La corrupción no es un problema cultural

Debemos ser más valientes como empresarios, consumidores y ciudadanos para acabar con ese mal: Jesús MartínezRojas, director general de McBride.
La corrupción no es un problema cultural:Jesús Martínez Rojas, director general de McBride.
La corrupción no es un problema cultural:Jesús Martínez Rojas, director general de McBride. (Jorge Carballo)

Ciudad de México

Para 69 por ciento de las empresas en el sector de la industria de la construcción, la asignatura más importante de Responsabilidad Social (RS), según un estudio de la  consultora ResponSable, es el soborno en las licitaciones públicas. No obstante, especialistas coinciden en que ni es el único sector permeado por ese tipo de corrupción, ni el gobierno es el único responsable en un fenómeno que no se reduce a un problema cultural.

“Para que exista corrupción debe de haber al menos dos, pero no caigamos en la mentira que nos quiere ofrecer el presidente de la República al afirmar que este es un problema cultural. No, el ser humano ni es malo por nacimiento ni es corrupto por cultura. No es cierto. Hay procesos, mecanismos y ambientes que propician la corrupción”, señaló Jesús Martínez Rojas, director general de McBride. “Si fuera cultural, podría decir que todos los priistas son corruptos, porque esa es su cultura; pero no es cierto, hay priistas que no son corruptos, o al menos eso quiero pensar”.

Al respecto, Marco Pérez, coordinador de Pacto Mundial en México, coincidió en que “en un proceso de corrupción hay dos partes. Sin duda es un problema que debe arreglarse desde temprano, desde la forma en la que se negocia una calificación y se transmiten los valores en la educación primaria”.

“Es un problema multifactorial. Es importante no eximir a los órganos públicos, pero también entender la responsabilidad del sector privado, que a final de cuentas está generando riqueza, tecnología y oportunidades laborales, y es el que hace la diferencia. El sentido del bien no es inherente a la persona, lo que no quiere decir que una persona nazca con conciencia hacia el mal, sino que la persona debe educarse en los valores y principios, en el respeto y la cultura de la legalidad. Si así debe formarse a una persona, con mayor razón a un grupo de gente que trabaja por una meta en una empresa”, destacó el representante de la iniciativa de RS de la ONU.

Oligopolios y cemento

Martínez Rojas explicó que parte del problema también provino de los monopolios y oligopolios que hace 20 años dominaron el sector empresarial en México, “cuando este país era completamente cerrado, antes del TLC: o hacías dinero con el consumo privado o lo hacías con el gobierno, lo que provocaba que muchas compañías dependieran del gobierno para su subsistencia, en términos de ingreso y aun de presión política”.

Sin embargo, apuntó el especialista en sustentabilidad, “llegamos a un momento en el cual la pirinola dice ‘ponen todos’, y la pirinola de la corrupción es tan perversa que al final del día ponen desde el más rico hasta el más pobre”.

“Me habría encantado que México hubiera tenido un Henry Ford en la industria cementera, alguien que dijera: ‘Quiero que todos los mexicanos tengan una casa de cemento bien armada’ ”, comentó el directivo de McBride. “Pero no, en México tuvimos un oligopolio del cemento que lo impedía mientras sus empresas crecían. Ese es un tipo de corrupción que se llama de competencia económica. Ahí se genera una cuota que México debe pagar, que, de hecho, hemos pagado siempre y seguimos pagando”.

Sin embargo, hay una apertura que está acabando con prácticas como los sobornos en licitaciones o la competencia desleal, no solo en el sector de la construcción. “Se abrió de comunicaciones y el del cemento. Importar hace diez años esos productos o servicios era muy complicado y ahora puedes traer a México hasta gasolina”, señaló el directivo de McBride. “Los empresarios deben revertir tal tendencia y desarrollarse siendo competitivos para que el mercado crezca, y no ganando una renta monopólica”.

Marco Pérez sostuvo que ese “es uno de los temas más sensibles, pues provoca algunas veces una sensación de incomodidad del mercado que puede ver a una empresa que por un lado tiene prácticas verdes o hace voluntariado corporativo, pero que en sus operaciones no es transparente. Está incluso demostrado económicamente que las operaciones informales representan un gasto de entre 8 y 10 por ciento de las utilidades de las empresas”, destacó.

Cambio de época

La evolución comercial a escala global y una mayor conciencia de empresarios y consumidores hace que la corrupción tenga cada vez menos espacio. “En términos generales, las empresas mexicanas dependen cada día menos del gobierno, porque se han internacionalizado y eso ha dado pie a que sean más críticas”, destacó Martínez Rojas. “La corrupción es el impuesto social más caro y limita el crecimiento, no solo en la tasa económica, sino en cómo crecemos. Lo hacemos lento y mal porque el que roba o hace triquiñuelas le quita una renta al que es parejo”. Sin embargo, “eso ha ido cambiando. Creo que las compañías se están dando cuenta de que a mediano plazo no les funcionará, porque a la gente que contratan ya le cayó el veinte. Hay una especie de maduración de la sociedad”.

El directivo de McBride abundó que, “en cuestión de capital humano, si eres una empresa corrupta, vas a quedarte con empleados corruptos, porque en el mediano plazo la gente que ve las cosas de diferente manera se va a ir”.

Acabar con los sistemas de corrupción depende también de los consumidores. “La realidad es mucho más compleja. Necesitamos que madure la sociedad y que conozca y tome decisiones desde un punto de vista racional e informado”, aseguró el experto. “El punto es que debemos de ser más valientes como empresarios, más valientes como consumidores y más valientes como ciudadanos para acabar con la corrupción. Si una compañía es corrupta, vamos a dejar de consumir sus productos, esa es la mejor forma, pero informados y con sustento científico”.

Martínez Rojas concluyó: “Soy optimista de que los grados de corrupción van a bajar porque la conciencia general sabe que esto no nos lleva a ningún lado. Igual me puedo equivocar, y me he equivocado muchas veces”.