Jared Kushner, el yerno favorito de Donald Trump

Hijo de un exconvicto y magnate de los bienes raíces, el también consejero político del presidente electo de EU, formará parte del grupo de asesores en la Casa Blanca.
"No hay nada que no haga por la familia. Su lealtad es lo máximo en su vida”, dicen los que conocen a Kushner.
"No hay nada que no haga por la familia. Su lealtad es lo máximo en su vida”, dicen los que conocen a Kushner. (Shutterstock)

Antes de convertirse en yerno y asesor político de Donald Trump, Jared Kushner era un joven rico con un ajetreado calendario de viajes. Durante cerca de un año, volaba de Nueva York a Alabama los domingos para visitar la prisión federal en la Base de la Fuerza Aérea Maxwell, y lidiaba con la desgracia. En esos días, Kushner, entonces en sus veintitantos años, era el hijo del preso federal 26526-050.

A su padre, Charles, un magnate de bienes raíces de Nueva Jersey, conocido por sus grandes donativos a políticos demócratas y a las causas judías, lo metieron a la cárcel en la prisión de baja seguridad en 2005, después de declararse culpable de cargos federales en un escabroso escándalo de corrupción política.

No solo el mayor de los Kushner admitió que presentó declaraciones de impuestos e informes de financiamiento de campañas falsos, también reconoció que contrató a una prostituta para que sedujera al esposo de su hermana para que unos detectives privados que contrató filmaran el encuentro. Más tarde, la cinta se envió a su cuñado y a la casa de su hermana, en un intento fallido para que detuviera la ayuda que proporcionaba a los fiscales.

La respuesta de Jared Kushner fue honrar a su padre. Graduado de la Universidad de Harvard con los títulos en derecho y administración de empresas en la Universidad de Nueva York, se unió al negocio de los Kushner después de que su padre fue a prisión y lo puso en sobremarcha. Antes de cumplir 30 años, compró el periódico New York Observer, pagó 1,800 millones de dólares por el icónico edificio de oficinas en Manhattan en 666 Fifth Avenue, liquidó las participaciones de la familia Kushner en Nueva Jersey y convenció a Ivanka Trump -heredera de otra dinastía local de bienes raíces, a quien conoció a través de amigos mutuos- de convertirse al judaísmo y volverse su esposa.

En el proceso, Kushner, ahora de 35 años, demostró las cualidades que le ayudaron a convertirse en una fuerza política, primero como confidente en la campaña de Trump, ahora como participante en las acciones de transición del presidente electo y, posiblemente, como asesor de la Casa Blanca a partir del próximo año.

Es un operador con una mentalidad única, de acuerdo con los que lo conocen. Parece dispuesto a hacer por su suegro lo que hizo por su padre, lo que quiere decir que lo que sea necesario. “Es el máximo hombre de familia”, dice el rabino Hirschy Zarchi, un capellán judío en Harvard, quien conoció a Kushner cuando era estudiante de primer año y se mantuvo en contacto en los años posteriores. “No hay nada que no haga por la familia. Su lealtad es lo máximo en su vida”.

Robert Torricelli, de 65 años, exsenador demócrata de Nueva Jersey, quien conoce a Kushner desde que era un niño, compara su formación con la de John F Kennedy, a quien su padre Joseph educó para convertirse en presidente.

“A Jared lo crió su padre para ser una persona importante”, dice. “Charlie Kushner tuvo un papel en la mente de Jared Kushner desde el principio”. Incluso en Washington, Jared aún es el hijo de Charles Kushner. Como el más joven de los Kushner mostró su poder político en los últimos días, uno de los grandes perdedores en el círculo de Trump fue Chris Christie, el gobernador republicano de Nueva Jersey, a quien Mike Pence, el vicepresidente electo, sustituyó para dirigir la transición de Trump.


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Exactamente cuál va a ser la función de Jared Kushner para Trump en la Casa Blanca todavía no queda claro. Una ley de EU -que se promulgó en la década de 1960, después de que John Kennedy hizo fiscal general a su hermano Robert- le prohíbe a los presidentes emplear a sus parientes, incluyendo parientes políticos, en las agencias federales. Se cree que Kushner podría trabajar de manera informal, pero eso plantea otros problemas legales. Otra cosa que se tiene que determinar es cómo va a coexistir Kushner con sus compañeros de cama en la administración Trump.

La crianza de Kushner fue en un hogar demócrata que se identifica con el judaísmo ortodoxo: el rabino Zarchi recuerda que se sentó con Kushner en una cena de sabbat para hablar de una obra sobre el misticismo judío llamado el Tanya y hablar por tanto tiempo que “antes de que nos diéramos cuenta, habían pasado tres horas”. Tal vez la única certeza es que Trump seguirá encontrando en Kushner un espíritu afín.

Los dos son hijos de ricos magnates inmobiliarios graduados de universidades de la Ivy League que operaron en las afueras de la zona de Nueva York. Los dos fijaron su mira en la brillantes luces de Manhattan y en los medios. Los dos pasaron por agitaciones en la familia, en el caso del presidente electo con tres matrimonios de forma autoinducida, y que heredó en vida de su yerno de menor perfil.

Más importante aún, ahora los dos tratan de hacer algo que nunca han hecho antes. El mundo se pregunta hacia dónde se dirigen. Y si van a llegar a su destino juntos o separados.