¿Puede un nombre cambiar tu futuro?

La teoría del determinismo nominativo señala que nuestro trabajo y futuro económico están condicionados por cómo nos llamamos.
Algunos estudios encontraron que las personas se inclinaban de forma desproporcionada a casarse con alguien con un apellido similar.
Algunos estudios encontraron que las personas se inclinaban de forma desproporcionada a casarse con alguien con un apellido similar. (Shutterstock)

Alguien me señaló un hecho sorprendente: llamarse Dennis hace que la gente tenga más probabilidad de convertirse en dentista. La idea es absolutamente espléndida. Pero también es falsa, y desde hace cinco años se sabe. El hecho de que esta afirmación la repitan personas con conocimientos nos dice algo importante sobre la forma como se difunden las ideas.

En 1994, la revista New Scientist llamó la atención sobre Daniel Snowman, el autor de un libro sobre las regiones polares. Una avalancha de nombres aptos le siguió: la profesora de Manchester Ship Canal, Sue Grimditch; los banqueros de altos sueldos Rich Ricci y Bob Diamond; la reformadora de prisiones Frances Crook; y, por supuesto, el ex jefe de justicia, Lorde Judge. La idea del determinismo nominativo (que tu nombre determina tu destino) se difundió porque es divertida.

Pero entonces los psicólogos sociales comenzaron a tomar en serio la idea. La teoría del “egoísmo implícito” es que a las personas inconscientemente las atraen cosas que les recuerdan a sí mismas, y, en especial, el eco de sus propios nombres. Dennis se inclinaría a estudiar odontología, mientras que Laura estaría tentada a convertirse en abogada (por lawyer, abogado en inglés). Georgia se mudaría a Georgia, y Erica, es más probable que acepte una propuesta de matrimonio de Eric que de Bob.

La fuente de la afirmación sobre Dennis y el dentista no es una especie de mito urbano: es un artículo que publicó en 2002 en el Journal of Personality and Social Psychology. Se encontró que aunque Dennis, Walter y Jerry son nombres con la misma popularidad, hay casi el doble de personas de nombre Dennis que trabajan como dentistas en comparación con las personas con que se llaman Walter o Jerry.

Otros estudios encontraron que las personas se inclinaban de forma desproporcionada a casarse con alguien con un apellido similar, y a mudarse a áreas que se parezcan a su nombre. Estos hallazgos no solo se reciclan entre los consumidores casuales de la psicología pop, sino que se encuentran en los principales libros de texto de psicología.

Pero, en 2011, el psicólogo Uri Simonsohn publicó la revisión que hizo de la evidencia del determinismo nominativo, y labró un territorio cada vez mayor para desbaratar esas ideas.

Simonsohn encontró que la conexión Dennis-dentista es un artefacto estadístico, y se puede ver claramente por el hecho de que Dennis es un nombre más popular que Walter, no solo para los dentistas, sino para los abogados. Esto se debe a que si bien Walter es un nombre tan común como Dennis, es sobre todo más común entre los caballeros de edad mayor que se encuentran en edad de jubilación. Dennis no solamente tiene más probabilidad de ser dentista: tiene más probabilidad que Walter de tener algún trabajo.

Otro hallazgo curioso es que George y Geoffrey parecen curiosamente propensos a hacer investigaciones doctorales en ciencias geológicas. ¿Es evidencia para el determinismo nominativo? No. Estas personas con el nombre de Ge también tienen un exceso de representación en otras ciencias.

¿Qué ocurre con el matrimonio? Las personas con el mismo nombre o con nombres similares suelen casarse entre sí? Sí, pero no necesariamente porque el nombre en sí les resulte atractivo.

Al ver los datos de Texas, Simonsohn encontró más de 200 matrimonios con los mismos apellidos basados en solo en cuatro nombres: Patel, Nguyen, Tran y Kim. Estos 200 matrimonios fácilmente son suficientes para sesgar los datos, y queda bastante claro que lo que ocurre es que son matrimonios dentro de las comunidades de inmigrantes.

Es suficiente. Al leer el documento de Simonsohn, surge el panorama general mucho tiempo antes de que termine con su paciente disección de ocho hallazgos independientes de determinismo nominativo, y muestra que los ocho parecen tener correlación con una explicación más directa: La teoría del egoísmo implícito es una tontería agradable.

Entonces, ¿por qué la gente todavía me dice que es más probable que Dennis se vuelva dentista? Creo que la verdad es que el determinismo nominativo afecta una zona mental óptima. Nos reímos cuando escuchamos que un alto juez se llama Igor Judge. Nos sorprende y disfrutamos escuchar que los cerebritos salieron y descubrieron que hay personas que realmente buscan que sus carreras y sus parejas se parezcan a su nombre. Es un hallazgo que es fácil de recordar, ligeramente intuitivo y, sin embargo, lo suficientemente sorprendente como para hablar de eso con otras personas. Se difunde.

Las viejas ideas son difíciles de matar, sobre todo cuando son interesantes y divertidas, Me dicen que vivimos en una era en la que los datos no cuentan, y tal vez hay cosas más importantes de qué preocuparse que si Dennis probablemente se va a convertir en dentista. Sin embargo, aún cuando el mito es divertido y la verdad es aburrida, la verdad aún importa.

Teoría

De acuerdo con el determinismo normativo, alguien llamado Dennis es más propenso a ser dentista que un Walter.

Rechazo

Uri Simonsohn descarta esta idea al señalar que también existen más abogados de nombre Dennis que los llamados Walter.

Idea

El “egoísmo implícito” afirma que a las personas las atraen cosas que les recuerdan a sí mismas, y a sus nombres.