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Martes , 19.06.2018 / 18:41 Hoy

Culpan a las máquinas de caídas súbitas en mercados

En los últimos años el uso de programas automatizados se amplió tanto que hoy participan en 50% de todas las operaciones de futuros de energía y metales.

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Gillian Tett

Los inversionistas tuvieron muchas razones para preocuparse por los precios del petróleo este año. Ahora tienen otro: Timothy Massad, presidente de la Commodity Futures Trading Commision de EU (Comisión de Comercio en Futuros de Materias Primas, o CFTC, por sus siglas en inglés) reveló el miércoles que existieron 35 extraños flash crashes (caídas repentinas) en los mercados estadunidenses de petróleo este año.

Sí, lee usted bien: de acuerdo con los investigadores de la CFTC, en tres docenas de ocasiones los precios del crudo West Texas Intermediate dieron un giro tan dramático que se definieron como flash crash. Esto significa que los precios oscilaron 200 puntos base en menos de una hora, antes de recuperar al menos 75 puntos base.

Incluso si la definición es un poco arbitraria, estos cambios claramente se vuelven cada vez mucho más frecuentes, y no solo en los mercados del petróleo. Los inversionistas se sorprendieron este año cuando un flash crash en renta variable de EU provocó que el precio de algunos fondos cotizados cayeran más de 50 por ciento en una hora. Hace exactamente casi un año, ocurrieron convulsiones similares en el mercado de bonos del Tesoro.

Sin embargo, la investigación de la CFTC muestra que el problema se extiende mucho más allá de estos episodios llamativos: las caídas repentinas ahora afectan incluso a los hasta ahora aburridos sectores de materias primas, como el maíz.

¿Por qué? Se preguntan los banqueros, y estarán tentados a culpar a las regulaciones. El argumento es que las reformas que se introdujeron después de la crisis de 2008 hicieron que los bancos tuvieran tal aversión al riesgo que son renuentes a actuar como creadores de mercado, y se preparan para comprar o vender cuando los inversores quieren operar, lo que significa que desaparece la liquidez, lo que hace que caigan los precios.

Pero Massad señala a otro culpable: los algoritmos como los que utilizan los operadores de alta frecuencia. Esta es una pieza clave para el rompecabezas. En los últimos años, el uso de programas informáticos automatizados se amplió tan rápido que la CFTC dice que ahora participan en 50 por ciento de todas las operaciones de futuros de energía y de metales, y 67 por ciento de los futuros del Tesoro. Si los mercados fueran como la nave espacial de la película 2001: Una odisea en el espacio, la obstinada computadora HAL estaría al mando.

El punto crucial es que estos programas de operación automatizados —al igual que HAL— no cuentan con el juicio humano. Cuando estalla una crisis y los precios caen, las computadoras no se toman un "largo descanso para tomar café", como dice Massad, y esperan a que regrese el sentido común; en lugar de hacer eso, suelen acelerar las operaciones, lo que alimenta esos cambios de los flash crash.

Esto no solo crea un dolor de cabeza para los inversionistas convencionales, también plantea un reto político para los reguladores, entre otras cosas porque figuras de la talla de Hillary Clinton, la candidata presidencial del Partido Demócrata, se centran cada vez más en el tema. Y el problema para los legisladores es que frenar el fenómeno parece extremadamente difícil.

En teoría, hay tres grandes caminos que se pueden tomar. En primer lugar, deben tratar de apagar esas computadoras automatizadas o hacer que disminuya su velocidad (digamos, al gravar las operaciones o poner límites en la velocidad de las operaciones). En segundo lugar, pueden alentar a los bancos a que regresen a su papel de creadores de mercado. O, en tercer lugar, pueden aceptar que las oscilaciones son inevitables y tratar de frenar su impacto, al imponer largas pausas en las operaciones en todo el mercado, por ejemplo, o tratar de detectar cuando las computadoras están a punto de hacer locuras.

En la práctica, la CFTC parece enfocarse en el tercer camino. Esta semana Massad dio a conocer planes para que su agencia examine los algoritmos de los operadores y frenar a los que parecen propensos a comportarse erráticamente cuando desaparece la liquidez. La agencia también quiere una mayor supervisión de los operadores de alta frecuencia y medidas para reforzar los interruptores que pueden detener las operaciones durante una crisis.

Estas medidas son sensibles, pero es poco probable que paren los flash crashes a menos de que también se tomen medidas más fuertes. La industria de gestión de activos se prepara para objetar que se apaguen las computadoras o se disminuya su velocidad de una forma que haría más costoso para los inversionistas operar en tiempos normales.

Y no existe el deseo entre los reguladores de dar marcha atrás a las reformas que se implementaron después de la crisis y alentar a los bancos a convertirse de nuevo en creadores de mercado. En cualquier caso, los algoritmos de las operaciones se volvieron tan dominantes en los últimos cinco años que, incluso en el caso poco probable de un cambio regulatorio, no queda nada claro si los bancos desean regresar a su papel de creadores de mercado

Asi que la CFTC y otros están atascados. Pueden seguir contando diligentemente los flash crashes. Pero no pueden prevenirlos realmente.

Lo único bueno que puede venir es que, a medida de que ocurran más caídas repentinas, habrá mayor probabilidad de que los inversionistas convencionales aprendan a no hacerles caso. Y por supuesto, algunos financieros súper astutos van a mejorar la forma en que pueden explotar esas oscilaciones de precios periódicas, al mantener su ingenio humano con ellos.

gillian.tett@ft.com


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