• Regístrate
Estás leyendo: Elon Musk, el narcisista creativo
Comparte esta noticia

Elon Musk, el narcisista creativo

FT Mercados

La intromisión de Elon Musk en el rescate de los niños tailandeses pareció un truco de relaciones públicas, pero le ayudó a mantenerse como una fuerza de bien.
Publicidad
Publicidad

En mi vida nunca había visto a nadie como Elon Musk. Otros multimillonarios del sector de tecnología construyeron compañías extraordinarias, disrumpiendo industrias y lanzaron sus propios cohetes. Menos se han comparado con Thomas Edison o acumularon una base de seguidores del tamaño de una estrella de rock.

Ninguno envió un automóvil deportivo eléctrico a órbita como lo hizo Musk en febrero. O recaudaron millones de dólares mediante la venta del lanzallamas de 500 dólares. O diseñaron un cohete gigantesco para ir a Marte con el nombre en clave BFR, una abreviación de “Big F...ing Rocket” (P... cohete enorme). 

Al igual que muchos otros, desde hace tiempo me resulta difícil resistir al exuberante enfoque de vida de Musk. Nunca me convenció que su motivación era únicamente el deseo de hacer frente a los mayores problemas de la humanidad. Y sin embargo, sus automóviles eléctricos Tesla y su planta de baterías Gigafactory ayudaron a eso, llevaron a que las automotrices más tradicionales tuvieran que acelerar sus planes para producir automóviles eléctricos. 

Nunca me interesaron sus planes para colonizar Marte, pero, ¿quién puede ignorar su tecnología de cohetes reutilizables de su compañía SpaceX y su promesa de reducir los costos de los lanzamientos? El don de Musk para la autopromoción puede ser grande, sobre todo, cuando una serie de tuits a sus 22 millones de seguidores en Twitter parece que se dan en un momento para distraerlos de los reveses en su imperio. Pero incluso esto se le puede perdonar a un hombre con tantos logros innegables. 

 Sin embargo, recientemente, algo cambió. A medida que el multimillonario batalla para acelerar la producción de su automóvil para el mercado masivo Model 3 de Tesla, su comportamiento se agrió notablemente.

 En abril, describió los reportes de los medios que cuestionan el historial de seguridad de Tesla como el trabajo de los extremistas con respaldo de los sindicatos. El mes siguiente, las acciones de Tesla se desplomaron después de una extraña conferencia de resultados durante la cual Musk interrumpió a un analista que intentaba preguntar si la empresa necesitaba recaudar más dinero de los inversionistas, al decir que “las preguntas absurdas y aburridas no son buenas”. Más tarde llegó su intervención en el drama mundial en torno a los 12 niños atrapados en una cueva inundada en Tailandia hace dos semanas. 


 
Al responder a un usuario de Twitter, Musk tuvo la idea de construir un “submarino del tamaño de un niño” para ayudar en los esfuerzos de rescate. Al final no fue necesario y cuando la BBC informó que un funcionario tailandés dijo que el equipo “no era práctico para la misión”, Musk arremetió verbalmente. 

El funcionario en cuestión “no era el experto en la materia”, dijo en un tuit. “Ese sería Dick Stanton, quien codirigió el equipo de buceo de rescate”. Para sorpresa, Musk trató de demostrar su punto al publicar su conversación por medio de correos electrónicos con Stanton, quien muy amable le instó a continuar trabajando en la cápsula.

 
Tal vez Stanton estaba agradecido por su ayuda y no solamente le daba el avión a un poderoso multimillonario en medio de una misión de rescate muy compleja. De cualquier manera, lo que empezó como una oferta de ayuda comenzó a parecerse más a un truco de relaciones públicas de un narcisista entrometido.

Es una pena, porque le da armas a sus críticos que puede usar su destreza de mercadotecnia de un solo hombre para lograr un efecto mucho mejor. El año pasado hizo una apuesta en Twitter que acaparó los titulares, si Tesla no podía construir una gran batería en 100 días en un estado australiano aquejado de apagones, lo entregaría gratis. La batería más grande del mundo se armó antes de lo previsto en un país donde los políticos federales amigos del carbón se burlan de las nuevas y prometedoras tecnologías de energía.

 En otra intervención al estilo de Musk se pudieron ver cajas de sus paquetes de baterías que se enviaron a Puerto Rico el año pasado, después de que fue azotado por el huracán María. Sin embargo, en Tailandia se equivocó. Espero que no lo repita.

A pesar de sus trucos de relaciones públicas y promesas excesivas, en general, Musk se mantiene como una fuerza de bien. Una de sus características más atractivas es la forma alegre como se enfrenta al fracaso. Tal vez esta agitación llegue a ser útil. Musk a veces se compara con otro genio de la tecnología: el difunto cofundador de Apple, Steve Jobs. En un libro reciente se sugiere que Jobs cambió después de salir de Apple en 1985 y sufrió reveses en sus otras empresas.

El profesor de Stanford, Robert Sutton, dijo en un libro que publicó que los años más alocados del jefe de Apple lo convirtieron en un líder más reflexivo, que regresó para crear la historia de éxito de Apple que conocemos. La comparación solo llega hasta ese punto. Musk hace cosas muy diferentes de las de Jobs, o incluso a las de cualquiera. Y, como escribió en un tuit hace dos semanas a un crítico: “Si soy un narcisista (algo que podría ser cierto), al menos soy útil”.




Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.