El cambio climático urge más que robots

Que los androides reemplacen a los humanos no es viable, pero otras tecnologías crecen exponencialmente y pueden beneficiarnos.
Los brazos robóticos mejoran cuando elevan su eficiencia, y no por hacerse más grandes o más chicos, como sucede con otros avances tecnológicos.
Los brazos robóticos mejoran cuando elevan su eficiencia, y no por hacerse más grandes o más chicos, como sucede con otros avances tecnológicos. (Shutterstock)

Una curiosidad que tienen los robots de trabajo que supuestamente van a tomar nuestros empleos, que van a dejar a la humanidad a que vea la televisión durante el día y sobreviva de un ingreso básico universal, es que la gente que los fabrica para ganarse la vida suele menospreciarlos.

Juni Tsuda debe saber. Su compañía, Yaskawa Electric, vende 3 mil millones de dólares en robots al año para las plantas automotrices. “El cerebro del robot se desarrolla increíblemente rápido. El problema está en las manos que hacen el trabajo”, dijo el año pasado. “No van a desarrollarse en una curva exponencial, como las computadoras. Va a ser un crecimiento lineal y constante”.

Estos sueños de androides reflejan una creencia equivocada de que la “tecnología” avanza rápidamente, y así cualquier y todos los problemas tecnológicos encontrarán su solución en un lapso de tiempo razonable. Los robots existen; la tecnología se desarrolla rápidamente; por lo tanto, los robots pronto se van a apoderar del mundo.

Esa lógica es equivocada. De hecho, las diferentes tecnologías avanzan a diferente velocidad y por diferentes razones. No entenderlo conduce a una mala política económica, inversiones imprudentes y, entre otras cosas, a la complacencia acerca de cómo lidiar con el cambio climático.

Los verdaderos avances son imposibles de predecir. Pero el avance de las tecnologías puede seguir de una manera lo suficientemente constante como para generar “leyes”. La ley de Moore es la más famosa: el número de transistores en un chip de computadora, y por lo tanto el poder de computación, se duplica cada dos años. Hay reglas similares para otras tecnologías.

Las baterías son un ejemplo de cómo puede variar el ritmo de progreso. La energía que se almacena por gramo mejoró en un promedio de 4 por ciento al año durante más de un siglo. Por el contrario, el número de transistores por chip de computadora se elevó 38 por ciento al año durante las últimas cuatro décadas, más o menos, consistente con la ley de Moore.

El administrador científico Jeffrey Funk establece algunos de los mecanismos subyacentes de estos avances. Ciertas tecnologías se basan en el desarrollo de nuevos materiales; algunos aumentan de forma constante un dispositivo, y otros reducen su tamaño. En cada caso hay implicaciones marcadamente diferentes sobre la rapidez en que la tecnología va a avanzar.

Las baterías pertenecen a la primera clase. Hoy tienen una apariencia muy similar a la de hace un siglo, pero el material que se utiliza cambió, poco a poco, del plomo al níquel al litio. Esta es una razón para cuestionar el futuro de los coches eléctricos y mantener abierta la posibilidad de desarrollar celdas de combustible en su lugar.

Los robots son sistemas más que tecnologías, pero su aspecto es similar al de las baterías en el sentido de que el progreso no es cuestión de escala. Un brazo robótico necesita cierto tamaño. Estas tecnologías pueden avanzar al mejorar, no por hacerlos más grandes o más pequeños.

Una segunda clase de tecnología mejora cuando se vuelve más grande. El costo de un tubo depende de su radio, pero la cantidad que puede pasar a través de él depende del radio al cuadrado, así que las plantas químicas se vuelven más eficientes con un aumento de tamaño. Los aviones de pasajeros —que son grandes tubos de metal— trabajan de la misma forma. Por ello existe el Airbus A380 de 555 asientos.

Las turbinas eólicas funcionan mejor con una escala mayor. En lugar de luchar para construir una mayor cantidad de turbinas más pequeñas en tierra, puede tener más sentido invertir en el desarrollo de modelos más grandes y construirlos en el mar.

La tercera clase de tecnología —chips de computadora, almacenamiento óptico de datos o la tecnología subyacente de la secuenciación del genoma, por ejemplo— mejora cuando se hace más pequeña. En pocas palabras, si puedes reducir a la mitad la altura, la anchura y la profundidad en un objeto, entonces puedes colocar ocho veces la cantidad de ellos en el mismo espacio.

Las tecnologías relacionadas con la computación, como la inteligencia artificial, tienen el mayor potencial para los avances rápidos. Es más fácil imaginar coches de autoconducción que se encuentren rutinariamente en las carreteras en el futuro cercano —en gran medida un desafío informático— que imaginar robots en el pavimento junto a ellos. Las computadoras pueden desplazar a muchos conductores, pero será más difícil que los robots sustituyan a los carteros.

Entonces, una lección, es que tenemos que tranquilizarnos con el tema de los androides. Pero la gran lección, en el plano político, es que no podemos sentarnos y esperar a que la innovación nos salve del cambio climático.

Las tecnologías pertinentes como la energía solar, eólica y, sobre todo, las baterías, no tienen mucho potencial para un avance exponencial. En su lugar, tenemos que invertir en nuevas ideas mientras usamos los impuestos al carbono para obligar a las tecnologías verdes menos eficientes que se utilizan ahora.

Imaginar nuevas tecnologías —como lo hizo Philip K Dick en su novela de 1968, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (que se filmó como la película Blade Runner)— es una parte de inventarlas. Si ponemos nuestras esperanzas en un salto repentino en las tecnologías que conocemos lo más probable es que tendremos el mundo apocalíptico en el que se establece esa historia.

CONTRASTE

Mientras algunos avances tecnológicos como los chips se caracterizan por reducir su tamaño, otros son lo contrario, como los aviones.

LÍMITES

Yaskawa Electric, que desarrolla robots, destaca que quienes los desarrollan no avanzan igual de rápido que sus creaciones.

PROBLEMA

Las tecnologías para combatir el cambio climático como la energía solar y eólica, no tienen mucho potencial para un avance exponencial.