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David Guetta, DJ superestrella

Cómo construir una marca hedonista con una vida que transcurre entre la tranquilidad del Mar Mediterráneo, pero contrasta con el glamur de aviones privados, egoísmos y enorme riqueza.

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El descendiente rebelde de una familia intelectual parisina de izquierda se sienta frente a mí en una mesa de madera bajo el toldo de una terraza encalada. El mar azul y los yates están a la derecha. A la izquierda hombres musculosos rodean la alberca. Detrás de él, en el lado opuesto de la bahía, está Ibiza. “Me encanta estar aquí”, dice sonriente David Guetta.

El francés está en su hábitat natural. Como uno de los DJ más exitosos del mundo, Guetta pasa sus veranos en la Isla Baleares española, famosa por su vida nocturna. Cada semana toca en un par de clubes nocturnos, el Pacha y Ushuaïa. El auge del turismo que visita la isla es evidente. En 2016 tuvo récord de 7.1 millones de visitantes.

Nuestro almuerzo es en Destino, un restaurante de moda propiedad de Pacha. Guetta apareció por primera vez en ese club en 1996.

Guetta y sus colegas titanes de la música bailable son casi todos hombres, son algo parecido a lo que solían ser las estrellas de rock en la década de 1970. Llevan un estilo de vida con aviones privados, adoración, egoísmo y enorme riqueza.

En la última década, la fama de Guetta se volvió mundial. Sus audaces himnos, una especie de hiper-disco, reverberaban en diferentes espacios del mundo, desde Las Vegas hasta Phuket.

Divide su tiempo entre Los Ángeles, Miami y Londres, y, por supuesto, en su mansión de Ibiza llamada, delicadamente, Fuck Me I’m Famous, una inscripción perfecta para la era de los DJ superestrellas.

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Un avión alquilado lo espera en el aeropuerto, para llevarlo a los clubes nocturnos y festivales de verano en Europa. El año pasado, Forbes estimó sus ingresos anuales en 28 millones de dólares (mdd).

Son las 3:30 de la tarde. Ordena pollo a la parrilla, verduras al vapor y arroz, la elección saludable de un delgado hombre de mediana edad determinado a conservarse delgado. Cambia de opinión cuando yo estoy por escoger un pescado del menú. Guetta pide una lubina.

Si Ibiza es el hábitat natural de Guetta, entonces EU es su hogar adoptivo. Aunque la música tecno y house son invenciones estadounidenses, que se formaron en ciudades como Detroit y Chicago, la nación quedó rezagada del resto del mundo para abrirse a la música dance. Eso cambió hace casi una década, cuando se le dio el nuevo nombre de electronic dance music o EDM. Guetta fue el abanderado.

En 2009, cuando el líder de los Black Eyed Peas, William “will.i.am” Adams, le pidió producir la canción del grupo californiano de hip hop I Gotta Feeling, el resultado unió el ritmo rápido del Eurodance con el pop-rap estadounidense, un acto irresistible de hacer algo híbrido. Se convirtió en uno de los sencillos de mayor venta en la historia de las listas. Guetta recuerda al magnate de la música, Jimmy lovine, quien le dijo: “Mira, David, este disco va a cambiar al mundo. Este es el nuevo formato de la música pop de ahora en adelante”.

Y así lo demostró. El álbum One Love de Guetta, que también se estrenó en 2009, le dio una serie de éxitos bajo su propio nombre, incluyendo Sexy Bitch, que contaba con la participación del cantante de Rhythm and Blues, Akon, a la que le dio el título ligeramente menos ofensivo de Sexy Chick para la versión “limpia” de la radio.

Guetta detecta un cambio ahora. “La música vuelve a ser muy hip hop en EU, y pop y dance aquí”, dice, pero no puede regresar a su lámpara. El francés se mantiene como una estrella frecuente en raves masivos en Miami y Las Vegas; aparece en podios inmensos rodeado de fuegos artificiales y juegos de luces, y grita “¡Vine de fiesta con ustedes!” a miles de parranderos, como un dios olímpico. “Es enorme. Ahora es una industria”, dice. Aunque en 2016 se desaceleró su crecimiento, el mercado EDM alcanzó la cifra de 7,100 mdd.

En septiembre volará a Los Ángeles para trabajar en su séptimo álbum. Va a incluir su último éxito, 2U, que cuenta con la colaboración de Justin Bieber.

Llega nuestra comida, pescado y verduras con tazones de arroz. Guetta come. Tiene dos anillos grandes, joyería de una estrella de rock.

Su epifanía como DJ llegó en 1988 cuando visitó Shoom, un club de Londres, en el auge del acid house, donde el DJ Danny Rampling se encontraba bajo las luces. Era la estrella del espectáculo, no era una persona anónima que elige discos en la oscuridad. “Eso cambió totalmente mi vida”, recuerda Guetta. Retiran nuestros platos.

En 2014 se separó de Cathy, su esposa durante 22 años. En un caso amargo que generó mucha cobertura de los medios. Ella reclamó la mitad de su fortuna, la cual se calculó en 30 millones de dólares. Su pareja actual, es la modelo cubana Jessica Ledon, de 24 años, con la que los paparazzi recientemente lo fotografiaron “compartiendo un beso fogoso” en la playa.

El escapismo es la especialidad del francés. Pero logro hacerle una pregunta final sobre el turbulento mundo en el que nos encontramos más allá de la burbuja de Ibiza. “Nunca me ha interesado la política, pero mis decisiones cuando se trata de la vida y de la música siempre han sido para unir a la gente”, dice. “No soy una persona que le guste en particular lo de VIP. Tengo dinero y llevo esta vida, pero me gusta mezclarme con todo el mundo, así que para mí esa es la mejor respuesta posible. Para mí el hecho de que estamos juntos bailando al mismo ritmo y que la gente venga de diferentes países a Ibiza es la mejor respuesta posible para cualquier cosa que esté ocurriendo”.


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