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Lunes , 20.08.2018 / 00:53 Hoy

El génesis de un multimillonario que se mudará a la Casa Blanca

Desempolvamos una entrevista de 2013 para FT, donde el empresario enumeró sobre sus múltiples negocios, que van desde los bienes raíces y sus marcas propias hasta el concurso de belleza Miss Universo.

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"¡Denle arroz también!”, le ordena Donald Trump al hombre que sirve detrás del mostrador del buffet. ¿Arroz? Yo no pedí arroz. Yo soy de los que prefieren papas, y justo eso es lo que acababa de pedir para acompañar mi pollo relleno al horno. Pero si Donald quiere que pruebe también el arroz, sería de mala educación no hacerlo. Después de todo, este es su restaurante, Trump Grill, con sus paredes de madera resulta un refugio bastante acogedor que sirve lo típico de la comida norteamericana en la zona de comidas del sótano del edificio más famoso de Manhattan: la Trump Tower.

A decir verdad, yo hubiera preferido ordenar del menú tradicional del Grill. Mi yo turista hubiera querido la Trump Grill Burger y el Trump’s Ice Cream, pero el multimillonario de los bienes raíces insinuó que era bueno probar el buffet que, según me explica, es “el mejor de Nueva York”.

Alto, ancho y derecho, Trump se conserva bien para sus 66 años. Aunque su esponjoso cabello que desafía la gravedad es más blanco y no tan vivaz como me lo imaginaba, mientras que las arrugas invaden la suavidad de su cara. Lleva puesto su ya conocido uniforme de trabajo: traje gris, camisa blanca y una corbata lisa de seda; hoy es de color rojo brillante.

Me ayuda a elegir mi pollo. “¡Esa pieza se ve como una ganadora!”, dice, y señala la parte más rechoncha y dorada. Para él, pide un lívido sandwich de carne y papas. Cuando regresamos a nuestra mesa, me maravillo de su necesidad de lujosos superlativos en el lugar más común de las cosas que se relacionan con Trump. La publicidad parece innata en él. Tiene que existir un adjetivo que lo describa: ¿”trumpástico”, tal vez?

Trump, o el “multimillonario fanfarrón” -como lo llaman los tabloides neoyorquinos-, creó una de las marcas más conocidas mediante una autopromoción implacable, utilizando cualquier medio: tiene un mueble lleno de libros que hablan de él con títulos como “Piensa como un multimillonario”. Siempre está en la TV y su propio éxito televisivo, El aprendiz, ahora con el nombre de Celebrity Apprentice, está por empezar su temporada número 13 en Estados Unidos (EU).

Tuitea ávidamente a sus 2 millones de seguidores con temas que van de la política (la reelección de Obama fue una “farsa total y una parodia”), la filosofía empresarial y el golf. “He ganado muchos campeonatos del club”, me dice, dos veces.

Tomamos una Diet Coke mientras esperamos que lleguen nuestros platos, empiezo la conversación con preguntas sobre sus gustos en comida (“todo tipo de pasta, carne…”, dice) y sobre el hecho de que sus labios nunca han tocado el alcohol. Mi persona tiene algunas cosas buenas y algunas cosas malas. “Nunca hablo de las cosas malas”.

Cambio la conversación a un tema más seguro de propiedades, Se muestra menos tenso, más animado, me da alivio, pero no me sorprende: los bienes raíces es donde comenzó, a pesar de su nuevo brillo del espectáculo, aún es su negocio central.

El hijo de un exitoso constructor millonario de los barrios de Queens y Brooklyn estudió en una academia militar para aprender la disciplina. Después estudió en la escuela de negocios de Wharton, antes de integrarse a los negocios de su padre, un maestro severo. A pesar de los consejos de su padre, pone la mira para construir en Manhattan. Mostrando su buen ojo para la ubicación, su genio arrollador para la autopromoción y la extraordinaria confianza en sí mismo para alguien tan joven, terminó la Torre Trump en 1983, cuando apenas estaba en sus 30 y tantos años.

Pero después la vida le daría una lección. La recesión y la caída de las propiedades a principios de los 90 dañaron fuertemente sus operaciones, en especial los hoteles y los casinos en Atlantic City, que tenían un alto grado de apalancamiento. Desde entonces, muchos de esos negocios que llevan la marca Trump se han cobijado bajo el capítulo 11 de protección por bancarrota en varias ocasiones.

Pero, a diferencia de estos, Trump mismo nunca ha estado en bancarrota, y siempre se ha recuperado para crear un imperio que va desde propiedades, una extraordinaria serie de productos marca Trump, hasta la industria del entretenimiento. Él es dueño, en parte, no solo de El Aprendiz, ahora una reconocida franquicia mundial, sino también del concurso de Miss Universo.

La Torre Trump, que él escogió para almorzar con FT, es todavía el corazón de su imperio. Con las paredes que parecen cortinas de bronce y su particular diseño en forma de dientes de sierra, el edificio se mantiene bien a pesar del paso del tiempo, y su ubicación, en la Quinta Avenida, junto a Tiffany & Co., es el sueño de los compradores.

Trump trabaja y vive aquí con su tercera esposa, Melania, una exmodelo eslovenia que tiene 24 años menos que él. Su departamento es de un lujo rococó, todo cubierto de oro y con vistas fabulosas de Central Park. Esta es la vida soñada de cualquier hombre adolescente de sangre caliente.

Finalmente, un mesero se acerca a retirar nuestros platos. “Mira ese plato vacío”, exclama Trump. “¡Creo que le gustó! ¡Para que una persona nada gorda arrase con un pollo entero, estuvo muy bien! ¡OK, buen trabajo, amigos!”, les dice a los empleados.


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