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Lunes , 22.10.2018 / 03:12 Hoy

El TPP: Un dilema político

El Brexit y la retórica proteccionista en las campañas electorales de EU desafían los acuerdos comerciales transnacionales, entre ellos el Acuerdo Traspacifico de Cooperación Económica.

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Es sábado, el congresista por el segundo distrito de Nebraska estrecha las manos de una creciente comunidad latina. Junto al demócrata va un traductor que en español dice: “Se llama Brad Ashford. Es su representante en Washington”.

Minutos antes, el Brigadier General (retirado) Don Bacon, político independiente a favor de las armas, en contra del aborto, ultraconservador y quien se rodea de voluntarios abrumadoramente blancos, hizo todo para encender a una multitud de latinos que responde con indiferencia. Su lema de campaña es: “Everybody Loves Bacon” (Todo el mundo ama a Bacon).

La carrera por este distrito -cuyo elector más famoso es el inversionista Warren Buffett- parece habitual. Pero este año es emblemático de una lucha ideológica más grande en la que los políticos populistas del mundo, como Donald Trump, quieren aprovechar el descontento con la globalización.

Momento para nuevos argumentos

La globalización enfrenta su mayor prueba política. El voto por el Brexit del Reino Unido y la posibilidad en Estados Unidos (EU) de elegir a un presidente proteccionista aumentaron el temor de que el modelo de más de 70 años se deshace.

Esto incluye una creciente oposición a los acuerdos comerciales como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) del presidente Barack Obama y el Acuerdo Transatlántico Para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) entre la Unión Europea y EU. El argumento a favor es que la globalización ha sido buena para la economía mundial pues saca a millones de personas de la pobreza en el mundo en desarrollo y aumenta los niveles de vida en las economías ricas.

Ashford es un ave rara en la política, un demócrata centrista a favor de los acuerdos, y a diferencia de los dos principales candidatos a la presidencia, un ferviente partidario del TPP, que Obama negoció con Japón y otras diez economías de la cuenca del Pacífico, entre ellas México, y espera que el Congreso lo apruebe a finales de este año.

“Aquí muchas de las empresas de fabricación (y agricultura) dependen de los acuerdos comerciales. Mientras más ampliamos el comercio con Asia se podrán emplear más personas y los salarios subirán”, dice.

Este año, el cabildeo empresarial hace lo posible para conservar una mayoría en el Congreso a favor del comercio, independientemente de lo que ocurre en una campaña presidencial, en la que "acuerdos comerciales" es un término tóxico.

Además de Buffett y su grupo Berkshire Hathaway, los grandes partidarios de Ashford este año incluyen a multinacionales como Deere & Co y Honeywell, y grupos agrícolas y ganaderos. Juntos, le dieron a Ashford una ventaja de dos a uno sobre su rival republicano. Este tipo de apoyo ocurre en todo EU, los grandes grupos empresariales y la administración Obama trabajan duro para asegurar los 218 votos para aprobar el TPP después de las elecciones del 8 de noviembre.

Pero la lucha va más allá y líderes empresariales como Jeff Immelt, CEO de General Electric, advierten sobre el proteccionismo. Viene “un cambio de transformación en la globalización”, advirtió; GE respondió con una estrategia de “localización”, que en muchos casos significa alejarse de la fabricación con sede en EU.

Emma Marcegaglia, presidenta de Eni, la empresa más grande de Italia, argumenta que frenar el TPP o el TTIP es un riesgo. “Si no luchamos contra esta ola de proteccionismo tendremos menos crecimiento y menos empleos”, dice.

Efectos perjudiciales

La reacción en contra de la globalización obligó a algunos de sus defensores a reconocer que hubo un doloroso efecto colateral, sobre todo en las comunidades que dependen de la manufactura en EU y Europa, y sufrieron de la competencia de China.

Al dirigirse a la Asamblea General de la ONU, Obama dijo que “aquellos que anuncian los beneficios de la globalización” ignoran la desigualdad y otros problemas, y dejan espacio para “visiones alternativas” que van desde el “populismo crudo” hasta el “fundamentalismo religioso” para sacar provecho de una verdadera insatisfacción entre los ciudadanos.

Sin embargo, elogió el poder de la globalización para reducir la pobreza y lanzó una advertencia: “la aceleración de los viajes, la tecnología y las telecomunicaciones -junto con la economía global que depende de una cadena de suministros global- hace que sea contraproducente revertir estos avances”, dijo. “Hoy, una nación que se rodea con muros solo se aislará a sí misma”.

Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), también llama a ayudar a los que la globalización dejó de lado por medio de una política para la “redistribución”, para lograr “una globalización que funcione para todos”, dijo.

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Las políticas oportunas

En medio de ese tipo de debates el impulso para defender la causa del libre comercio crea alianzas políticas inusuales. En una reunión para promover el TPP, se unieron en la Casa Blanca Obama; John Kasich, el excandidato presidencial republicano, y ejecutivos de negocios, entre ellos Michael Bloomberg y la directora ejecutiva de IBM, Ginni Rometty.

Bloomberg y Tom Donohue, presidente de largo tiempo de la Cámara de Comercio de EU, criticaron tanto a Trump como a su rival, Hillary Clinton, por oponerse al TPP, y señalaron que los tratados de comercio internacional beneficiaron durante décadas a los estadounidenses al reducir los costos de los bienes de consumo.

“¿Cuándo fue la última vez que escuchaste que un candidato diga que tienes que pagar más por los abarrotes y por la ropa interior?”, escribió Donohue.

También con Obama están sus archienemigos políticos como Charles y David Koch, multimillonarios que gastaron millones de dólares oponiéndose al presidente durante los últimos ocho años.

Los hermanos Koch niegan su respaldo a Trump en parte por su retórica de proteccionismo. También tratan de asegurar que después de su coqueteo con Trump, el Partido Republicano regrese a sus raíces a favor del mercado mediante la apertura de una “academia de liderazgo” especial para activistas y candidatos, que incluya conferencias sobre los beneficios del libre comercio.

El caso del comercio y del TPP ya se ganó en Nebraska, orgulloso estado agrícola que envía carne de res y soya al mundo. “Somos el estado 38 en población, pero el cuarto mayor exportador agrícola. Así que no tienes que estudiar economía para saber que debemos buscar mercados fuera de las fronteras”, dice Greg Ibach, director del Departamento de Agricultura de Nebraska.

Barb Cooksley, ganadera de cuarta generación y presidenta de la Asociación de Ganaderos de Nebraska, dice que el TPP daría el urgente impulso que necesitan en un momento en que aumenta la competencia internacional y los precios son más bajos. Un acuerdo comercial reciente entre Australia y Japón, que le da a los productores australianos un acceso más fácil al mercado japonés, le cuesta a los exportadores de EU 400,000 dólares diarios, dice.

Los tiempos han sido duros para muchos agricultores de Nebraska como resultado del colapso de los precios de las materias primas. Por eso, el mensaje de Trump es atractivo, dice Ibach.

El estado es mayoritariamente republicano, la última vez que votó por un demócrata para la presidencia fue en 1964. Aunque Clinton hizo campaña con Buffett en Omaha este verano, hay pocas señales de que Trump pierda el estado.

Las lealtades conservadoras de Cooksley superan a sus creencias de estar a favor del libre comercio. “Voy a votar por Donald Trump”, dice. Pero espera que Trump pueda cambiar sus políticas sobre los acuerdos comerciales. “Es un empresario. Si le demostramos cómo el TPP es un buen negocio para el país, tal vez lo convenzamos”.



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