• Regístrate
Estás leyendo: El inversionista de oro
Comparte esta noticia
Sábado , 22.09.2018 / 12:12 Hoy

El inversionista de oro

En dos décadas, las Afores dieron vitalidad al mercado financiero mexicano e impulsaron la economía del país.

Publicidad
Publicidad

Incomprendido por una sociedad acostumbrada a pensar en la pensión como un beneficio gratuito, el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) ha contribuido no solo a cimentar un sistema de pensiones más justo y equitativo para todos, también es el impulso de gran parte del desarrollo económico del país.

En una de sus últimas apariciones como gobernador del Banco de México, en octubre pasado, Agustín Carstens remarcó las áreas de oportunidad de la cara más conocida de las Afores, con la baja cobertura debido a la tasa de informalidad laboral; las limitaciones de inversión que frenan la obtención de mejores dividendos y el insuficiente ahorro obligatorio que mantiene la tasa de reemplazo en el límite más pobre de la región.

Pero afirmó que, con todas sus deficiencias, en sus primeros 20 años han colaborado a construir un sistema financiero mexicano más organizado, con una importante acumulación de recursos, y con la colocación de ese mismo capital en proyectos productivos de diversos campos, que van de la infraestructura hasta la vivienda, la energía y la educación.

“En 20 años del SAR, tenemos un ciclo virtuoso de acumulación de recursos que profundizan el sistema financiero mexicano, potencializan el ahorro a largo plazo y elevan la solvencia del país”, dijo durante la segunda Convención de la Asociación Mexicana de las Administradoras de Fondos para el Retiro (Amafore).

Al sistema le urge una reforma de ley para mejorar su desempeño, que incluye una mayor recaudación por aportaciones obligatorias, una homologación de sistemas en todo el país y la flexibilización del régimen de inversiones, para que las administradoras apuesten, diversifiquen, generen mayores rendimientos y acoten el riesgo.

Los activos del SAR suman 3.1 miles de millones pesos (3,169,190 mdp) y representan 15.1% del Producto Interno Bruto (PIB); han crecido de manera exponencial, y todavía tienen una buena ventana de crecimiento antes de entrar en la fase de desacumulación (cuando comiencen a ejercerse los retiros de las cuentas individuales). Pero no importa solo cuánto se junte, también cómo se invierte.


Las mieles del largo plazo

Las Afores son el segundo inversionista más importante del país, solo después de los bancos; sin embargo, “debemos diferenciar la cantidad y la calidad (de las inversiones)”, señala Carlos Noriega, presidente de la Amafore.

Mientras los bancos tienen una vocación a corto plazo, “dado que su función social es ser un sistema de pagos y eso les exige liquidez”, dice Noriega, las Afores tienen una perspectiva completamente contraria.

“Como el ahorro se dará por décadas, las Afores pueden dar un tipo de financiamiento a muy largo plazo y eso las coloca como el instrumento por antonomasia para financiar proyectos de largo aliento como hipotecas, bienes raíces e infraestructura y son el inversionista más importante en estas áreas”, dice Noriega.

Con la llegada de las Afores al mercado financiero, con sus horizontes de inversión a 20, 30 y hasta 40 años, que ningún otro inversionista tenía, abrieron la posibilidad de generar nuevos instrumentos con la misma visión, entre ellos destacan los bonos gubernamentales.

[OBJECT]“En 1997 el gobierno colocó CETES a 75 días. En ese entonces eran los favoritos. Hoy, gracias a las Afores tenemos bonos a 30 años, que fondean al gobierno y alargan el crecimiento de su deuda”, dice Carlos Ramírez, presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el retiro (Consar), órgano que regula a las Afores.

Luego se comenzó a desarrollar un mercado importante de deuda corporativa y después uno hipotecario como el de hoy, con tasas de interés que han estado en 10% anual. “Hace 20 años las tasas hipotecarias de estos créditos hubieran sido impagables”, dice Ramírez.



Tan claro como el cristal

Los recursos son gigantescos, pero no pertenecen al gobierno ni a las Afores ni a las empresas. Son los ahorros de los trabajadores y por eso las Afores tienen reglas de operación claras y rígidas, un marco regulatorio estricto que las controla, así como comités de inversiones y riesgos que revisan, analizan y aprueban las inversiones.

Aún así, el sector no se ha salvado de uno que otro escándalo. El caso más sonado fue la reciente sanción por 1,100 millones de pesos (mdp) que la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) impuso a XXI Banorte, Sura, Profuturo y Principal por realizar prácticas monopólicas en mayo de 2017.

La Consar aseguró, en su momento, que el mayor daño a estas cuatro Afores es el de su reputación, además de su multa. La Comisión sancionó a las 11 Afores existentes también por traspasos de cuentas, aunque más que de competencia, el enfoque fue operativo; el monto de la sanción fue de 90 mdp y castiga malas prácticas comerciales y deficiencias en el proceso de traspaso.

Con todo esto, las Afores no se detienen. Los rendimientos obtenidos en sus 20 años representan, hoy, 43.8% del saldo de los recursos administrados, aunque los rendimientos anuales han tenido altibajos. Desde su creación los rendimientos reales anuales han sido variables, desde un 8.1% en 2003 hasta un 4.7% con el que cerró 2016, apenas para cubrir la inflación. A noviembre de 2017, el rendimiento real anual promedio fue de 5.5% para todas las Siefores básicas.


Aforado e inversionista

Con una población económicamente activa de 54.3 millones de personas, no es sorpresa que los recursos en las Afores se abulten. “El crecimiento es muy grande por la dinámica del empleo y la cantidad de trabajadores que existen”, dice Noriega.

En consecuencia, al poco tiempo de haber creado el sistema en 1997, fue obvio que los instrumentos de inversión eran insuficientes para captar el potencial de financiamiento de los recursos.

Hoy, algunos de los instrumentos en los que están invertidos los activos de las Afores, como los Certificados de Capital de Desarrollo (CKD), los Certificados de Proyectos de Inversión (CERPI), o el fideicomiso especializado en infraestructura y energía conocido como FibraE, fueron creados ex profeso para aprovechar el poder inversionista del SAR.

“Simplificando, diría que hay más recursos en las Afores que empresas e instrumentos para invertir, pero se han ido creando nuevas opciones y se ha ido abriendo la posibilidad de invertir en instrumentos que ya existen pero requieren reglas claras, que nos permitan diversificar la cartera con responsabilidad”, dice Noriega, y añade que “la Consar ha hecho un buen trabajo cuidando los recursos de los trabajadores”.

Entre otras cosas, las Afores buscan la opción de financiar pequeñas y medianas empresas (Pymes) a través de fondos de capital privado (Private Equity) y en Fondos Mutuos locales e internacionales, pero “son cosas que se lograrán gradualmente. Sería peligroso forzar la inversión de las afores en proyectos que no son sólidos”, dice Noriega.

Otras áreas en las que las Afores abren nuevas posibilidades son las de sustentabilidad. “Hoy las inversiones se orientan a sectores más productivos y rentables para cumplir con su responsabilidad fiduciaria de generar buenos retornos para los trabajadores de la mano de la responsabilidad social, como bonos verdes, bonos educativos, bonos sociales...”, dice Noriega.

En este camino, Amafore y Consar trabajan de la mano y generan cambios en el mercado financiero. “Parece que vamos lentos y a veces así lo sentimos en Amafore, aunque si preguntas en la Consar seguro opinan que vamos rápido. Es cuestión de enfoques, pero sabemos que tenemos una responsabilidad fiduciaria con los trabajadores, que los recursos son suyos y que no podemos cometer errores”, dice Noriega.

[OBJECT]De los 3.1 miles de mdp que hoy administran las Afores, 72.6% estaban invertidos en renta fija gubernamental y corporativa, es decir, el ahorro para el retiro de los trabajadores financia deuda del gobierno y de corporativos privados. Otro 20.7% está en renta variable nacional e internacional (6% local y 14% extranjera) y 6.3% en proyectos productivos (CKD y Cerpis) y Fibras.

Aunque es urgente flexibilizar el régimen de inversión en aras de una sana diversificación, la Consar también reporta que la mayoría de los instrumentos permitidos están aún subutilizados.

Al respecto, Ramírez, de Consar, asegura que la lucha de todos estos años se ha concentrado en la diversificación de la cartera. “El ahorro crece más rápido que las oportunidades de inversión y siempre están los papeles gubernamentales, que son infinitos, pero no queremos que 100% se invierta ahí porque nos expondría a un enorme riesgo por concentración”.

Los recursos de los trabajadores mexicanos están invertidos también en CKD, unos 120,000 mdp, otros 180,000 mdp en Fibras y solo 10% del portafolio en el mercado accionario. Sin embargo, acepta que debido a la volatilidad de los últimos años y a la turbulencia internacional, “la tendencia positiva de diversificación que traíamos, se revirtió un poco en 2017”.

Así, mientras los legisladores retoman la discusión sobre las modificaciones que requiere la Ley del SAR —que se espera para el arranque del nuevo sexenio—, las Afores hacen lo suyo y han obtenido plusvalías acumuladas de poco más de 1.03 miles de mdp de diciembre de 2008 a mayo de 2017.


Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.