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Viernes , 25.05.2018 / 18:12 Hoy

Brasileños se quedan atrás en la carrera automotriz

 El intervencionismo del gobierno ha desalentado las inversiones extranjeras en esta industria, algo que ha afectado el crecimiento económico de este país sudamericano.

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Joe Leahy

Los trabajadores de la industria automotriz de Brasil se acostumbraron a ver que su sector rompía nuevos récords, al momento en el que el país más grande de Latinoamérica se convirtió en el cuarto productor más grande del mundo en la última década.

Pero la semana pasada, 930 empleados de la planta de General Motors en San José Dos Campos, cerca de Sao Paulo, fueron obligados a aceptar un “despido” o suspensión de cinco meses para evitar despidos permanentes.

La débil economía del país, que el viernes 29 de agosto se dio a conocer que había caído en una recesión técnica en el segundo trimestre, está afectando a la industria, que tuvo que informar el año pasado su primera caída de ventas de automóviles en una década, una tendencia que se mantiene en 2014.

“En todo el sector automotriz, estamos viendo recortes, despidos y vacaciones obligatorias, pero al mismo tiempo las armadoras no han dejado de “repatriar” sus ganancias a sus oficinas centrales en el extranjero”, dijo Antonio Ferreira de Barros, del Sindicato de Trabajadores del Acero en una declaración sobre los despidos de GM.

Si la economía brasileña continúa con su paso descendente actual, los trabajadores de GM pueden considerarse afortunados de no perder sus trabajos permanentemente.

Después de que en los últimos años estuvo varias veces cerca de la recesión, en la primera mitad del año, la economía brasileña tuvo su peor desempeño desde la crisis financiera de 2008-09 y se ve frágil para el segundo semestre.

Las noticias no podrían llegar en un peor momento para la presidenta Dilma Rousseff, quien en las elecciones de octubre enfrentará a un movimiento opositor que se ha fortalecido con el crecimiento en las encuestas de este mes de su rival, Marina Silva, la candidata presidencial.

“La economía mundial no se ha comportado como se esperaba, y no ha podido tener el impacto positivo que anticipamos para la economía brasileña”, dijo en una conferencia de prensa el ministro de finanzas, Guido Mantega, después de dar a conocer las cifras del Producto Interno Bruto del primer semestre.

Sin embargo, los economistas no están de acuerdo en que se debe culpar a la economía global, que el Fondo Monetario Internacional estima crecerá entre el 3 y 4% este año, por el pobre desempeño de Brasil.

En el segundo trimestre, la economía se contrajo el 0.6% comparada con los primeros tres meses del año. Esto, combinado con un ajuste del crecimiento del primer trimestre del 0.2% al -0.2%, llevó al país a una recesión técnica.

Mantenga dijo que la caída se debe a las bajas exportaciones. Pero estas contribuyeron de manera positiva al PIB durante el segundo trimestre.

Entre los verdaderos culpables están las bajas inversiones, que cayeron un 5.3% en el segundo trimestre, comparado con los primeros tres meses del año y el 11.2% con el año anterior. La industria cayó 3.4% en un comparativo año con año.

En los últimos tres años, el crecimiento real del PIB promedió 1.6%, muy lejos de los niveles de crecimiento de entre el 3 y 4% y más altos que se lograron en Brasil durante el auge de los commodities en la primera década del siglo.

Los economistas dicen que aunque puede haber recuperación en el segundo semestre del año, no será suficiente, y ahora muchos pronostican un crecimiento en 2014 por debajo de medio punto porcentual.

Los pobres resultados son una evidencia más de que el modelo económico brasileño, impulsado por el consumo y acceso al crédito, ya se agotó, dicen los analistas. Lo que se necesitaba era un aumento en la inversión, pero el intervencionismo que se percibe del gobierno de la presidenta Rousseff ha desalentado a los inversionistas, dicen los críticos. El nivel de inversión en el primer semestre cayó a 16.5% del PIB, el nivel más bajo en 8 años.

“Brasil tiene uno de los niveles de inversión más bajos en las principales economías emergentes”, dice Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs.

Aunque el inicio de la Copa Mundial de Futbol 2014 y una gran cantidad de días festivos ayudaron a disminuir el resultado en el primer semestre del año, los analistas indican que la mayor incertidumbre son las elecciones.

Los inversionistas están esperando a ver quién ganará las elecciones y qué personas se encargarán de los puestos financieros claves, como el banco central y el ministerio de finanzas.

“La reputación de la gente que llegará al gobierno será directamente proporcional a la cantidad de optimismo que veremos”, dijo Marcelo Salomon, economista de Barclays.

Dilma Rousseff no ha dado a conocer si hará algún cambio si es reelegida, y en lugar de eso ha señalado los logros de su gobierno como la organización de la Copa del Mundo, la implementación de algunos proyectos de infraestructura y distribución del bienestar social.

Aécio Neves, el candidato del principal partido opositor, el pro-negocios PSDB, ha ofrecido regresar a políticas más convencionales dirigidas a la inflación, una tasa de cambio flotante y responsabilidad fiscal.

Mientras que Silva promete una mayor independencia del banco central y un manejo convencional del presupuesto.

Pero sin importar quién gane, el próximo presidente tendrá la obligación de enfrentar problemas críticos como el déficit presupuestal, los costosos subsidios del combustible y energía, y quizás, el principal, la persistente inflación, que se coloca cerca de la parte más alta del objetivo del banco central del 4.5% más/menos 2 puntos porcentuales.

“Si solucionas la inflación, arreglas la confianza”, dice Ramos de Goldman Sachs. “Entonces el crecimiento regresará de manera natural”.



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