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Domingo , 21.10.2018 / 19:15 Hoy

Dilma Rousseff: las críticas para la presidenta guerrillera de Brasil

La primera mujer en dirigir el país más grande de América Latina enfrenta la pelea de su carrera política para permanecer en su cargo.


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La grabación de la intervención telefónica de la policía que tal vez le cueste su trabajo a la presidenta brasileña Dilma Rousseff, dura únicamente 30 segundos.

“¿Bueno?”, es la voz ronca de Luiz Inácio Lula da Silva, su predecesor. Lo pone en espera mientras suena una agradable melodía de bossa nova. Después, habla Rousseff:Lula da Silva va a recibir un documento con el que se aprueba su nombramiento como ministro “solo para usarse en caso de ser necesario, ¿está bien?” “Gracias, querida”, responde.

Para la oposición, la conversación es evidencia de que Rousseff, la primera mujer líder de Brasil -una exguerrillera marxista que gobierna al país más grande de América Latina desde hace más de cinco años- intenta evitar la posibilidad de que la policía arreste a su mentor por cargos de corrupción. El tribunal de primera instancia que liberó la grabación el mes pasado preside una investigación de gran alcance sobre la corrupción de Petrobras, la compañía petrolera nacional, con pérdidas para el Estado que se estiman en hasta 12,000 millones de dólares. Bajo la ley brasileña, una posición en el gabinete protegería a Lula da Silva de su jurisdicción.

La grabación desencadenó protestas en 15 ciudades. También le dio valor a la campaña en el Congreso para el juicio político contra la presidenta, que en semana pasada culminó con la salida de su principal socio de la coalición de gobierno. Con los ministros que empiezan a renunciar a su gobierno, Rousseff está cada vez más aislada. Corre el peligro de que este mes se convierta en el segundo presidente, en una generación, a la que destituyen. El pretexto es que, presuntamente, arregló las cuentas públicas para ocultar el déficit presupuestal, una acción que ella niega. Pero es la enorme corrupción en Petrobras y el hundimiento de la economía lo que realmente indignó a la opinión pública.

En un año en que Brasil será la sede de los primeros Juegos Olímpicos que se realizan en América del Sur y con el brote del virus del zika, esta es una prueba para su frágil estilo de gestión. En la balanza, también está el futuro de Brasil como una economía importante a nivel mundial después de más de una década de un gobierno de izquierda bajo el Partido de los Trabajadores. El país, uno de los que tienen más desigualdad en el mundo, pocas veces se ha visto más polarizado entre la izquierda y la derecha, los ricos y los pobres.

“En las calles de este país se estableció un clima de odio”, dijo recientemente Lula da Silva a periodistas extranjeros. “Nunca he visto a una mujer ser objeto de tanta agresión como Dilma”.

El juicio político sería un final ignominioso para una de las carreras políticas más extraordinarias de Brasil. Dilma Vana Rousseff nació en 1947 en la ciudad de Belo Horizonte, capital del estado minero al sureste del país, hija de una maestra brasileña y un abogado de origen búlgaro. A los 16 años empezó a combatir a la inminente junta militar. Conoció a su marido (actual exmarido), el abogado Carlos Franklin Paixao de Araujo, el padre de su único hijo, antes de que la dictadura de derecha la encarcelara en 1970. Una foto de esa época muestra a una joven desafiante sentada ante un panel de jueces, sus rostros cubiertos por sus manos. La torturaron y tuvo una hemorragia en el útero. Esos años, dijo la semana pasada, le enseñaron a nunca darse por vencida.

Después de que Brasil regresó a la democracia en la década de 1980, Rousseff trabajó como tecnócrata en el gobierno estatal antes de que Lula da Silva la nombrara secretaria de energía, y después jefa de gabinete, durante sus dos mandatos, entre 2003 y 2010. En ese periodo, también fue directora de Petrobras, junto con la coalición gobernante de políticos acusados de usar a la empresa para enriquecerse personalmente y a las campañas políticas. Rouseff ganó con facilidad las elecciones en 2010 y con mayoría de 51.6% de votos en 2014.

Es una controladora excesiva y una jefa estricta, de acuerdo con los que han trabajado con ella, y es capaz de llevar a las lágrimas a los ministros que no están preparados.

También puede ser encantadora. “Déjenme bajar y sentarme con ustedes”, dijo durante una conferencia de prensa, mientras bajaba del podio. “Estuve cuidando a mi nieto durante el fin de semana y me duele un poco la espalda”. Ocasionalmente intenta suavizar su imagen. Antes de las elecciones generales de 2014, dio a conocer un video de ella mientras cocina pasta en su casa en la residencia oficial.

Pero sus problemas se agravaron por una economía que se encamina a su peor recesión en más de un siglo y por el escándalo de Petrobras.

Su juicio político no es seguro. Únicamente necesita un poco más de un tercio de la cámara baja del congreso para bloquear la medida, y todavía no queda claro si puede convencer a los partidos más pequeños para unirse a una coalición renovada. Pero, si sus opositores lo logran, al menos puede dejarle a los brasileños un legado positivo perdurable: la creciente independencia de sus instituciones de investigación.

A través de la investigación de Petrobras, que ella permitió proceder sin obstáculos, estos grupos hicieron estallar una cultura de cientos de años de corrupción e impunidad para los ricos y poderosos. Este es un logro que incluso la joven estudiante enojada en la fotografía en blanco y negro aprobaría.


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