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Jueves , 20.09.2018 / 04:54 Hoy

‘Brexit’, una lección del poder de las ilusiones

Se gastó demasiada energía en tratar de predecir el futuro y muy poca en prepararse para resistir las consecuencias.

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Entonces, ¿qué va a pasar ahora? A medida que continúan las réplicas de la votación por el brexit, la gente aún me pide que prediga el futuro. No estoy seguro de que sea un ejercicio útil. Pero hay mucho qué aprender al examinar el pasado reciente. El resultado inesperado tiene lecciones importantes para todo el mundo que desea ver lo que puede ocurrir más adelante.

La primera es que las ilusiones son sorprendentemente poderosas. Hace algunos años el economista Guy Mayraz realizó un experimento sencillo en el Centro Experimental de Ciencias Sociales de la Universidad de Oxford. Mayraz organizó sesiones donde se mostraba a los participantes 90 días de “precios del trigo” (en realidad sobre una base de datos de precios históricos) y les pidió que dieran un pronóstico del precio del trigo para el día 100. Además de que se les pagaría por pronósticos precisos, a la mitad de los participantes del experimento se les dijo que tenían “panaderos”, quienes ganarían si el precio del trigo caía, y a la mitad se les dijo que eran “agricultores”, quienes ganarían dinero si el precio del trigo subía.

Lógicamente, un agricultor debe hacer el mismo pronóstico que un panadero, ya que el pronóstico no cambia el resultado, y a los dos se les paga por la precisión. Si la gente quería cubrir incluso esas pequeñas apuestas, los agricultores tenían que proyectar precios más bajos por si ocurría un resultado no deseado, al menos se les daría una recompensa por su pronóstico.

Pero eso no es lo que encontró Mayraz. En su lugar, casi dos tercios de los agricultores predijeron precios más altos que el promedio, y casi dos tercios de los panaderos predijeron precios por debajo del promedio. Las personas suelen predecir que lo que sueñan se vuelve realidad.

Al parecer, lo mismo ocurrió con los partidarios de permanecer, un grupo que incluye a la mayoría de la clase política y empresarial dirigente de Gran Bretaña y del mundo. Meses antes de la votación, en los mercados de apuestas se sugería que la probabilidad de que ganara el voto por salir era de alrededor de un tercio. Dadas las probables consecuencias de un voto como éste —incluido el colapso de la libra, la renuncia del primer ministro y un periodo prolongado de incertidumbre sin rumbo—, valía la pena tomar en serio la posibilidad de un tercio. Sin embargo, la mayor parte de la élite parecía no estar dispuesta a permitirlo. Esa es la máxima expresión de una ilusión.

Los mercados de apuestas, siempre con la influencia del peso del dinero, tal vez mostraron un poco de sus propias ilusiones. Incluso durante la serie de resultados de mediados de junio, donde nueve de cada 10 encuestas mostraban que el voto por salir llevaba la ventaja, los mercados nunca le dieron una probabilidad mayor de 40 por ciento al voto por salir. En retrospectiva, eso parece extraño.

La segunda lección es que el sesgo de confirmación está en todas partes: somos muy capaces de aferrarnos a nuestras creencias al elegir todos los factores que las respaldan. Los partidarios de permanecer ahora ven la catástrofe que esperaban; los partidarios de salir ven una reestructuración gratificante que al final resultará bien. Se desestima rápidamente la evidencia que dice lo contrario. Los euroescépticos afirman que a la caída de la afluencia en personas en las calles comerciales, la disminución de los anuncios de trabajo y el cierre de emergencia de los fondos de inmobiliarios no se deben a que exista la posibilidad de un verdadero daño económico, sino porque los eurófilos pesimistas hablan mal de Gran Bretaña. Lo conveniente de este argumento es que no se puede falsificar nunca: siempre se puede culpar de las recesiones a la falta de fe de los no creyentes.

Soy tan culpable como cualquiera de tener un sesgo de confirmación. Al igual que la mayoría de los economistas esperaba que las consecuencias del voto por salir fueran horribles. Las caídas inmediatas en el valor de la libra y del FTSE 100 hicieron que sintiera que tenía razón, aunque realmente no demostraron nada más que el hecho de que los operadores compartían mi punto de vista. Sin embargo, cuando se recuperó el FTSE 100, eso no me tranquilizó en lo absoluto. Recordé que el índice contiene en gran medida a las empresas globales que dicen poco acerca de las perspectivas económicas de Reino Unido. Acepté las malas noticias cuando hacían eco de mis creencias, desestimé las buenas noticias cuando no lo hicieron.

Tal vez la lección más importante es que gastamos demasiada energía tratando de predecir el futuro, y muy poco tratando de ser resistentes a lo que venga. El resultado del referendo era impredecible, pero las consecuencias probables a corto plazo por el voto por salir son perfectamente claras. El ex viceprimer ministro Nick Clegg, conocido como Mystic Clegg (Clegg el místico), las señaló en un artículo en la víspera del referendo que ahora lo hacen parecer un clarividente. Pero la mayor parte de lo que escribió Clegg lo pudo predecir cualquier analista bien informado que se tomara la molestia de pensar bien las consecuencias.

Tal vez Clegg aprendió el truco de pensar las cosas a través de Vince Cable, su antiguo colega. Cable y yo trabajamos juntos por un periodo breve en el departamento de planeación de escenarios de Shell, un lugar fascinante para pensar acerca del futuro. En lugar de hacer pronósticos, los planificadores de escenarios buenos delinean diferentes posibilidades y reúnen a la gente con perspectivas diferentes para trabajar en los detalles. El resultado final serían varias historias posibles, internamente consistentes y emocionalmente convincentes sobre el futuro. Los escenarios señalarán las conexiones ocultas y harán que las consecuencias lejanas parezcan reales. Pero lo más importante es que los escenarios también se contradicen entre sí.

Es momento para un proceso de pensamiento de escenarios más serio sobre el futuro de Reino Unido en Europa. Porque los escenarios son historias convincentes, pueden ayudar a enfrentar las incómodas perspectivas y a pensar claramente sobre ellas en lugar de ignorarlas. Y ya que los escenarios se contradicen, nos obligan a reconocer que, al final, en realidad no podemos ver el futuro. Como resultado, pasaremos de una pregunta estéril a una productiva, del “¿qué va a suceder?” al “¿qué vamos a hacer si eso ocurre?”.

Tim Harford es autor de "The Undercover Economist Strikes Back".
Twitter: @TimHarford



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