El Buen Fin: la furia por los aparatos electrónicos

Algunas tiendas del país abrieron sus puertas en el primer minuto de este viernes para iniciar con las ofertas del Buen Fin; como todos los años, las pantallas son lo más buscado.

Ciudad de México

Es jueves. Falta una hora para las 12 de la noche. Afuera del Sam’s de avenida Universidad hay fila de espera para poder entrar a la tienda en el primer minuto del viernes 13 de noviembre. La fiebre por el Buen Fin 2015 ha comenzado.

La zona donde se encuentra el Sam’s Club de Universidad —al sur del DF, a unos pasos de la Colonia del Valle y de Coyoacán— se caracteriza por las tiendas, los restaurantes, los cines, las librerías. Es un corazón de alto consumo de la clase media, con su Plaza Universidad, su Wal Mart, su Petco, su Mamma’s Pizza y su Fondo de Cultura Económica.

Por eso no es de sorprender que, aquí, estén listas las cámaras de televisión y de los medios impresos desde las 10 de la noche, para capturar el momento en que esa puerta metálica que dice “Entrada” se levante y los clientes se adentren con todo y su furia por los aparatos.

La ‘selfie’ afuera del Sam’s. Un chavo y una chava están en el lugar 12 de la fila. Ambos sonríen mientras él sostiene el celular para tomar la foto. En la ‘cola’ la mayoría lleva carrito… o plataforma, como la que señala un hombre que le dice a sus acompañantes: “¿Como cuántas caben? Unas seis pantallas, ¿no?”.

Aquí no existe preocupación alguna por el apagón analógico, como en algunos municipios de los estados, sino por renovar las teles HD o por ampliar el número de las que hay en casa.

Es hora de entrar

Como cuando vas a subir a un camión, no sólo hay una fila oficial, sino también una alterna, aquella que siempre está lista para avanzar cuando la otra no se mueve. Faltan 13 minutos para las 12 y las personas acortan la distancia entre ellas. Se acercan a la puerta de metal. Algunos de la segunda fila sujetan su carrito con la mirada fija hacia el frente.

Faltan 10 minutos y en un movimiento sorpresivo la puerta comienza a subir como el telón de un teatro, lentamente. Los clientes se mueven, se mueven, atraviesan la entrada… y ¡flash!, corre video, las cámaras de video y de foto los reciben como si fueran artistas que saltan al escenario. Los primeros productos que ven son las pantallas planas, pero también se observan árboles de navidad, ipads, computadoras, teléfonos celulares, refrigeradores, equipos de audio, lavadoras, lociones.

Ahora en los pasillos de la tienda hay un movimiento frenético, pero casi todo se concentra en el área de aparatos electrónicos. Si fuera un mapa de Waze, la zona de comida estaría en color verde y la de aparatos en rojo sangre.

Algunos van directo por el objeto que comprarán, otros deambulan. Un policía está ubicado sobre un bloque que lo pone por arriba de los clientes y desde ahí ve el panorama, vigila la fiebre.

Allá van tres pantallas, acá cinco computadoras. Todas avanzan hacia las cajas. Aquí viene un colchón escoltado por la sonrisa de una mujer. Lavadoras, hornos, perfumes; da la sensación de que están desmantelando la tienda. Un combo de productos Oster, impresoras, juguetes, bicicletas, esperan que alguien los tome.

Música y una gran pantalla

Pasan 22 minutos después de las 12 de la noche y parece que han sido dos horas. En sólo unos instantes, el movimiento no para. A las 12:30, 40 minutos después de la apertura, todas las cajas están cobrando. Resaltan las pantallas planas sobre los carritos, la mayoría inclinadas y con una esquina hacia arriba, porque no caben acostadas.

Una pantalla Philips de 40 pulgadas cuesta 6 mil 999 pesos; otra Samsung de 55 pulgadas, 14,999; una lavadora Whirlpool para 17 kilos de ropa, 5 mil 999; una laptop HP con una tableta incluida, 6 mil 499; una PC Lenovo, 3 mil 999. Son algunas de las ofertas del Buen Fin en esta sucursal.

La música de fondo son villancicos. “Mi burrito sabanero” se escucha en el sonido de la tienda. Al fondo, donde venden el pan, ya hay roscas de Reyes y eso que apenas es noviembre.

Una Sony Bravia Ultra 4K de un tamaño descomunal se enfila hacia el área de cajas. Un señor de alrededor de 50 años y vestido de pants la empuja y se abre paso mientras le dice algo a una mujer que parece su esposa. Es obligatorio detenerse a mirar esa pantalla si estás cerca, de otro modo estorbarás. 65 pulgadas de pura televisión.

Mientras, un niño y una niña con uniforme en tonos café de alguna primaria pública del DF pasan sus dedos sobre dos Ipads mini que están en exhibición. Parecen entretenidos o quizá absortos, aunque tal vez no se lleven las tabletas a casa.

El Buen Fin inició en el sur de la ciudad, donde la furia por los aparatos se desbocó antes del primer minuto del primer día de ofertas… y una hora después de la apertura, en Sam’s suena esa conocidísima canción: “… feliz Navidad, feliz Navidad, feliz Navidad, próspero año y felicidad…”.