'e-cash', la evolución de un bien público

Causa simpatía el plan de bancos centrales de tomar las riendas en la creación de moneda del sector privado.
El efectivo electrónico oficial, una propuesta para que la gente tome el control de las finanzas.
El efectivo electrónico oficial, una propuesta para que la gente tome el control de las finanzas. (Shutterstock)

Los lectores habituales de Free Lunch sabrán de la simpatía que tenemos con las propuestas de los bancos centrales de tomar las riendas de la función de la creación de dinero (si algo es, es un bien público) del sector privado. Lo harían para darle a las personas y a las empresas una manera cómoda de manejar el dinero digital oficial (como ya lo ofrecen con los billetes y las monedas) en lugar de depósitos en los bancos privados. El interés en el dinero electrónico ya es firme en la corriente principal, como informa Marilyne Tolle en el blog Bank Underground, el Banco de Inglaterra maneja un programa de investigación sobre cómo y si puede ofrecerlo.

Tolle útilmente examina los principales posibles efectos del dinero electrónico. Probablemente sustituya a los sistemas privados de liquidación de transacciones; amenazará los modelos de negocio de los bancos privados que tienen en la actualidad y mejorará la capacidad de los bancos centrales para llevar a cabo políticas monetarias.

El interés que tiene un importante banco central es emocionante. Aún más emocionante es la opinión positiva que surge de Threadneedle Street. En un nuevo documento de trabajo, John Barrdear y Michael Kumhof estiman que un programa modesto de dinero electrónico del banco central, que no sustituye el papel de creación de dinero del sistema bancario privado, podría aumentar 3 por ciento el tamaño de la economía y ayudar a estabilizar los cambios en la actividad económica. Un artículo en el Wall Street Journal resume el documento.

Hay una tendencia, sobre todo en los informes de prensa, de centrarse en un aspecto particular de este tipo de propuestas, que es utilizar la tecnología subyacente del bitcoin y otras nuevas monedas digitales para implementar el dinero electrónico oficial. Por ejemplo, en el artículo del Wall Street Journal, que se titula “La audaz nueva idea de los banqueros centrales: imprimir bitcoins”. Pero este es un aspecto muy marginal de la idea, y convertirla en el tema central del interés es combinar dos cuestiones muy diferentes.

Una es si las personas y empresas deben tener acceso al dinero electrónico que es moneda oficial (en esencia, créditos sobre el banco central) en lugar de dinero privado (como en la actualidad, financiamientos sobre los bancos privados, o créditos sobre instituciones no bancarias privadas, como en bitcoin). La otra cuestión es si el dinero electrónico oficial se debe implementar mediante la adopción de los bancos centrales de una tecnología del estilo de bitcoin (los llamados “libros de contabilidad distribuidos”, donde una red de computadoras verifica las transacciones y la tenencia) o como es en la actualidad, a través de registros centralizados en poder de los emisores de dinero. Barrdear y Kumhof reconocen esta diferencia, pero simplemente afirman que los libros de contabilidad distribuidos son la mejor solución en términos prácticos.

Pero no hay necesidad de esperar a tener una tecnología del estilo de bitcoin para crear dinero electrónico oficial; simplemente se requiere que el banco central acepte los depósitos de personas, o para ponerlo de otra forma, permitir que todo mundo mantenga las reservas del banco central. Si lo hacen, por la probable mayor comodidad, y una cierta mayor seguridad, los depósitos del banco central probablemente desplacen a los depósitos en la banca privada como lugar para almacenar valores con seguridad y medios de pago.

De hecho, esto ni siquiera depende de lo electrónico. El dinero oficial no físico hubiera podido existir desde hace siglos si los bancos centrales simplemente ofrecieran facilidades de depósito para el público como lo hacen los bancos privados. Se puede implementar en la actualidad sin la necesidad de una innovación institucional, solamente al exigir que los bancos privados den un respaldo de ciento por ciento a los depósitos con reservas de los bancos centrales. Edward Prescott y Ryan Wessel examinan un sistema de ese tipo en un nuevo documento y el hallazgo es que ciento por ciento de la banca de reserva tiene propiedades muy atractivas y, por supuesto, la imposibilidad de corridas bancarias.

Para repetir: las ventajas del dinero electrónico oficial —liquidación de transacciones, almacenamiento de valores de forma segura y manejo de las condiciones monetarias lo puede hacer al menos tan bien por un banco central como un sistema bancario privado descentralizado— no dependen de la forma del dinero electrónico (con libros de contabilidad centralizados o distribuidos). También queda claro, por la discusión de David Andolfatto, de las dos formas de ofrecer dinero electrónico (el colofón y los comentarios en especial dejan más claro que la mayoría de las ventajas no dependen de una tecnología similar al bitcoin).

Hay dos grandes objeciones con las que se tiene que lidiar. Una es que a los bancos no les gustará de ninguna manera el dinero electrónico porque mina parte de su negocio. Si la gente no tiene la necesidad de tener cuentas bancarias para facilitar los pagos o para almacenar valores de forma segura, sin duda la operaciones de los bancos se reducirán. Pero la política pública no debe dejar de ofrecer un bien público, porque su ausencia permitiría a los participantes privados ganar una utilidad al ofrecer una versión inferior de eso. Queremos que el gobierno ofrezca una defensa nacional incluso si arruina las oportunidades de negocio de los mercenarios privados. Además, los bancos todavía podrán ganar dinero de la asignación de inversiones, como lo hace en la actualidad la industria de gestión de fondos.

La otra objeción es que el dinero electrónico, por principio, se puede rastrear; no ofrece el anonimato del dinero físico. Esto por supuesto también es una ventaja, ya que dificulta las transacciones de negocios ilícitas. Anteriormente argumenté que los beneficios de la privacidad del efectivo están sobrevalorados. Pero en cualquier caso, no es del todo cierto que el dinero electrónico no puede ser anónimo.

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