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Martes , 17.07.2018 / 15:11 Hoy

Clive James: No sabes si tu obra perdurará

Desde que le diagnosticaron leucemia, la muerte ha sido un tema recurrente para el escritor australiano. Sin embargo, mientras el tiempo pasa, el tono en el que escribe es el que cambia

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Caroline Daniel

Clive James surgió como un talentoso y prolífico escritor de poesía, ensayos y una autobiografía, pero hace cinco años, al ex crítico y personalidad de la televisión le diagnosticaron leucemia. La idea de convertirse en polvo, lo inspira, especialmente al no saber cuándo va a suceder...

Espiando a través de la ventana clara en su puerta principal, se puede ver a James en una habitación en la parte posterior, escribe en su laptop: “el autor está trabajando”. Es una pena interrumpir su concentración, sin embargo no muestra señales de molestia mientras nos saluda amablemente al fotógrafo y a mí en sus gruesos calcetines negros. Sólo usa calcetines negros flojos estos días ya, que sus pies están hinchados, me dice.

Nos lleva a través de una caverna de libros en la habitación principal. Allí hay pilas de revistas New Yorker, notas de los médicos, y un cuaderno de notas rojo y negro. En su laptop, un largo poema en proceso se transcribe de una libreta escrita a mano, con garabatos y una estrofa tachada.

James, de 75 años, pasó por muchas “últimas” entrevistas, desde que le diagnosticaron con leucemia en 2010. Lo que llevó a nuestra reunión es su nuevo libro Latest Readings (“Últimas lecturas”), que dedica a los médicos y enfermeras en Addenbrooke, su hospital local en Cambridge.

Vistiendo sólo con un suéter sencillo, sus anteojos manchados, jeans oscuros ligeramente largos, le muestra al fotógrafo su jardín en el patio. Sugiere un lugar para su retrato: debajo de un árbol que hizo famoso con su poema Japanese Maple (arce japonés), en donde predijo: cuando “las hojas se conviertan en llamas... terminará la juego”. Cuando se publicó en septiembre pasado, el poema se volvió viral; voyerismo literario por su inminente muerte.

Dejo de lado la pregunta de la mortalidad.“Hace unos años, realmente parecía que iba a estirar la pata. Y era una buena historia, no culpo a los periodistas por disfrutarla”.

“Me mantuvieron vivo el tiempo suficiente para que apareciera un nuevo medicamento. Es específico para mi tipo de leucemia. Estoy vivo en un momento afortunado de la historia, de otra forma, ya estaría muerto”.

En cuanto a la predicción del Maple: “¿Adivina qué? No fue el fin”. ¿Y el nuevo poema en el escritorio? “La mayoría de mis poemas últimamente se tratan sobre mi partida, pero el tono cambia ligeramente a medida de que me doy cuenta que hay un problema: sigo aquí”.

El deseo de jugar ante una audiencia le llegó joven. Le pregunto si es verdad que salió de unos arbustos en Sydney, recitando poemas de E. E. Cummings. “Tal vez algunas veces adorno las cosas un poco”, confiesa para nada avergonzado. “Es una forma de decir que iba a recitar aunque no me lo pidieran. Recitar ante una audiencia totalmente indispuesta es una práctica muy buena para una que está dispuesta”.

A pesar de su fanfarronería sobre su propia personalidad (cuando le pregunto sobre su ego, “un tema bastante amplio”, se reincorpora con gusto), es simpáticamente cauteloso sobre cuáles de sus poemas serán recordados. “No sabes qué parte de tu obra perdurará, y todavía más importante, no sabes si tu obra perdurará. Realmente no puedes adivinar qué es lo que va a pasar después, solo tienes esperanza. Y algunos de mis ensayos, creo, están muy cerca de ser poemas. Y algunos de mis poemas están bastante cerca de ser ensayos. Y creo que tengo un par de oportunidades”.

Incluye a Japanese Maple como uno “que tiene una oportunidad para entrar en las antologías, simplemente porque se volvió viral”, y The Book of My Enemy Has Been Remaindered (“El libro de mi enemigo quedó en los saldos”).

El nuevo libro de James, Latest Readings, que tuvo una buena recepción de la crítica, debe pulir aún más su reputación como ensayista literario. “Quería demostrar que todavía estaba vivo”, dice James. “quería llevar todo de nuevo al nivel de ‘los libros son maravillosos’”.

Al hablar con, o leer a James, te sientes esencialmente igualitario. Está en contra de las élites, artísticas, intelectuales. Él halaga más que ser condescendiente con sus lectores, quiere que sus libros sean puertas abiertas para los lectores.

Nuestro tiempo -no el suyo- se acaba. James, el showman, puede hablar durante horas. “Ve a tomar fotos del árbol de maple”, le dice al fotógrafo. “Se ofende si no le prestas atención. Te lo dijo, ese árbol, desde que se volvió famoso, toda su personalidad cambió. Es como Lindsay Lohan. Tiene hambre de atención. Al menos no hay un autobús que llegue con altavoces y la gente diga: ‘¡Allí está el árbol!’”.

Incluso sin el autobús de turistas, James tiene muchos visitantes, incluyendo al ex primer ministro de Australia, John Howard. “Soy el tipo de recluso, que aunque tenga un letrero que dice ‘recluso’ la gente toma el camino hacia tu puerta, como tú. La gente viene a visitar, es una de las cosas realmente buenas de estar enfermo. Ni siquiera tienen que traer un racimo de uvas”.

Observa a través de la ventana cuando nos vamos, su cara perfectamente enmarcada como si fuera un televisor, observa con genialidad al mundo. Pronto regresará a su escritorio. “Remordimiento”, me dice, “es cuando no haces nada”.


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