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Lunes , 16.07.2018 / 20:15 Hoy

Cuando la muerte tocó a Mark Bertolini

La enfermedad de su hijo y su accidente le dieron información sobre los enfoques no convencionales para manejar una de las empresas más grandes de seguros médicos en Estados Unidos.


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David Crow

Cuando a Eric, el hijo de Mark Bertolini, le afectó un tipo raro de cáncer a los 16 años, los médicos dijeron que se preparara para lo peor. “Cuarenta y siete personas habían sido diagnosticadas anteriormente con la enfermedad, todos hombres entre 16 y 34 años, y todos murieron”, recuerda.

Bertolini, ahora director ejecutivo de Aetna, la tercera mayor compañía de seguros de salud de EU, se negó a aceptar el pronóstico clínico de Eric. Encontró a un oncólogo en Boston dispuesto a probar un trasplante de médula ósea “mala” que podría matar las células cancerígenas.

El trasplante eliminó el cáncer, pero el cuerpo de Eric rechazó la médula ósea y se enfermó. “Su peso bajó de 63 kilogramos a 36 kg en cuestión de meses”, dice Bertolini.

Fue entonces que el ejecutivo renunció a su trabajo en Cigna y se instaló en el hospital para administrar el cuidado de su hijo personalmente.

Descargó una copia de Los Principios de Medicina Interna de Harrison, una biblia para los médicos principiantes, y empezó a tener feroces discusiones con los médicos, quienes pensaban que estaba en una negación con las posibilidades de supervivencia de su hijo.

Para 2003, Eric logró una recuperación total, en parte porque su padre convenció a los reguladores para que le permitieran tomar una medicina no aprobada. En la actualidad, Eric trabaja en la firma de gestión de activos, State Street.

Bertolini regresó a trabajar con puntos de vista diferentes sobre el sistema de salud de EU. “La primera lección fue que a él siempre lo veían como el linfoma de la habitación cuatro, mientras que yo lo conocía desde la sala de partos cuando nació”, dice.

La realidad de lidiar con las compañías de seguros de salud en EU suele ser menos edificante. Aetna logró solo una calificación media en la tabla anual de satisfacción del cliente de JD Power en 2015.

Sin embargo, Bertolini cree que su experiencia personal puede aplicarse a su enorme empleador, que tiene una capitalización de mercado de 38,000 millones de dólares (mdd), y 23 millones de clientes de seguros de salud.

Señala algunos cambios desde que asumió el puesto principal en 2010. Aetna anima a la gente a viajar para asegurar un mejor tratamiento, como lo hizo Eric.

La enfermedad de su hijo le dio información sobre los enfoques no convencionales para manejar una de las empresas más grandes de EU -que podría ser más grande con la adquisición pendiente de 37,000 mdd de su competencia, Humana, -al igual que un horrible accidente suyo.

En febrero de 2004, un año después del día que dieron de alta a su hijo, Bertolini chocó contra un árbol mientras esquiaba en Vermont, se rompió el cuello y la espalda, se lastimó la cabeza y dañó sus nervios. Cuando recuperó la consciencia una semana después, descubrió que estaba vivo solo porque cayó de cabeza en un río congelado, lo que actuó como una bolsa de hielo para su médula espinal.

Se encendió la desconfianza que le tiene a los hospitales, que según él “están llenos de enfermedades”.

A pesar de ser un escéptico respecto de los tratamientos alternativos, encontró alivio en la terapia craneosacral, que algunos médicos descartan como de curandero. “Yo era un escéptico absoluto”, recuerda. En tres sesiones empezó a sentirse mejor, tres meses después, dejó de tomar analgésicos.

Bertolini recurrió al yoga y desarrolló una pasión por “toda la visión hindú del mundo” y trató de ponerlo en práctica en Aetna, que ofrece sesiones de yoga y meditación a su personal.

Desde entonces, más de 13,000 empleados de Aetna participaron en un programa de 12 semanas de meditación o yoga, y Bertolini dice que el resultado es un “aumento radical de productividad”.

Evita los textos de administración que adoran otros directores ejecutivos y acusa a las escuelas de negocios estadounidenses de “envenenar el pensamiento económico de todos los hombres de negocios del mundo”, a pesar de que tiene una maestría en finanzas de la Universidad de Cornell.

En su lugar, para obtener ideas recurre a los textos hindúes, así como los escritos de Abraham Maslow, el fallecido psicólogo humanista, y el libro seminal sobre la desigualdad del ingreso del economista francés Thomas Piketty, que se publicó en 2013. Este último alentó a Bertolini a implementar el año pasado un aumento salarial en toda la compañía.

Aetna también mejoró su plan médico para el personal. Redujo la cantidad con la que tienen que contribuir los empleados de bajos sueldos para recibir atención de salud.

Se espera que el acuerdo con Humana enfrente un duro escrutinio de los reguladores antimonopolio en medio de los reclamos que señalan que se reducirá la competencia y aumentarán los costos.

Bertolini cree que el caso será lo opuesto, que el tamaño de Aetna y la rentabilidad garantizada le dará la libertad para experimentar.

“A pesar de que puedo ser un poco diferente como CEO, en la forma de pensar acerca de cómo invertir y jugar el juego, estoy muy enfocado en asegurar que vamos a lograr nuestros resultados”, dice. “Porque eso nos da la capacidad para hacer el resto”.

En su muñeca, Bartolini utiliza un costoso reloj suizo, un elemento básico para muchos directores ejecutivos, y un guiño a las formas convencionales de las grandes empresas, pero también utiliza dos extraños anillos negros, uno con la forma de un cráneo.

Le dice a sus colegas que le recuerda que “el tiempo es corto”.


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