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Miércoles , 19.09.2018 / 08:31 Hoy

El dolor de cabeza del tequila

Los fabricantes de tequila de gama alta quieren que el gobierno cambie el formato de impuestos a las bebidas alcohólicas de uno basado en el precio a uno de contenido de alcohol.


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El tequila de lujo -el sorbo suave que se puede vender en unos cuantos cientos de dólares por botella, no el trago abrasador que tiene como resultado un horrible dolor de cabeza- impulsa el crecimiento de la categoría de licores de mayor expansión en el mundo. Pero sus fabricantes dicen que las reglas fiscales en el país de origen del tequila los perjudican.

Diageo, la destilería más grande del mundo, presiona al gobierno mexicano para que deje de cobrar impuestos a las bebidas de acuerdo con el precio y en su lugar cambie a un estilo de sistema que se basa en una tasa que se impone de acuerdo al contenido de alcohol que está en marcha en todos menos en cuatro países de la OCDE. Solamente Chile, Corea del Sur y México, además de Israel para los licores, aplican lo que se conoce como el sistema ad valorem(de acuerdo con el valor).

Una margarita o una cerveza pueden generar el mismo entusiasmo, pero Diageo dice que debido al sistema ad valorem, los licores en México pagan más del doble de impuestos que la cerveza, 53% para los licores, en comparación con 28% en la cerveza, la bebida favorita de México.

La más reciente adquisición de la compañía británica es la marca mexicana de tequila de súper lujo, Don Julio. Para hacer el licor, las puntiagudas plantas de agave azul que cubren las colinas de Atotonilco el Alto, en el occidente de México, se cuidan hasta por nueve años antes de cosecharse, se recortan hasta que tienen la apariencia de una piña gigantesca, las cocinan, prensan, destilan, y en algunos casos los ponen a añejar en barriles que se utilizaron para bourbon.

Su oferta de más calidad, Don Julio Real, se vende al menudeo en 375 dólares por botella, muy lejos de la bebida que se vende en los puestos al lado de la carretera en las afueras de la ciudad que ofrece botellas de plástico de cinco litros llena con lo que afirman es la bebida nacional de México, que de hecho es licor de azúcar de caña que se vende a 250 pesos (14 dólares).

Las ventas de tequila en México llegaron a 1,140 millones de dólares (mdd) en 2014, de acuerdo con International Wine & Spirits Report (IWSR), la autoridad de vinos y licores.

Iván Menezes, director ejecutivo de Diageo, empujó su caso para replantear la política fiscal en reuniones con el presidente Enrique Peña Nieto y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en la Ciudad de México a principios de este mes. Afirmó que el status quo no solo le da a la cerveza y licores más baratos una ventaja injusta, sino que en realidad exacerba los problemas de México para combatir una gigantesca industria de bebidas alcohólicas ilícitas.

Un sorprendente 43% de todos los licores que se consumen en México no pagan impuestos y son ilegales, ya sea licor ilegal, licor de contrabando, cervezas sin regulación o productos de una subfacturación, fue el hallazgo de un estudio de Euromonitor International.

“Las mejores prácticas, de acuerdo con la OCDE, en los impuestos a las bebidas alcohólicas se basan en el contenido de alcohol y no en el precio. Esto es discriminatorio para los productos Premium como el tequila y el whisky”, dice Menezes. “Cambiar el sistema ad valorem a un sistema que se basa en litros de alcohol puro tiene beneficios claros, amplía la red fiscal, es más fácil de administrar y promueve un trato igual entre todas las categorías de alcohol”.

Francisco Soto, director de asuntos institucionales de Tequila Patrón, la marca de lujo de mayor venta en Estados Unidos, dice que los productores estudian este tema, a través de la Cámara Nacional de la Industria Tequilera. Una respuesta, dice, puede ser un sistema que incluya una cuota mínima fija que paguen todos “para evitar que alguien baje sus precios y calidad para pagar menos impuestos”.

No solo a las destilerías les gusta esta idea. La Asociación Cervecera de la República

Mexicana, ACERMEX, dice que las cervezas artesanales también sufren debido al sistema que grava el valor, y no el volumen, de las ventas.

El gobierno mexicano se muestra renuente: Peña Nieto empujó una serie de reformas fiscales y en repetidas ocasiones prometió que no va a elevar los impuestos antes de que termine su mandato en 2018.

Incluso con los ingresos tan apretados debido a la caída de los precios del petróleo que obligaron a recortar los gastos del gobierno, “No nos veo haciendo cambios”, dice un alto funcionario del gobierno.

A medida que los consumidores cambian sus gustos para comprar bebidas premium

-lo que Menezes llama una “indulgencia asequible”- los gobiernos tienen una oportunidad que pueden aprovechar. Pero la cerveza, que fluye como agua en México y representa 24,600 mdd del total del mercado mexicano de bebidas alcohólicas de 35,700 mdd, de acuerdo con Euromonitor International, siguen como la mayor fuente de impuestos.

Las ventas de cerveza suman 30,000 millones de pesos al año a las arcas del gobierno, en comparación con 13,000 millones de pesos de los vinos y licores, dice un funcionario del gobierno. De acuerdo con Euromonitor International, el mercado ilegal de licores tiene un costo de 6,400 millones de pesos en impuestos perdidos.

Diageo está impávido. Dice que ya tiene la prueba de Brasil de que el sistema ad valorem no funciona. Al sufrir con el desplome de la economía, el gobierno brasileño recientemente volvió a introducir el sistema ad valorem, elevó 30% el impuesto a los licores y 8% a la cerveza, dice Diageo.

“En 2004 le presentamos al gobierno brasileño un estudio exhaustivo donde demostramos que reducir los impuestos a una botella individual de un vodka lista para beber para competir de manera más efectiva con la cerveza puede resultar en un incremento del ingreso total de impuestos”, dice Alberto Gavazzi, presidente de Diageo para América Latina.

Diageo le garantizó al gobierno que podría generar al menos la misma cantidad que obtenía con el antiguo sistema. “Como predijimos, el plan funcionó y en un año, el gobierno lograba más ingresos de lo que se ofreció en la propuesta de Diageo”, dice Gavazzi, lo que él llama una situación ganar-ganar-ganar para los consumidores, el gobierno y la industria.

“No estamos aquí para pelear con el gobierno”, dice. “Estamos aquí para apoyarlo”.

¿Cuál es el bueno?

Hay dos esquemas para cobrar impuesto a las bebidas alcohólicas, pero solo cuatro de los 34 países de la OCDE, aplican el ad valorem. México es uno de ellos.

Por Guillermina Ayala

México es uno de los cuatro países que usa el sistema de cobro de impuestos ad valorem, que se basa en el precio de la botella.

No obstante, también ha estado del otro lado y, por un tiempo, se estableció el impuesto de cuota fija basado en el contenido de alcohol.

La tarifa del ad valorem es de 50% en todas las bebidas destiladas y 20% en el alcohol puro, explica Alfredo García, socio de impuestos corporativos de KPMG México. Un cambio al esquema de cobro del impuesto a las bebidas alcohólicas puede traer pros y contras, dependiendo de la posición del productor.

“Este sector en México es tan diverso porque tenemos grande productores y tenemos casas artesanales, cuya producción es muy pequeña. Sin embargo, la experiencia al sistema cuota fija es más difícil de administrar para el fisco mexicano y adicionalmente genera más distorsión al impuesto que pague cada uno”, menciona Alfredo García.

Entre las distorsiones del esquema cuota fija estaba que los pequeños productores de, por ejemplo, los rones, la producción resultaba más cara que a los grandes productores, señala García. “Evidentemente el sistema ad valorem beneficia más a los fabricantes de productos más baratos porque los hace más asequibles, en comparación con los licores internacionales. Si produces un licor en el Reino Unido y lo importas a México eso lo hace más caro, porque tienes que pagar costos de producción, costos de transportación y aranceles”, dice Jeremy Cunnington, analista senior de Bebidas Alcohólicas en Euromonitor International.

México, Chile, Corea del Sur e Israel, en el caso de los licores, optan por el ad valorem. “En México -donde hemos tenidos los dos sistemas- parece que es más fácil controlar el ad valorem. Es un impuesto que puede resultar incluso más equitativo para los productores grandes y los chicos, por lo que puede ser más justo”, dice García de KPMG México.

El especialista de KPMG añade que el esquema o sistema que se maneja no es muy relevante, más bien el sector está preocupado porque el impuesto a la bebida pueda ser más alto. El pago “depende más del importe de la tasa que se cobre, que del sistema”.

No obstante, uno de los beneficios del sistema de cobro basado en el contenido de alcohol es, según Cunnington de Euromonitor International, es la salud.

“Que algunos países se aliente a consumir licores con alto contenido de alcohol es poco saludable”, y esto parece ser cierto cuando se opta por un sistema de impuestos ad valorem en el que se puede adquirir productos con alto contenido alcohólico a un precio muy reducido, explica.


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