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Viernes , 25.05.2018 / 07:04 Hoy

El tiempo es dinero para los mercados emergentes

Este año las monedas de todos los mercados emergentes cayeron frente al dólar. Cuatro de ellas tuvieron caídas de al menos un quinto: Malasia, Colombia, Turquía y Brasil


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Financial Times

La concisa sabiduría del mercado a menudo refleja una verdad más profunda. Para los mercados emergentes, el viejo dicho de que en los buenos tiempos, ninguna cantidad de reservas es demasiado, y en los malos tiempos, cualquier cantidad de reservas es demasiado poco.

Estos, sin duda son malos tiempos. Este año las monedas de todos los mercados emergentes cayeron frente al dólar. Cuatro de ellas tuvieron caídas de al menos un quinto: Malasia, Colombia, Turquía y Brasil, el último por un tercio.

Los inversionistas están en fuga total. El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) estima que los mercados emergentes perderán 540 mil millones de dólares (mdd) de capitales este año, y en el tercer trimestre probablemente se vieron los retiros más veloces de “capital especulativo” desde el pánico después de la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers en 2008.

Pero llegó un poco de alivio, ya que los malos datos de empleo en EU redujeron las expectativas de un alza en las tasas de interés y afectó al dólar. Pero los problemas de los mercados emergentes se vienen construyendo durante años, y no van a desaparecer de un día para otro. Muchos son demasiado dependientes de la venta de recursos naturales a la desacelerada China, tienen grandes déficits de cuenta corriente que deben tapar con un financiamiento regular en dólares o tienen débiles instituciones políticas que impiden la reestructuración económica. Brasil tiene las tres, de ahí la lucha de los inversionistas para sacar la mayor cantidad de capital posible del país.

Sin embargo, las fugas de capital sólo son la mitad de la historia. Después de la crisis asiática de 1997, los políticos de los mercados emergentes decidieron acumular reservas de divisas lo suficientemente grandes para absorber e impedir los ataques especulativos contra sus monedas. El IIF estima que este año gastarán 314 mil mdd de reservas, para compensar dos terceras partes de las fugas de capitales.

El número es impactante, equivale a la mitad del total de las reservas de los mercados emergentes antes de la crisis de 1998. Después de una década y media de acumulación, equivale a una caída de menos de 5%.

Superficialmente, esto sugiere que los mercados emergentes pueden aguantar una tormenta de 20 años antes de quedarse sin reservas. Por supuesto, eso no es tan simple. Las reservas no se distribuyen de manera uniforme; China tiene más de tres millones de millones de dólares del total de ocho millones de millones de dólares. También hay un problema de desequilibrio, ya que las reservas en dólares le pertenecen al banco central, donde gran parte de los pasivos en dólares los tienen las empresas, que tienen 3.3 millones de millones de dólares de deuda. Algo mucho más serio, aunque no se puede asumir que el ritmo actual está al máximo. Las mayores reservas se agotarán rápidamente si los mercados pierden totalmente la fe en un país.

La importancia de la confianza se demuestra en la India. El país era uno de los llamados “cinco frágiles” en 2013, pero la llegada de un respetado gobernador del banco central y la posterior elección del reformista Narendra Modi, le permitió evitar lo peor de la reciente caída, con la ayuda de su posición como importador de materias primas, y no como exportador. India ayuda a ilustrar la verdad del adagio: sus reservas no fueron necesarias y, de hecho, aumentaron en los últimos dos años, una proeza inusual en los mercados emergentes.

Pero si bien ninguna cantidad de reservas puede soportar la pérdida de la confianza de los mercados, el dinero compra tiempo. El uso de las reservas para compensar las fugas de capitales le permite a los bancos centrales evitar temporalmente la clásica respuesta de los mercados emergentes a las crisis, endurecer la política monetaria en medio de una recesión para proteger su moneda y evitar la inflación importada.

Hay verdaderos problemas económicos que enfrentar en todos los mercados emergentes. Reconstruir la manufactura y otras industrias que fueron golpeadas por las monedas fuertes en el pasado probablemente implique una caída de los ingresos reales. Navegar en ese tipo de reestructuración es políticamente difícil.

Es aleccionador que tres de las cuatro monedas más golpeadas este año son políticamente inestables: Brasil, Turquía y Malasia. Los mercados envían un mensaje fuerte y claro. Si los políticos no escuchan, es probable que empeore la fuga de capitales.


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