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Martes , 17.07.2018 / 01:23 Hoy

Crisis en las democracias inglesa y estadunidense

Tanto Jeremy Corbyn como Donald Trump amenazan con destruir las posibilidades electorales de sus respectivas fuerzas.

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GIDEON RACHMAN

Dos de los grandes partidos políticos en Occidente —el Republicano en Estados Unidos y el Laborista en Reino Unido— están en un estado cercano al colapso. Eso, a su vez, amenaza la salud de la democracia en ambos lados del Atlántico.

Las crisis en los partidos Republicano y Laborista son sorprendentemente similares. En ambos casos surgió un líder de la periferia de la política y llevó al partido hacia una dirección diferente y radical. Los surgimientos de Donald Trump y Jeremy Corbyn amenazan con destruir las posibilidades electorales de los dos partidos, y sembrará divisiones y confusión ideológica duraderas en el futuro.

Incluso si Trump y Corbyn nunca logran llegar a la Casa Blanca o al número 10 de Downing Street, su llegada también es perjudicial para el sistema político general. Las democracias que tienen un buen funcionamiento necesitan de una oposición creíble para que el gobierno rinda cuentas. Pero en Reino Unido y en Estados Unidos esa función básica ya no es algo que se realice de manera adecuada.

En Gran Bretaña, el reto de negociar la salida de Reino Unido de la Unión Europea pide a gritos una oposición responsable. El gobierno, que encabeza Theresa May, logró adquirir una reputación de competencia, en parte porque el Partido Laborista es un desastre. Sin embargo, a pesar de que ya transcurrieron dos meses desde que Gran Bretaña votó por salir de la Unión Europea, no hay muchas señales de que el gobierno de May tenga la mínima idea de cómo manejar el asunto. Simplemente repetir el brexit significa el brexit no es un sustituto para una estrategia.

Una oposición competente debería, por ahora, estar encima del gobierno de May. Destacaría la lucha interna entre los ministros que están a cargo de negociar el brexit. Y realizaría críticas a la primera ministra por no lograr articular sus prioridades sobre cuestiones vitales, como las compensaciones entre la inmigración y el acceso al mercado interno de la Unión Europea.

Pero el Partido Laborista de Corbyn no logra hacer nada de eso. Esto puede deberse a que Corbyn en realidad es un partidario secreto del brexit. O simplemente por incompetencia. De cualquier manera, el Partido Laborista no cumple con su obligación.

La situación en EU es más grave. La idea que tiene Trump de lo que es la oposición es aprovechar cualquier teoría de conspiración descabellada que circula en internet o en la radio hablada. La campaña de Trump está tan obsesionada con pintar a Hillary Clinton y a los demócratas como “pillos” que no logra destacar los problemas reales que se agudizaron en el gobierno de Obama. Estos incluyen el desastre que se desarrolla en Siria y la preocupación de que la economía de EU es adicta a las políticas monetarias ultralaxas. En una democracia que funciona bien, estos problemas estarían en el centro de la elección presidencia. Como tales, se perdieron en una interminable serie de controversias que generó la campaña de Trump.

Las similitudes entre los fenómenos de Corbyn y Trump se disfrazan por las diferencias casi cómicas entre los dos políticos. Corbyn insiste sobre todo en que “practica” el abuso a nivel personal, Trump es prácticamente lo único que hace. El líder laborista está más cómo en su jardín comunitario. El entorno natural de Trump es un penthouse. Corbyn es de extrema izquierda. Trump es de extrema derecha. Corbyn es un internacionalista; Trump es un nacionalista.

Pero, a pesar de esas diferencias, los dos líderes tienen mucho en común. Los dos son políticos “antisistema”. Los dos se apropiaron del control de sus partidos al movilizar nuevos grupos de activistas y electores. Los activistas de Trump y Corbyn desprecian a la vieja guardia de sus partidos y a menudo hay un trasfondo de violencia en su retórica.

También se conocen las simpatías que tienen Corbyn y Trump por la Rusia de Vladímir Putin, y sus escepticismos sobre la OTAN. Los márgenes de Corbyn y Trump al parecer también se infectan por un antisemitismo, que tal vez refleja la sospecha tradicional de la extrema izquierda y la extrema derecha de que “el sistema” está bajo el control de los judíos.

Las similitudes entre los dos movimientos sugieren que las divisiones tradicionales de izquierda y derecha ya no son la mejor forma de comprender la política angloamericana. En su lugar, la nueva política se convierte en la confrontación entre lo establecido y los partidos antisistema. El mismo patrón se puede ver en gran parte de Europa occidental, con el surgimiento de partidos contra el sistema, entre otros el movimiento Cinco Estrellas de Italia, el Frente Nacional de Francia, Podemos de España y Alternativa de Alemania. Algunos de ellos se denominan de extrema derecha y otros como de extrema izquierda. La característica que comparten casi todos es afirmar que el sistema está “manipulado” y que las élites pisotean a la gente común. En política extranjera suelen estar a favor de Rusia.

Al tener en cuenta los desastres de la guerra de Irak y la crisis financiera, junto con el estancamiento de largo tiempo en los niveles de vida, no sorprende que los electores en EU y Europa busquen alternativas más radicales. Pero los abanderados del nuevo radicalismo en EU y Reino Unido son líderes que desafortunadamente carecen de ideas constructivas, a menos que consideren el proteccionismo y la destrucción de la OTAN como la clave para el futuro.

En lugar de introducir nuevas ideas creativas, los señores Corbyn y Trump simplemente tuvieron éxito al reciclar algunas malas ideas del pasado: control estatal de la economía, en el caso de Corbyn; aislamiento al poner a Estados Unidos en primer lugar, en el caso de Trump. Es probable que estos dos individuos nunca lleguen al poder real. Sin embargo, su ascenso a la prominencia es una señal de una enfermedad real en las democracias británica y estadunidense.

gideon.rachman@ft.com


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