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Viernes , 19.10.2018 / 00:53 Hoy

Bill Ford, ambientalista

Sus ideales de estudiante se materializan en una inversión de 4,500 mdd para desarrollar un auto eléctrico, uno de los primeros fabricados masivamente para 2021.

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Bill Ford es el bisnieto de Henry Ford, el descendiente de una de las dinastías industriales más antiguas de la historia estadounidense y el jefe de una de las compañías automotrices más exitosas de todos los tiempos.

Nos sentamos en el penthouse en la parte superior de la famosa “Casa de Cristal” de Ford, un rectángulo con vidrios que se consideraba algo moderno cuando se construyó en la década de 1950.

Ahora nos encontramos en un momento en el que el valor de mercado del Tesla, la compañía de coches eléctricos californiana, está por superar al de Ford, el titán más antiguo de la industria estadounidense.

De hecho, ¿cómo van a hacer frente los fabricantes de automóviles a la amenaza de un presidente que hizo de la industria automotriz de Estados Unidos el chivo expiatorio en muchos de los discursos dentro y fuera de la Casa Blanca? ¿Ford cedió demasiado para tranquilizar a Donald Trump, al aceptar deshacerse de una fábrica de 1,600 millones de dólares (mdd) en México después de que el presidente comenzó una ráfaga de tuits exigiéndolo? ¿La leyenda de Ford sobrevivirá al doble reto de los coches de autoconducción, y un presidente que quiere dirigir su negocio?

Al igual que su antepasado, Ford ahora tiene que mirar más allá de las formas que se tienen actualmente para ir de A a B. Apple, Google y una serie de empresas de tecnología tratan de cortarle el paso al desarrollar vehículos de autoconducción antes de tener sus automóviles totalmente autónomos y con alto volumen en el mercado para 2021.

Silicon Valley quiere mantenerlo como un fabricante de contrato, fabricando el chasis para llevar sus productos electrónicos y que su nombre ya no aparezca en los productos de comercialización.

“Si no hacemos nada, si decimos, somos una compañía de automóviles y camiones, entonces dos cosas van a ocurrir: inexorablemente nuestro volumen va a caer, y seríamos una compañía de ensamble de bajo margen para la tecnología de otras personas”.

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La era de lo autónomo también planteará nuevas cuestiones éticas, dice Ford: ¿qué haría un coche de autoconducción cuando se enfrente a la decisión de estrellarse contra 10 peatones o matar a su tripulante? Los conductores humanos reaccionan lo mejor que pueden. Pero los coches autónomos tendrán que saber qué hacer. ¿Los coches Ford autónomos elegirán matar al conductor para salvar a 10 peatones? ¿Los Ford preferirán matar al conductor, y los Toyota matar a la multitud?

Mientras tanto, también existe el pequeño asunto de pelear con el impredecible Trump. ¿Sin duda es imposible tomar decisiones de gasto de capital con un presidente que tuitea sobre cómo los coches deben hacerse en EU? Pero, al menos en público, la marca personal de Ford es ver lo mejor de todo el mundo, y no tiene nada que ganar al decir algo malo sobre Trump: “Es pronto, pero me gusta el hecho de que demostró su disposición a escuchar y a participar en temas que son importantes para el negocio. Que quiere que las empresas estadounidenses tengan éxito”.

Bill se unió a Ford en 1979 como analista de planeación de productos. Cumplió 60 años en mayo, y al llegar a esa marca le entristece pensar que “no le queda mucho tiempo”, para vivir con pastores yak o jugar hockey o meditar o tomar el sabático que siempre ha querido.

[OBJECT]Ford no es demasiado modesto para señalar que fue uno de los primeros ejecutivos automotrices que comenzó a planear para un mundo después de los coches como los conocemos. En la parte más profunda de la gran recesión, cuando General Motors y Chrysler estaban ocupados en irse a la quiebra y que los rescatara el gobierno —un destino que Ford logró evitar por poco margen gracias en parte a un préstamo bancario de 23,000 mdd—, formó su propia empresa de capital de riesgo, Fontinalis Partners, para invertir en “movilidad de próxima generación”.

El sitio web de la empresa lo describe como un “futurista de toda la vida sobre la movilidad urbana y el medio ambiente” o, como a menudo dice Ford, un ambientalista apasionado en la universidad en la década de 1970 cuando su familia lo consideraba “un poco bolchevique”.

Desde entonces, Ford realizó una fuerte inversión —suficiente como para comprometer los beneficios actuales— en nuevas ideas de movilidad, desde Argo, su auto de 1,000 mdd que anunció en febrero, hasta la compra el año pasado de Chariot, un servicio de transporte colectivo, así como invertir en un servicio para compartir bicicletas en San Francisco.

Ford también dijo que el año pasado gastó 4,500 mdd en el desarrollo de vehículos eléctricos y apunta a ser uno de los primeros en lanzar un automóvil de alto volumen con autoconducción sin pedales de freno o volante en 2021.

La gente puede tener acceso a un automóvil de autoconducción, pero también a un automóvil que puede conducir, dice, y agrega que en áreas suburbanas o rurales la vida “tal vez no se vea tan diferente en 10 años en comparación como es hoy”, mientras que en las ciudades eso va a cambiar más. Y en cuanto a los informes de que los millennials abandonaron el sueño estadounidense de ser dueños de un coche, y prefieren Uber, dice que el problema es la asequibilidad, no el deseo.


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