“Ya tengo clientela... no me quejo, me va bien”

Aunque la zona rosa de la ciudad no es un área donde se encuentren vendedores de frutas y legumbres de forma regular, Manuel Guzmán instala diariamente su puesto, el cual opera entre 8:00 y 13:30.
El verdulero asegura que ya tiene algunos clientes en el sector.
El verdulero asegura que ya tiene algunos clientes en el sector. (Carlos Rangel)

Monterrey

Manuel Guzmán vende fruta y legumbres, pero lo hace en la banqueta de la calle Hidalgo a los costados del Condominio Acero y el Museo de Metropolitano, antes Palacio Municipal de Monterrey.

Los pasillos que rodean al antiguo palacio, los de la planta baja, están ocupados por artesanos.

¿Tiene usted permiso para ocupar esta vía pública?, preguntamos.

“¿Y quién es usted?… ¿inspector?,  inquiere preocupado.

Nos identificamos y dice… “Chin… ya nos viene usted a fregar.

Contesta inmediatamente que no, que no lo tiene.

Al sacar la grabadora de la bolsa del pantalón se asusta. “¿Apoco va a sacar pistola?”, pregunta y entra en confianza.

Es así que empieza a contar su vida, la cual asegura es cada vez más difícil, pues a causa del desempleo llegó a la venta de “la mejor fruta y legumbres de Monterrey”, actividad que realiza desde hace 15 años.

El hombre narra que su trabajo es en la calle... algunas veces en un punto de la ciudad, otras en alguno otro, y que desde hace unas semanas se ubicó en ese céntrico lugar, donde ya tiene clientela y nada le han dicho.

“Mire, trabajo con mis hijos, aquí se los presento, este el más chico se llama Arafat y como no hubo clases, me vino a ayudar”, indicó de buena gana, cada vez más tranquilo.

Don Manuel dice que le va bien, y que sólo unas horas ocupa esta área, en la que advierte ni le quita espacio al peatón, ni a la circulación vial, que para ese efecto tiene un solo carril.

“Lo que vendo está a la vista, naranja, fresa, tomate, plátano, papaya, mandarina, jícama, calabacitas y miel, rica y nutritiva miel”, anuncia.

El hombre, quien también distribuye sus productos en una bicicleta,  a la que llama “triciclo”, subraya que en este punto sólo lo ubica entre las 8:00 y las 13:30, momento en que se retira.

Sigue con su relato, y de un momento a otro enfatiza en que él es víctima del desempleo, y que no puede encontrar un lugar fijo, ya sea con permiso en la vía pública o en algún centro comercial, pues ha intentado ingresar al Mesón Estrella, pero “hay una mafia” que le impide entrar.

“Ya tengo clientela, me compran de las oficinas de este edificio, de las de enfrente, de los hoteles que están cerca, en fin, no me quejo, me va bien, gracias a Dios”.

En esta ocasión, además de Arafat lo acompañan y le ayudan sus otros dos hijos, no sólo el pequeño, todos comercializando sus productos en esta banqueta, inmersa en la zona que en el siglo XIX albergó el mercado de las carnes.

Ahora don Manuel, con la voz entrecortada piensa que pasaría si lo retiraran de este punto, “si me corren… ¿cómo le voy a hacer para mantener a mi familia?”, agregando que en este sitio ya tiene a su clientela acreditada.

“Le pido a las autoridades municipales que encabeza la señora alcaldesa, que no me vayan a correr, que es poco el tiempo que ocupo esta área y además, no la dejo sucia, ni afecto los intereses de nadie”, enfatizó el comerciante.