAD en Fontainebleau, Francia.

Desde que surgió en enero la posibilidad de un juicio político que destituyera a Rousseff, la cotización del dólar en Brasil cayó de 4.15 a 3.45 reales, y la bolsa de Sao Paulo acumuló desde sus mínimos de comienzos de año un alza cercana a 65% en dólares. Pero esa fiesta financiera está lejos de contagiar a la economía real. Según un sondeo realizado entre un centenar de economistas por el Banco Central de Brasil, el PIB caería este año 3.8%, una contracción idéntica a la de 2015.

Esas dificultades económicas deberán ser encaradas por un gobierno que para buena parte de los brasileños carece de legitimidad porque surgió de un golpe parlamentario. El principal interrogante es si Temer, quien tiene una bajísima popularidad, contará con el poder para enfrentar la recesión, la oposición del Partido de los Trabajadores (PT), y las amenazas de impeachment que podrían caer sobre él.

Ese escenario de demasiadas preguntas sin respuestas amenaza con seguir impactando sobre las 105 compañías mexicanas con inversiones en Brasil.

México en Brasil

Atraídas por un crecimiento económico que promedió un 4% anual entre 2003 y 2010, y por el alza del consumo -unos 35 millones de personas pasaron de la pobreza a la clase media durante la década pasada-, América Móvil, Femsa, Bimbo, Cinépolis, Rassini, Mexichem, Vitro, Nemak y Rotoplas, entre otras mexicanas, se lanzaron al mercado brasileño.

Según el Censo de Capitales Extranjeros del Banco Central de Brasil, a fines de 2014 la inversión extranjera directa de México ascendía a 24,441 millones de dólares (mdd).

La apuesta por un mercado enorme y en expansión hizo que Brasil se transformara en una operación clave para varias compañías. Por ejemplo, de Brasil provenía al cierre del año pasado 23.1% de los suscriptores de telefonía celular de América Móvil, y 22.4% del volumen de ventas de Coca-Cola Femsa.

Sin embargo, en los últimos dos años una doble tenaza viene apretando los resultados. Por un lado, el consumo sufrió una drástica caída y todo indica que esa tendencia continuará en 2016, más si se concreta el duro ajuste fiscal anunciado por Temer. Por el otro, la devaluación de más de 30% del real desde comienzos del año pasado viene reduciendo los ingresos en dólares de las empresas mexicanas en Brasil.

América Móvil es un caso elocuente. Sus ingresos totales en Brasil crecieron el año pasado 1.8% en moneda local, pero esa alza se ubicó muy por debajo del aumento de la inflación (10.6%) y del dólar. Además de la caída en el número de suscriptores de telefonía celular, América Móvil sufre por la pérdida de abonados en el mercado de TV paga, donde es líder.

El año pasado, las operadoras perdieron 535,000 clientes, una caída de 2.8% respecto de 2014, la primera caída desde 2002, según el regulador Anatel. Con 273,612 desconexiones, Grupo Claro fue la empresa que más clientes perdió.

Pese a esos efectos de la crisis, el Ebitda en reales de la operación brasileña de América Móvil creció 8.3% en 2015 respecto del año anterior. En los últimos tres años la empresa fundada por Carlos Slim ha estado integrando sus redes en Brasil y esa estrategia (que le permitió reducir costos e incrementar sus márgenes) continúa este año.

La pérdida del poder adquisitivo también se refleja en los resultados de Coca-Cola Femsa. En 2015, el volumen de ventas de cajas cayó a 693.6 millones, 40 millones menos que en 2014. Esa tendencia continuó en el primer trimestre del año con una caída de 4.9% en las ventas, un registro menor a la contracción de 8% que mostró el mercado de refrescos en general.

“Ante la crisis, Femsa lanzó promociones para estimular la compra de estos productos y desarrolló envases diferenciados dirigidos a públicos diversos”, dice Adalberto Viviani, titular de Concept, consultora especializada en alimentación y bebidas en Sao Paulo. La estrategia le está permitiendo al corporativo regio ganar participación en un mercado de refrescos a la baja.

Aunque Brasil no es una de sus operaciones más relevantes, la crisis también alcanza a Bimbo, que, además de la caída del consumo, sufre el alza de los costos de la harina de trigo provocada por la devaluación del real.

Pero si en sectores con una demanda inelástica como alimentos y bebidas se registra una caída en las ventas, en otros, como el automotriz, hay un derrumbe. Las ventas de autos en 2015 cayeron 26.5% y ese cuadro impacta con fuerza sobre la autopartista Rassini, dedicada al diseño y la manufactura de componentes para sistemas de suspensión y frenos. Las ventas en volumen en Brasil se desplomaron 38% el año pasado. Esos resultados, en combinación con un aumento de los costos de electricidad, gas, mano de obra e impuestos, produjeron una disminución de 87% en las utilidades de financiamiento, impuesto sobre la renta de preciación y amortización (UAFIRDA-flujo operativo).

Para hacer frente a la crisis, Rassini negoció precios con proveedores y clientes, y además decidió adherirse al Programa de Protección de Empleo, por el que recortó 15% los salarios de los 550 trabajadores de su planta en Sao Bernardo de Campo, en Sao Paulo, a cambio de garantizar la continuidad laboral. Pero esos ajustes podrían ser insuficientes dentro de un contexto que no promete cambiar este año. En el primer trimestre, las ventas de autos cayeron 26.4% con relación al mismo período de 2015, y las de Rassini, en términos de volumen, descendieron 23%.

El impacto de la crisis fue más profundo aún para Grupo Rotoplas, que registró el año pasado una caída de 59.5% de sus ventas en este mercado sudamericano en relación con 2014 por la drástica reducción que sufrió el presupuesto del plan gubernamental “Agua para Todos”. Ante ese recorte, que continuó en el primer trimestre de 2016 con una caída de 73.3% de las ventas, la empresa resolvió el año pasado cerrar 4 de sus 8 plantas en Brasil.

Grupo Elektra adoptó una decisión aún más contundente: en mayo de 2015 anunció el cierre de sus operaciones en el país, siete años después de su desembarco. “Los retos que enfrentan las empresas mexicanas en Brasil son los mismos que enfrentan las empresas locales: la complejidad de la regulación, en particular la fiscal y la laboral, así como la situación económica actual”, dice Rafael Barcelo Durazo, encargado de asuntos de prensa de la embajada mexicana en Brasil.

En ese marco, si bien no se esperan en el corto plazo nuevas salidas de empresas mexicanas de Brasil, los ajustes continuarán. “La lectura general es que el panorama podría verse más complicado antes de mejorar”, dice Carlos Ponce Bustos, director ejecutivo de Análisis y Estrategia en Grupo Financiero Bx+, por eso “las empresas están siendo más conservadoras en los proyectos de expansión y están disminuyendo las inversiones en ese mercado”.

Menos exportaciones

La recesión y devaluación del real también afecta a empresas que exportan a Brasil. Luego de una caída de 12% de las ventas a este mercado en 2014, el año pasado la tendencia se profundizó y el desplome llegó a 19.8%.

Esas caídas marcan un quiebre de la tendencia al alza de las exportaciones mexicanas registradas a partir de 2002, cuando se inició el ciclo de fuerte crecimiento de la economía brasileña. De hecho, con un intercambio que sumó el año pasado 8,420.9 mdd, Brasil se transformó en el primer socio comercial de México en América Latina y el séptimo a nivel global.

No obstante, la crisis brasileña frenó el crecimiento del comercio y cambió el signo de la balanza comercial positiva que registraba México desde 2011: Entre ese año y 2014, el saldo comercial favorable a México acumuló 2,724.8 mdd. Pero el año pasado pasó a ser negativo por 823.2 mdd. En el primer trimestre, la tendencia continuó y el déficit bilateral fue de 452.1 mdd.

Buena parte de ese cambio obedece a la menor demanda de autos desde Brasil. Mientras en 2012 las exportaciones de automóviles alcanzaron los 2,583 mdd, el año pasado las automotrices mexicanas no lograron cubrir el cupo de 1,560 mdd libres de aranceles fijado por la renegociación del Acuerdo de Cooperación Económica (ACE 55) en 2012. En el primer trimestre de este año, se exportaron a Brasil 5,765 vehículos ligeros, 64.7% menos que el mismo período de 2015.

La evolución del comercio automotor es clave porque el intercambio de vehículos y autopartes representa cerca de la mitad de la balanza bilateral. Hacia adelante, si se consolida mayor estabilidad los analistas creen que las importaciones brasileñas de autos podrían retomar algo de impulso en 2017.

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