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Lunes , 25.06.2018 / 08:03 Hoy

Bitcoinmanía

El furor por la criptomoneda la llevó a un valor máximo de 16,000 dólares, aun así, las autoridades financieras no se animan a decir que es un instrumento seguro.

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GARY SILVERMAN

El anuncio en el metro de Londres cuenta la historia. Junto a un mapa de la Línea Metropolitana y un argumento de ventas de un remedio herbal para el estrés, había una solicitud de un fondo de inversión que le ofrece a los clientes la oportunidad de apostar en bitcoin y otras criptomonedas. “Crypto no tiene que ser críptico”, se informaba a los pasajeros.

La campaña para el mercado masivo tiene sentido porque el bitcoin —una moneda digital creada por geeks que muy pocas personas entienden— se ha convertido en la inversión de la que casi todo el mundo habla. Con un valor de poco más de 300 dólares a principios de 2015, el precio de un bitcoin ya superó los 16,000 dólares en una vertiginosa serie de operaciones que probó la capacidad que tienen las plataformas de negociación en la incipiente clase de activos y los temores avivados de la posibilidad de una burbuja.

El dramático movimiento del precio —en un momento de baja volatilidad en las acciones y bonos— resultó ser imposible de ignorar para el sector financiero. Nasdaq dijo que planeaba lanzar contratos de futuros de bitcoin el próximo año, lo que facilitaría a los inversionistas beneficiarse con las pérdidas al igual que con las ganancias en la criptomoneda. El movimiento ocurrió después de decisiones similares de sus rivales Chicago Mercantile Exchange y Chicago Board Options Exchange.

Los grandes bancos que actúan como intermediarios en esos mercados —permitiéndoles ganar dinero con los cambios de precio en cualquier dirección— consideran unirse a las operaciones de futuros, a pesar de las dudas sobre el producto subyacente como una reserva de valor o como un medio de pago. JPMorgan Chase, que encabeza Jamie Dimon, quien había calificado a bitcoin como un “fraude”, piensa ayudar a los clientes a operar futuros de bitcoin. Goldman Sachs dijo que evalúa tener un papel similar en la creación de mercado, en respuesta a la demanda de los clientes.

La importancia del bitcoin marca un resultado poco probable para un producto que nació en 2009 como un proyecto informático de código abierto inspirado en el misterioso Satoshi Nakamoto. Ese fue el nombre que utilizó la persona o las personas que escribieron el documento que describe a la moneda digital. Nadie ha podido establecer si realmente existe Nakamoto.

[OBJECT]Bitcoin en sí mismo es una cadena de código de computadora. Se pueden crear nuevos bitcoins —hasta cierto límite acordado— mediante computadoras que obtienen el derecho de hacerlo al resolver acertijos complejos. Las transacciones se registran en una base de datos llamada blockchain.

La identidad de las personas detrás de las transacciones se mantiene oculta. Se utilizan técnicas criptográficas para evitar fraudes, que es la razón por la cual bitcoin y sus imitadores, como el ethereum, se denominan criptomonedas. Ni los gobiernos ni los bancos desempeñan un papel.

El resultado es una fiebre de inversión hecha para estos tiempos. Futuristas, libertarios y nerds informáticos recurrieron a blockchain como una forma de unir a la gente (incluso hay un proyecto reciente, llamado Thrive, que utiliza la tecnología “sabiduría de la multitud” para “erradicar las noticias falsas”). Sus criptomonedas encontraron apoyo entre los inversionistas que perdieron la fe en las personas y sus instituciones, sobre todo en los gobiernos y los bancos.

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Robert Shiller, el economista de Yale que escribió Irrational Exuberance, considera que la demanda por el bitcoin surge a partir del mismo tipo de ansiedades que hay en la vida moderna y que ayudaron a elegir a Donald Trump como presidente de Estados Unidos (EU).

“De cierta manera, bitcoin encaja en eso y da una sensación de empoderamiento: ¡entiendo lo que está ocurriendo! ¡Puedo especular y puedo ser rico al entender esto! Esta es una especie de solución para la angustia fundamental”, le dijo a Quartz.

La confidencialidad que otorga bitcoin y sus imitadores en criptomonedas proporciona un refugio para los actores en los rincones más oscuros de la economía global.

“Bitcoin simplemente nos muestra y confirma cuánta demanda de lavado de dinero existe en el mundo”, dice Larry Fink, director ejecutivo de Black Rock, el gestor de dinero más grande del mundo.

Joseph Stiglitz, el economista estadounidense Premio Nobel, dijo que debería prohibirse. “Bitcoin tiene éxito solo por su potencial para evadir, por la falta de supervisión”, dijo. “No cumple con ninguna función socialmente útil”.

El aumento del valor de bitcoin posiblemente no tiene precedentes. En los 12 meses hasta el 30 de noviembre, el precio del bitcoin aumentó un 1,773%, lo que elevó su valor a casi 170,000 millones de dólares (mdd), alrededor de la capitalización de mercado de General Electric. En comparación, el Nasdaq Composite apenas se duplicó durante el último año en el auge de las puntocom.

Bitcoin satisface la mayoría de las condiciones clásicas para una fiebre de inversión. En su obra de 1978, Manias, Panics and Crashes, Charles Kindleberger dijo que tales episodios podrían comenzar con “la adopción generalizada de una invención con profundas consecuencias” que se encuentran en el futuro y son difíciles de valorar.

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El gran volumen manejado en las últimas semana de bitcoins introdujo un nuevo factor de riesgo, los recién llegados con un compromiso ideológico. A medida que se acercaba el umbral de los 10,000 dólares, muchos tenedores vendieron, dice Gavin Brown, profesor de economía financiera de la Universidad Metropolitana de Manchester y director del fondo de cobertura de criptomonedas Blockchain Capital.

“Durante años, en los foros de discusión en línea, la barrera psicológica fue de 10,000 dólares, era el número soñado”, dice Brown. “Las personas que se encuentran en el mercado desde hace cuatro años ahora empiezan a cobrar… con rendimientos que llegan a cambiar la vida”.

A medida que lo hacían, los reguladores expresaron nuevas preocupaciones. Randal Quarles, el funcionario de la Reserva Federal de EU que supervisa los bancos, advirtió que las monedas digitales son un “producto de nicho” que aún tienen que demostrar su valor en tiempos de crisis. Sus palabras llegaron apenas unas semanas después de que los funcionarios chinos actuaron para cerrar los intercambios públicos de bitcoins.

“Sin el respaldo de un activo y el apoyo institucional de un banco central, no está claro cómo se comportaría una moneda digital privada en el centro de un sistema de pago a gran escala, o si el sistema de pago podría funcionar en tiempos de tensión”, dijo.

[OBJECT]Al final, es difícil decir qué compran los inversionistas con exactitud. Bitcoin es tan extraño como su supuesto creador, Nakamoto. A diferencia de las acciones o los bonos, bitcoin no tiene un flujo de ingresos. A diferencia de las materias primas industriales o agrícolas, no tiene un uso práctico que pueda ayudar a calcular un valor intrínseco. Si bien se describe como una moneda, puede tener más sentido compararla con los metales preciosos. El precio del oro subió 314% en el último año, antes de que su mercado alcista de la década de 1970 alcanzara su punto máximo en 1980, mientras que la plata subió 720%.

“El bitcoin es una materia prima electrónica que se utiliza para los pagos y que se convirtió en un instrumento de especulación”, dice William Goetzmann, economista de Yale. “No tiene dividendos futuros. Su valor se establece por las expectativas de la demanda futura y/o por la expectativa del valor de reventa en el futuro. No hay una manera de valorarlo fundamentalmente”.

Nada de esto significa que el auge terminará pronto. Mike Novogratz, el gestor de fondos de cobertura que predijo el valor de 10,000 dólares para el bitcoin a fines de este año, dice que podría llegar a 40,000 dólares a finales de 2018. Pero, por la misma razón, los giros del mercado, como los recientes, sugieren que los clientes que acabamos de subirnos al tren del bitcoin podemos esperar, como mínimo, un viaje muy agitado.


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